3 de octubre de 2016

Proyecto EVA: ...seven, six, five...



El tren sólo llegaba hasta aquí. Aún estamos a 80 kilómetros de Nikopol. Y a tan poco de Natalia.

Buscamos cobijo en una fábrica abandonada. Va a nevar. Eva lleva una bolsa con cerezas. Algunos cigarrillos. Y un chupete. Pensé que, le haría ilusión. Aunque fuese robado. Y aunque no fuera precisamente su novio ni la hubiera llevado nunca en moto al cine a estrenar su pañuelo rosa contra el viento. Y porque hoy creo que le dije una cosa fea: “Nunca voy a decirte que te quiero”.
Hizo como que no, y respondió “Nadie te lo ha pedido”; pero sí. Eso se nota. Se nota en los ojos. Los ojos no mienten.

Sabe que tengo el corazón hecho trocitos. Porque le hago daño a las cosas que toco. Que se rompen. Que luego lloro como un niño. Porque fue sin querer. Sabe que tengo todos los defectos de un homínido. Que he cometido una montaña de errores. Que los he vuelto a cometer. Que llevo siendo desde siempre la persona menos indicada. Huyendo. Hacia ninguna parte. De corazón en corazón. Eva sabe que a veces es tarde. Que ya no basta con pedir perdón. Que veces, la gente te olvida. Porque quiere olvidarte. Me ha visto escribir cartas donde dice lo siento. Me ha visto contarle a los geranios lo que yo daría por...me ha visto poner una película de Meg Ryan y un paquete de clinex junto al mando a distancia y me ha visto ir a la cocina a por un enorme vaso de helado de chocolate y deshidratarme en la escena en que se besan. Me ha visto echar de comer a las palomas. Zurcir un calcetín, mal, por supuesto. Me ha visto mirarme en el espejo y convencerme de que soy completamente idiota. Eva ha visto tantas cosas. Pero nunca me ha visto fracasar. Aunque haya leído un dossier de tres mil páginas con mi nombre, no sabe cómo es. Cuando miras atrás. Cuando lo sientes. Cuando lo sientes de verdad, como esas veces que en mitad de la noche te despierta sudando, y tienes que salir a tirarte por el balcón. O a fumarte un cigarro.

Que no sé ser feliz. Que estoy cansado de intentarlo. Que un día me senté en el sofá y me quite los zapatos y me dije: no dejes que se acerque nadie más.

Y ahora precisamente Eva. Justo cuando va acabarse el mundo.

-A lo mejor el Karma existe.

-No tengo ganas de discutir Eva.

Porque conozco esa mirada. Esa manera de mirar hacia otro lado, mientras deja caer una piedra en mi tejado.

-A lo mejor el Karma, te andó buscando. Ya ves, a la persona menos indicada. ¿No es eso lo que vas a decir?

No. Iba a decir “No iré a ningún sitio sin ti”. Pero no he dicho nada. Para qué. Eva lo va a decir todo. Espero que se canse y se duerma antes de llegar a la parte donde dice:

-Puedes negarte a salvar el mundo. Pero es una buena manera de pagar tus platos rotos. ¿No es lo que quieres? No hace falta ser Bruce Willis. Sólo hay que que querer.

¿Has visto un planeta morir, Eva? Yo sí. Se va desinflando ante tus ojos como una pelota de playa. Hasta que de sus sueños no quedan más que las cenizas y una vocecita saliendo de bajo los escombros preguntando, ¿Hay alguien ahí?

Ni siquiera tengo un pez.

Fuera hace frío. Y me gustan los copos de nieve. Si los miras de cerca, son como estrellas diminutas, Eva, sigue diciendo cosas con la boca pero ya no la escucho desde que ha dicho, “yo, creo en ti”.

¿En serio? Aunque no voy a reírme porque estoy muy ocupado haciendo como que no le hago caso.

-Sé que me estás escuchando. Tienes que pensar en Natalia. Estaréis solos hallá donde vais. Natalia sólo te tendrá a ti. Echará de menos a sus padres, a sus hermanos, echará de menos los semáforos y las bibliotecas, las tiendas de regalos y la navidad, sus clases de aerobic, los pasteles de su tía los sábados por la tarde, las revistas de moda. Prométeme que vas a cuidarla.

Las promesas se rompen Eva. Son como pompas de jabón. Como estos copos de nieve. Sólo que de cerca, no se parecen en nada a una estrella.

Pero ella sigue:

-¿Por qué estás tan callado? ¿Te has quedado sin excusas?

No Eva, tengo el amor atravesado en la garganta.

-Prométemelo.

Vete a la mierda Eva. Ahora voy a encender un cigarro, y a hacer que todo esto no está pasando...

Pero Eva no se rinde. Hay gente que nunca se rinde.

-¿Bailamos?

Y me ha canta al oído La Vie en Rose, mientras me aprieta con las manos el culo, hasta que su ombligo y mi ombligo.


8 comentarios:

  1. Quién puede cansarse de intentar ser feliz? Uno puede cansarse de correr, de trabajar, de comer.. incluso aunque sea algo muy rico.. perooo ¿de intentar ser feliz? ¡jamás! de eso no puede cansarse nadie. Es mucho más cansado salvar el mundo y ahí estáis ;)

    una frase genial “No Eva, tengo el amor atravesado en la garganta” .. el final noooooo… esto requiere otro, jo! por favor… estrújate las neuronas… ¿cómo vas a terminar esta confesión apretando un culo con las manos?… ni los ombligos arreglan eso ; )

    MuaaaksS!

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    1. De to se cansa uno. pero luego hay que seguir, los mecanusmis de defensa están ahí para algo. ¿Y quién no quiere sobrevivir?

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  2. Es un montón de coherencias incoherentes o incoherencias coherentes que guardan una línea sin curvas y eso es lo que lo hace coherente.
    ¿capicci?

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    1. Capicci.
      Esto es un despropósito a propósito desde el principi con licencia para volverse loco.

      Besitos.

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