25 de mayo de 2016

Cabo cañaveral


S scierras uy guerte ps pjos y puemsanen algi,
ovutte.

Un momento, que me pongo las gafas.

Que si cierras muy fuerte los ojos-decía-,
ocurre.

He puesto un cassette de Police.
Police es un grupo.
De música.
Un cassette es...da igual.

Yo pienso en bragas.
Todo el tiempo.
Con algo dentro claro.
Algo como tú que quepa en un bolsillo.

Y de tanto pensar me da hambre.
Y te como.
Y tú te dejas. Dos veces.

Cómo echo de menos un cigarro.

23 de mayo de 2016

La profecía


Si le preguntas a los pájaros qué somos,
piarán que los mismos de ayer. Los mismos tontos.
Los de la misma hora debajo del mismo paraguas
y un coro detrás de mandolinas
y esa cosa en la cara: ;)
y
el ámbar de los ojos.

Si le preguntas a esa piedra,
te escupirá a la cara que no sabes perder.
Que si otra vez.
Que si nunca te rindes, joder.
Que si no hay más piedras.
Joder.
Nos mirará a los ojos.
Muy fijamente. Y aunque no diga nada
-como el sargento de Oficial y Caballero-,
se sentirá orgullosa de nosotros.

Si vas al mar-no vayas-, si vas,
al mar y le preguntas que qué
que qué cosa somos
-no vayas-, qué delirio
que aritmético caos
delicioso
y
magnífico,
te lamerá los pies, y nunca volverás.

Si le preguntas a un árbol dirá que no le importa.

Si preguntas, no sé, en Roma por ejemplo
a cualquier transeúnte , dirán
que cuenta la leyenda...


22 de mayo de 2016

Todos los inviernos


...eso que hay
tibio en las manos, creo,
cuando doblas calzoncillos
hasta que están perfectos como pajaritas de papel.


21 de mayo de 2016

Monstruos



Y entre mis próximos proyectos:
construir un parque temático en tu ombligo.
Con toboganes y columpios y una noria y un tren de la escoba y puestos de salchichas y de nubes de azúcar y tiovivos y en el medio un circo con leones
y trapecios y payasos y a la luz de la luna, una tómbola,
donde siempre toque el sí de una margarita.

Y quiero besos y caricias y pellizcos y arañazos y cosquillas y ramos
de pestañas susurrándome al oído:“Te wstruharua...
(No sé. Pero debe ser algo tremendo, porque
sólo de pensarlo,
me quedo sin sangre en el cerebro y, joder,
se me pone tan dura que podría partir por la mitad
este ladrillo)...te wstruharua hasta que te cayeras a trozos”

Ya escucho los aplausos.


18 de mayo de 2016

Debussy


Y entonces, camino.

Encendería un cigarrillo; pero lo estoy dejando.

Camino y veo brillar las chimeneas de aluminio en los tejados
como brillaba el sol aquel en aquel agua mía del verano-aquel-
formando,
constelaciones que nunca vi en el cielo
justo a esa hora de la tarde.
Era mi mar y al fin y al cabo, allí aprendí a esperarte.

Camino y los pájaros. Siempre invisibles.



17 de mayo de 2016

Anexo coleccionable nº8:Verónica (Páginas perdidas del coleccionable)



Flotando en el espacio, expuesto a una temperatura de doscientos setenta y un grados Celsius bajo cero, y en la más absoluta soledad, el telescopio espacial Dédalo observa minuciosamente el universo con su ojo de berilio, clasifica asteroides, cometas, meteoros; sondea el polvo cósmico; enumera enanas blancas; examina galaxias; analiza vacíos; estudia vías lácteas, sistemas planetarios; cataloga espirales, novas, púlsares, explora el infinito en busca de repuestas para el hombre.
Esa, es su misión, y sin embargo...

Centro de investigaciones espaciales C.O.R.E, Las Cruces, New México:
-¿Has reunido al comité sólo porque ese aparato no está haciendo bien su trabajo?

Walter aun lleva las marcas del pijama marcadas en el cuello.

-Un aparato de novecientos cuarenta millones de dólares no se avería Walter, ya te he dicho por teléfono que las constantes del Dédalo son correctas.

