12 de diciembre de 2016

Hasta yo tengo ojos en la cara



¿Quieres que te coja en volandas y te tire a la cama y me convierta en tigre?
No puedo. Pesas setenta y nueve kilos.
Pero te amo-más adelante te diré por qué-,
y sé hacer otras cosas, muy guarras.

¿Quieres que no deje sueltos mis demonios por la casa?
Te dije que tenía mascotas.
Acércate. No muerden. ¿Ves? Mira cómo mueven el rabo.

Soy más desagradable que el abuelo de Heidi.
Pero me quieres. ¿Qué culpa tengo yo?
Tampoco sigues la dieta a rajatabla.
Te he visto comer chocolate a escondidas como una puta rata.

Y ahora como había prometido
-espera...
(tiro en la cabeza)-, paso a enumerar los motivos:

Te quiero porque eres el Santo Grial.
Porque te gusta cuando hago lentejas.
Porque siempre caes de canto.
Porque soy tu aguja del pajar. No sé qué coño significa eso.
Porque todo lo demuestras andando.
Porque nunca te callas.
Porque me escupes en la cara.
Porque sabes que soy tonto. Porque te aguantas.
Porque ves películas conmigo debajo de una manta.
Porque me compras calzoncillos.
Porque lloras. Por mi culpa.
Porque te ríes. Por mi culpa.
Porque nunca te rindes. Creo,
que
por eso aún seguimos vivos.

2 comentarios:

  1. 79 tigres y nadie en la cama... Toda una buena retahíla de mansedumbre para disculparte por una ofensa.

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