1 de octubre de 2016

Proyecto EVA: La plaga





-¿Dónde está el maletín?

Los tíos del Buró ya me han clavado tres destornilladores en la pierna. De estrella. Pero yo no sé dónde está el maletín. Si lo supiera se lo habría dicho en cuanto le vi abrir la caja de herramientas.
Hay un jarrón con flores en una esquina de la habitación y Vázquez está muerto. Eso han dicho. Me pregunto cuántos agujeros le hicieron en el cuerpo antes de que dijera nada. Porque eso es lo que dijo: nada. No me hizo una sola pregunta cuando aparecí con Eva a rastras y dije, por favor. Vázquez había estado en la guerra. Sabía qué era dar la cara. Yo en cambio sólo he visto la guerra por la tele. No sé a qué huele tanta sangre ni cómo ir a por pan sin que te parta en dos una granada o, cómo es despertarse de pronto debajo de un cielo de escombros. Ver morir a tu perro, al frutero de la esquina, a tus hijos. No sé nada de la guerra. Vázquez decía que en el frente, luchabas por el hombre que tenías al lado. Por nada más. Sólo estaban allí porque eran como piezas de ajedrez.

Pero tenían la matrícula del barco y nos estaban esperando en Niza. En algún momento, Eva tuvo que tirar el maletín al agua. Hay algo en el maletín, indispensable. Una vacuna. Cuando llegue el momento. Contra el virus ODP. Lo llaman Virus piraña porque, en segundos, no queda de ti más que el envoltorio. ¿Quién? Las farmacéuticas. Se le irá de las manos. Es una nueva enfermedad que va a generar muchísimo dinero. No mortal; pero muy dolorosa. Perfecta. Pero el virus mutará. Se volverá más agresivo. Y en vez de por contacto, comenzará a propagarse por el aire.
Se investigó a las grandes multinacionales del sector. No se encontró por ningún sitio nada referente al ODP. Por supuesto se intentó, sin ningún resultado, copiar la vacuna y evitar el fin del mundo. Las vacunas estaban donde decía el mensaje. 28. Desde hacía quién sabe. Milenios, diez miles de años. El material era invisible a la prueba del carbono 14. Pero todo en aquel mensaje, era detalladamente cierto.

Alguien filtró información. Eso pasó. Seguramente pensaría que si el mundo iba a acabarse, quería morir siendo asquerosamente rico. Y un secreto tan grande valía mucho dinero. En vez de eso, una silueta apareció de detrás de una esquina una bonita noche y le rebanó el cuello de oreja a oreja. Si tenías algo que ver con aquello, si había llegado a tus oídos la palabra Acuarius o Reinicio, estabas muerto. Por eso el presidente había triplicado la seguridad personal y no asistía a los partidos de su equipo de béisbol favorito ni las casas reales se asomaban al balcón a saludar con la mano.

-Él no sabe nada. Metedle un tiro y acabemos con esto.

Joder, gracias Eva. ¿Me estás haciendo un favor? Porque yo preferiría que usaras esas dotes que tienes de súper-heroína divina de la muerte y te cargaras de un soplido a estos cuatro tíos. Aunque no lleves tacones.

-No me mires así. Van a matarte de todas maneras. No quieren que llegues a la máquina. No quieren otra oportunidad. Quieren que se cumpla el mandato del Creador. Quieren ir al puto cielo, ¿no te parece increíble? Alguna civilización simpatiquísima intenta salvar algo de todo esto y estos tíos sólo se preocupan de recibir su recompensa.

-¿Has terminado de hablar, zorra- ese tío debe medir más de dos metros-? ¿Sabes qué vamos a hacer? ¿Ves este cuchillo? Pues le voy a gastar la hoja cortando en filetes a esa, cosa.

Y me señala a mí.

Vale. He cometido algunos errores en mi vida; pero me cago en el Karma, no me merezco esto.

Había una vacuna en cada maletín. Natalia tiene otra. Son las únicas. Cuando todo comience, hay que inyectarse. Le pregunté a Eva si no se les había ocurrido adelantar, a esos extraterrestre, el viaje. Si era necesario esperar hasta el último momento. Y me contó no sé qué cosa sobre la teoría de cuerdas y los agujeros negros y la antimateria y..., pero no entendí nada. Ni ella tampoco. Pero los dos sabíamos por qué era. Por qué Natalia y yo teníamos que ser testigos de aquella masacre. Y empezar de nuevo. Sin un bien, ni un mal. Sin guerras en el pecho. Sin miedos. Desde el puto cero. Sin manzanas prohibidas.

-O mejor ¿sabes qué, zorra? Le voy a meter un puto tiro a tu “Salvador” de pacotilla y después te voy a bajar las bragas y te voy a follar antes de darte con una tubería en la cabeza. Me haré un selfie contigo y lo pondré de salva pantallas en el móvil. Serás, como mi chica especial. ¿Qué te parece?

-Si vuelves a llamarme zorra te arrancaré las pelotas con mis propias manos.

Joder, se pone tan bonita cuando se enfada...

Y entonces el tío se ha vuelto y.

-¡Pum!

¡Joder! ¡Me han disparado! ¡Otra vez!

Y después, Eva desenfocada y un precioso fundido en negro con títulos de crédito y todo.

Lo que pasó a continuación tuve que imaginarlo. Pero fue fácil. De pronto abrí los ojos y había cuatro tíos muertos y Eva tenía los huevos de uno en una mano y un mechero en la otra.
Y hasta le ha dado tiempo de ponerse una flor en el pelo.

El tiro me había atravesado el hombro y la bala se había clavado en la pared. Justo por donde pasaban los cables de la luz.

“-La bala sólo te ha atravesado.

Lo sé. “Sólo” tengo un agujero”.

Cuatro horas después Eva salía a la superficie del mediterráneo con el maletín entre las manos y tras otra hora y media remando fondeamos en la orilla de una playa y nos perdimos en la noche por entre los arbustos, hasta confundirnos con el resto del mundo.



3 comentarios:

  1. Un hombre con el cuello rebanado tiene dos sonrisas... El humor que se convierte en terapia de muerte.

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    1. ¿No es la vida un chiste? Lo parece.

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    2. Es como el chiste que se ríe del humorista...

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