-Tonterías, te repito que ha sido otra tormenta electromagnética, o un meteorito del tamaño de un grano de arroz a setenta mil kilómetros por hora- Walter Patterson nunca ha sido bueno haciendo el nudo de la corbata-. Eres científico James, dame un buen motivo por el que no esté ahora mismo en mi cama soñando con las playas de Jamaica. Y hazme el nudo de la corbata quieres.
¿Tengo que llevar corbata?

-Eres el “Boss”, supongo que puedes abolir las corbatas; pero te queda bien. ¿Lo quieres tipo Wilson o...?

-Había una máquina de café en este pasillo, necesito café James, no voy a entrar ahí sin tomar café, son las cinco de la mañana joder. ¿Por qué no hay una máquina de café en este pasillo?

-No era en este pasillo Walter. Pediré que te traigan uno. De acuerdo, hemos llegado ¿Qué tal el nudo?

-Supongo que bien. Estás horrible James. ¿Nunca duermes?
-Recuerda Walter, se amable, ese telescopio es un proyecto conjunto, tienen tanto derecho a tomar decisiones como nosotros.

-¿Desde cuándo no duermes?
-No quise molestarte hasta no estar seguro.

-¿Seguro de qué James? Lo que estáis pensando tú y el comité es absurdo ¿Sabes? debes tener al menos tres o cuatro úlceras, te lo tomas todo demasiado en serio, por eso tienes siempre esa... cara.

-Se amable.



Una hora más tarde Walter vuelve a tener deshecho el nudo de la corbata.

-Así que, según ustedes, tendría que llamar al presidente, o al ejército, a...

-Nadie a dicho eso señor Patterson - Minister, tan inglés-; todavía.

-Pero están sugiriendo que la C.O.R.E debería mandar una misión de reconocimiento que no está prevista en el presupuesto y tardaría nueve meses en prepararse.

-Ya que lo menciona, Oui.

-¿Correrá el gobierno francés con los gastos mon ami?

-No sea cínico Walter, el señor Lassart está tan consternado como todos los demás, buscamos respuestas, así de simple- terriblemente inglés.

Walter suspira. Suspira, se pasa la lengua por los labios, y maldice el día que acepto el cargo.

-Veamos- acercándose a la enorme pantalla al fondo de la sala, Walter cruza las manos a la espalda y mirando a los presentes como si fueran niños de primaria, pregunta : ¿Qué ven aquí?-.
Está claro que no es el espacio, ni siquiera la atmósfera. Yo diría que, por alguna razón de las miles de razones que posiblemente existan, (hablamos del cosmos queridos colegas, donde todo es aun “tannnnnnnnnn” desconocido), el Dédalo ha desviado su objetivo hacia “éste” punto, y, corríjanme si me equivoco, esto ya ha ocurrido en otras ocasiones y lo solucionamos de la manera habitual.

-Pero esta vez no se trata de una avería señor Patterson, no creo que sea necesario volver a contrastar con el programa madre los datos que el Dédalo nos ofrece sobre su estado actual- si no fuera francés, Fréderic Lassart también se quitaría la corbata-. El comportamiento del Dédalo no necesita ningún reajuste, ni mucho menos un rearme del Software. A excepción de usted, creo que todos estamos de acuerdo en que el Dédalo, como ya le habrá adelantado el señor James, aunque le parezca imposible, está siguiendo el protocolo Hamilton.

-“Es” imposible- replica Walter señalando con las dos manos la pantalla.

-No del todo- todos han girado la cabeza hacia el joven Dylan Mahoney-. Imposible, hace ciento cincuenta años, era convencer a un indio Chiricahua de que cediera su tierra y su ganado al hombre blanco, imposible, el milenio pasado era, volar, como un pájaro, y hasta hace tres días, era también que el protocolo Hamilton fuera una realidad. Mire esto- Dylan arroja sobre la mesa el informe- y dígame que es imposible. Puede que aún no lo entendamos; pero el espectrómetro del Dédalo no se equivoca.

-Ya he visto el informe camino de esta sala, y la verdad, si pretende convencerme de algo al respecto, Dylan, no se moleste.

-No es molestia Walter- levantándose de su asiento y sin esperar una respuesta Dylan se dirige al comité- Si bien el comportamiento del Dédalo puede parecer extraño...




-¿Extraño? ¡Por Dios Mahoney!- la verdad es que hasta ahora Walter estaba siendo bastante amable- ¡no me toque las pelotas!

