30 de noviembre de 2016

Pretérito perfecto para coro en pez mayor e infantería de pianos




Ya sé que sólo era la bañera; pero incluso había puesto a flotar dos cubitos de hielo que hacían de Icebergs y aquello parecía el Atlántico. Mi muñeco Geyper-man-buzo hacía primero una revisión de todo: bombonas de oxígeno llenas; gafas; reloj; un cuchillo de acero...y después se tiraba a un mar de espuma de gel de baño y se hundía en las profundidades en busca de estrellas de mar. Eran de plástico y estaban muy pegadas al suelo. Mamá las había comprado hacía poco, para que no nos resbaláramos al ducharnos. Pero yo hacía así con la uña del dedo, y salían, y entonces las metía en la bodega de un barco que era una esponja con un lápiz clavado y una hoja de papel, y cuando tenía tres o cuatro, daba por terminada la misión y ponía a secar mi Geyper-man en la terraza, y miraba a lo lejos, al día en el que fuera grande y mamá me dejara llegar a casa tarde y me diera tiempo a volver de la Atlántida.
Quería descubrirlo todo, quería saber qué había dentro, cómo funcionaba, qué extraño mecanismo hacía girar las muñequitas rusas o dónde se escondían los músicos dentro del tocadiscos, quería saber por qué los mayores cerraban a veces la puerta de su cuarto y qué ley era aquella de porque lo digo yo, quería ir al cielo, y enseñarle a mi abuela los zapatos nuevos y que me diera una peseta para chucherías porque estaba muy guapo y me preguntara que si ya tenía novia y yo le contestara lo de siempre, que no abuela, que a los exploradores se los podía comer un oso, o un caimán, o se podían caer de un barranco o de un avión en pleno vuelo. Con algunos años más tal vez le hubiera dicho, soy el novio de la muerte, abuela, como los legionarios; pero a aquella edad sólo me salía decirle que no abuela, que ya había intentado saber por qué las niñas hacían tic tac como por dentro y me habían castigado sin recreo por subirle la falda a Carolina.

2 comentarios:

  1. El recreo después del recreo no es mucha ostentación???

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  2. Alucino como una película tan mala como La princesa prometida se ha convertido en un objeto de culto, al menos para mí, con el paso de los años. No entiendo al ser humano. No me entiendo a mí. Y sin embargo respiro.

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