-¿Alguien quiere otro café?- sí, puede que James se tome unas vacaciones cuando todo esto haya pasado- .¿Walter?

-¿Alguien ha pensado que vamos a decirle a la prensa? Mon Dieu, yo sí me tomaría otro café, y si me lo permiten...- Fréderic saca un Gitanes del paquete, se lo cuelga en los labios, y lo enciende-.

De pronto hay un molesto silencio espeso como el lodo.
La prensa, ese animal rabioso.

-Lo cierto es que el protocolo Hamilton es prioritario -Dylan continua-, así se concibió, y, créanme, yo tampoco hubiera pensado nunca que este momento llegaría.

-¿Está diciendo que crearon un programa de seguimiento de vida inteligente, sin esperar resultados?

-No señor Minister, estoy diciendo que jamás pensé, que esto ocurriera en Brooklyn.

Como en ocasiones anteriores en las que el telescopio había sufrido un funcionamiento anómalo, desviando su objetivo sin razón aparente hacia absurdas coordenadas, el Dédalo fue reiniciado, restaurado y devuelto a su estado original. Esta vez el protocolo Hamilton, se eliminó del proyecto.

Cuatro días más tarde.

-¿Sabe lo que pasa cuando no pasa lo que tiene que pasar?- Es la primera vez que Dylan dice algo desde que salió del aeropuerto.

-Soy taxista señor, y no creo que lo supiera aunque fuese el presidente. Pero si le apetece puedo recitarle de memoria un poema de Walt whitman, cualquiera.

Dylan no está escuchando.

-Es fácil: Pasa lo que pasa cuando no pasa lo que tiene que pasar.

-Ah...

-O sea- Dylan tiene abierto sobre las rodillas el último informe que el Dédalo emitió antes de su puesta a punto-, pasa, lo que tiene que pasar.

-Perdone... ¿lo que tiene que pasar cuando no pasa lo que tiene que pasar o lo que tenía que pasar antes de que no pasara lo que tenía que pasar? “O sea” ¿Qué está pasando ahora mismo por ejemplo? ¿Lo que debería estar pasando? ¿siempre pasa lo que tiene que pasar, me dice? ¿Cómo sabe eso? ¿Ve cosas amigo?- no, ni siquiera ve más allá de la nariz sin sus gafas- Bueno, no creo que importe mucho lo que pase o deje de pasar, al fin y al cabo qué se puede hacer, mi cuñada, por ejemplo, es una furcia , perdone, y sin embargo, tengo que mantenerla o mi mujer no me deja entrar en mi propia casa. ¿Qué le parece?- Dylan no entiende nada de mujeres, no es algo que le interese-. Y le aseguro que esa zorra come como una condenada; pero no me queda otro remedio, le digo.

Claro que usted no conoce a mi mujer, se comería a su hermana creo, y no es que me importe que tenga ese enorme culo- Dylan tampoco entiende de culos-, me encanta ese culo; pero entre las dos -ya casi han llegado-se zampan todo mi trabajo, Vai merda, penso che, se non fosse per questo enorme asino napolitano.
En la página nueve del informe, subrayado en verde fluorescente, la ecuación de Drake se come los ojos de Dylan Mahoney: N = R* x fp x ne x fl x fi x fc x L. Donde el valor fi, en este caso, apunta, según el comité, aleatoriamente o porque sí, a este lugar.

-Bien, hemos llegado...es aquí ¿cierto?

Cierto, lo es.

La exactitud con la que el espectrómetro del Dédalo ubicó este sitio en la imagen vía satélite es, sobrecogedora. “Absurda”, puntualizó Walter.

Para Dylan Mahoney nada ocurre porque sí, por muy absurdo que parezca. Por eso ha cruzado seis estados y ahora está de pie llamando a la puerta de una casa pequeña con jardín en el barrio de Williamsburg, al norte de Brooklyn.

¡Ding-Donnnnnnnnnggggggg!

“¿Que harás ahora Dylan, quitarte el sombrero y preguntar si hay un extraterrestre en casa?”.
No lleva sombrero.

¡Ding- Donnnnnnnnnggggggg!

-No hay nadie...- sentado en el porche de la casa contigua, Lucius Sandoval, con los ojos cerrados, disfruta a la sombra de un Jack Daniels, sin hielo.

-¿Y cuándo cree que volverá?

-Depende. Con ella todo depende.

-Sí, bueno... ¿Y sabe dónde podría encontrarla?

-Claro.

-¿Dónde?

-¿Le apetece una copa amigo mío? Reserva del setenta y uno, una auténtica delicia.

-No, gracias, la verdad es que si no le importa decirme dónde.

-Pescando ranas.

-¿Perdone?

-Pescando ranas, señor...

-Mahoney, Dylan Mahoney.


-“Lucius, me voy a pescar ranas, hasta luego. Y no te quedes dormido en el porche, aún refresca por las noches...”.
Eso me dijo señor Dylan Mahoney. Adoro a esa chica. En realidad todo el mundo adora a esa chica; aunque sea tan...rara y nunca la hayan besado.

-¿Rara? ¿Cómo de rara? ¿Por qué dice que es rara?

-Je, je, je... Como de otro planeta,y feísima, así de rara, sí; pero qué demonios...

15 de mayo de 2016

Qué pequeño se ve todo desde aquí

Te decía , pajarito
que la amo,
justo antes de que echaras a volar.
Acaso tú, mejor que nadie,
sepas que la historia se escribió con el hambre
de llegar a un final imposible.

Cuando menos, glorioso.

Ganar la cumbre.
Clavar la espada.
Atar su pañuelo.
Arrodillarse.
Jurar: "Vengo a morír entre tus brazos."

Y el eco hará el resto.

Te decía, pajarito, mientras te ibas con el viento y en el pico una lombriz
de vuelta al nido,
que siempre la amaré. 


Lo demás, sólo es vivir.

14 de mayo de 2016

20th Century Fox, presenta...


“¿Me dejas tu barra de labios?”

Era sólo una chica que esperaba el autobús hacia Chicago.

Si me pregunta para qué, pensé, siempre podré decirle que adoro a Freddy Mercury.

Excelente pared, estoy seguro de que tiene una bonita voz.
A mano alzada, dibujo entre las grietas un final feliz:

“Tal vez no Llegaré a lomos de Artax- no preguntes-; al fin y al cabo
A Richard Gere
no le fue tan mal con una limusina.

Y sí, ya sé que es una bicicleta.

Y sí, ya sé que no estamos en Holanda.

Pero a vivir contigo días en los que merezca la pena morir.
A que te vistas de Eva para mí.
A comer de tu triángulo equilátero.
A brindar con tus zapatos de tacón, todas las veces que follamos en un ascensor.

Plantaremos luna llena en las macetas de todas las ventanas.
Haremos, los días más tristes, una hoguera con los libros que escribí.
Te contaré al oído, de qué están echas las nubes.
Y a cambio me devuelves la sonrisa que perdí.

Alejandro tenía razón: Perseguir la gloria. Forjar una leyenda.
¿O por qué entonces está extraña conjunción, tan recta de astros que podrían atravesarse con una sola bala?”

Lo miro. No está mal, y justo al lado,
hay un grafiti que dice cómeme la polla.

El bus se fue hace rato.

En Chicago esta noche para estar bonita,
una chica tendrá que morderse los labios.


13 de mayo de 2016

Si lo imaginas, crece


Yo que andaba perdido aquel día como otro cualquiera en el fondo de una taza de café, leyendo: “qué difícil sin ti”. Fueras quien fueras, yo, que la noche anterior y la anterior de la siguiente te había suspirado porque todo era cama y el frío me calaba los huesos y la gente me miraba raro en la cola del cine porque al cine, si vas solo, la gente te mira, yo, que venía de la guerra, de los cubos de basura y la botella más vacía, el callejón, la puñalada y el suelo en la boca y el milagro de estar vivo un día más sin saber cómo, por qué, para qué cosa, yo que había sido mercenario por un beso y suicida por otra copa más, yo que vendí el alma y la playstation por un billete a lejos, donde lo fácil, soy, inmortal sobre este mundo, pensaba, una estrella de cine, más madera, soy, el infierno, yo, mi propio Judas, yo el árbol del ahorcado, yo más tarde mi propio verdugo y mi juez y mi espejo y mi ya llegas tarde otra vez a tu entierro porque todo se paga, yo, el tío al que hacía poco le había caído un rayo encima y vio la luz, y la luz, dolía tanto, dolía tanto, dolía tanto abrir los ojos y ver aquel reguero a tus espaldas, tanto tiempo perdido, tanta lágrima por mí, tanta miseria, dolía tanto aquella luz. Y era tan hermosa. Yo que andaba aquel día, como digo, adivinando los posos del café, recién aprendiendo a vivir con lo puesto, yo que me daba cincuenta latigazos por entonces, yo, que andaba cada vez mirando al suelo, sin atreverme a disfrutar de los colores todos, de la ropa tendida en los balcones, de los pájaros, yo, que no era digno, que tenía que pagar tantos platos, yo, te esperaba no obstante en cualquier sitio, a todas horas, inventada tú y con formas imposibles de guitarra; pero siempre tú, fueras quien fueras y aquel brillo en tus ojos de supernova. Yo que te soñaba desde niño en los cuentos de hadas, ya, y que eras siempre la novia del sargento de un batallón de soldaditos de plástico que guardaba en una caja de hojaldres para el té con una rosa dibujada en el centro, yo que tenía un caballo de cartón, blanco y audaz y tan ligero, que cruzaba una nube en un plis plas a por ti y en bandolera, te sacaba de aquel torreón donde tendías las trenzas al sol para que yo subiera a darte picos en la boca. Yo, el soñador, el Peter Pan del bloque 4 puerta D, el que iba por la calle del revés, el que miraba todo todo todo cada vez como si no lo hubiera visto nunca o no fuera a verlo más, el que iba a salvar el mundo. Con sus manos. Ja ja ja. Yo ya te quería no sé para qué como no sé porque respiro a veces todavía. Quería que mi vida fuera una letra de bolero y que tú y yo nos la bailáramos juntos así, apretaditos sin salir de la cocina. Quería tu voz de campanita de tranvía y la medusa de tu pelo al viento como las crines de un caballo terriblemente negro; no es que, el mundo no estuviera cuajado de cosas magníficas, como la rueda de un camión o el Niágara o la primera de todas las gotas de lluvia del día más bonito de tu vida o los carritos de la compra, no es que, la soledad de un hombre fuera mala compañera ni nada parecido y por supuesto, no era un capricho, yo, me bastaba.

Es que me faltabas.

Quería ser tu patito de bañera y la ola que viniera a conocer tus pies de entre todos los pies de cualquier playa. Mi mantra, mi mandala, quería quedarme sin te quieros ni te adoros, quería un paraguas, y entrar en casa empapados de ganas y saltarnos la parte del pijama y directamente devorarnos en el porche y que la vida, nos explotara en las manos. Que fuéramos la llama de un amor incombustible y loco, loco, loco.

Y entonces levanté la cabeza.
Y tropecé con tus ojos.
Y algo hizo, plop. Como si yo hubiera sido toda la vida una pompa de jabón.

Los mejores tres segundos de mi vida.

12 de mayo de 2016

De entre las grietas, extracto


Billy conoció al ruso en Münstergasse, una noche de esas en las que iba por ahí cerrando bares. Alguien le había contado que el ruso antes mataba gente por dinero; pero que ahora se estaba dedicando a hacer timbas con la vida en una nave de un polígono industrial, desde donde ya no se veían las luces de la ciudad. El ruso tenía un coche amarillo descapotable. Decía que si alguien le hacía alguna vez un rasguño a su Camaro, primero mataría a su perro, y si no tenía, a su mujer, pero si tenía, primero a su perro, y luego a su mujer, y después, a los hijos de los hijos de sus hijos, porque un Camaro, decía, no es un coche, es algo único que vosotros nunca entenderéis.

Vladimir Stylo no volvió a hablar en todo el camino.

Había mucho humo en aquel sitio. Había rubias que se habían teñido el pelo tantas veces que de verdad se creían que eran rubias y se llamaban Lorraine; había veteranos del alba con la cara cortada y un puro en los labios, había un enano; había ratas; una vieja haciendo una bufanda. Un público exquisito y en el centro una mesa y en el medio un revólver y más dentro una bala. A veces dos. Y si querías salir de allí con tres mil francos, hasta cuatro. Y todo bajo la miserable luz de una mierda de bombilla, que apenas si alumbraba los zapatos de charol de Vladimir.

Le dais vueltas al tambor, lo cerráis, y apretáis el gatillo. ¿Alguien no ha entendido algo?

¿Por qué lo haces?”, le preguntó Bernardette Plumen. ¿Quién es Bernardette Plumen? Ya no es nadie. Pero ella al menos sabía por qué estaba allí. Tenía tres hijos de tres padres diferentes, dos hernias de disco y un cajón lleno de facturas que nadie iba a pagar porque nadie contrataba a una ex-yonki por mucho que hubiera lavado sus pecados, no vaya a ser que le contagiara el sida a alguien, aunque fuera sin querer. Tampoco nadie le iba a quitar a sus hijos. Porque eran suyos. Y era lo único que todavía no le habían quitado.
Mientras todos los demás dieron un respingo hacia atrás cuando sonó aquel click, ella, aún con la marca del cañón en plena sien, dejó el revólver al lado del siguiente y le dijo, “Tranquilo, No pasa nada”, porque el hombre se había hecho mierda en los pantalones.

Bernardette Plumen había terminado en Suiza por culpa de un marchante francés que la tenía de querida en un pisito cerca de los Alpes, lejos de París y los jardines del Chateau en propiedad donde todos los domingos sacaba a pasear a su esposa gorda fea y millonaria hasta que se cansaba de dar vueltas en su carrito de golf alrededor de una fuente traída desde Atracia y le decía, ella, muy peripuesta: “Tu puta nueva se parece a Kelly Michigan. Es tan joven. Siempre has sido un insecto. Hace frío. Llévame a casa”.
Kelly fue reina del baile del setenta. Una guarra. Eso decían. Al francés le gustaba la heroína. A Bernardette los trajes y las joyas, los restaurantes caros, los viajes a Cerdeña. Y un día se acabó. Como se acaba todo. Y entonces vinieron los diablos. Las noches sin dormir buscando la manera de atajar tanto sudor, y cabalgar otra vez sobre una jeringuilla aunque tuviera para ello que tirarse a la calle, por veinte francos, a chupársela al primero que pasara y que tuviera veinte francos.

Aquel día Bernardette llevaba una blusa estampada con anclas bordadas de grandes transatlánticos. Sus sesos estuvieron resbalando por la pared al menos seis minutos, como si alguien hubiera metido su cerebro en un bote de spray y hubieran pintado todo aquello de un bonito y brillante color rojo. Porque las cosas pasan.

Metió cinco balas. Quería comprarle un clarinete a Rosmarie y a su hermano un coche teledirigido que cogiera las curvas como si fuera de verdad. Al mayor, que había dejado haciendo los deberes, le había prometido un pupitre para él solo en la universidad.



11 de mayo de 2016

A veces era como el buuuuuuu de un barco grande allá a lo lejos, tu voz en altamar


Comer como si fuera entre mis dientes tu pezón una cereza
hasta que aúlles mi nombre verdadero.

Que Ryuichi Sakamoto nos invente
un paisaje con viento
justo en ese momento en el que
la mariposa de tu coño echa a volar y te retuerces y me tiras del pelo y
yo me cago en tu puta madre.
Que están llamando a la puerta los bomberos.
Que vamos a salir en las noticias.
Que te tapo la boca y de repente, me faltan tres dedos.
Que te deje ser feliz cinco segundos.
Feliz con las piernas abiertas.
Feliz conmigo entre tus brazos.
Feliz con los ojos en blanco.
Eléctrica.
Casi azul.

No sé lo que es cuando te miro. No tengo palabras para todo.

Será que te pienso y se me pone dura, una
señora se quedó mirando ayer
en la parada de autobús, le dije: estoy enamorado.

“De usted no, por supuesto”

De un planeta.

Por eso llevo siempre
una cucharita de postre en el bolsillo.



10 de mayo de 2016

Siempre hay alguien mirando



“-¿Tienes miedo?”

-Nunca vas a irte ¿verdad, Marilú?

La arañita parlante.

“-No quieres que me vaya. Aunque ya no me necesites. ¿Sabes cómo se llama eso? Claro que lo sabes. Estoy orgullosa de ti, muchacho. Has llegado lejos.”

-¿Por qué todo el mundo se empeña en llamarme muchacho?

“-¿Entonces...?”

-Entonces nada. No. Esa es tu puta respuesta, bicho repugnante. No tengo miedo. Tengo ganas. Porque soy un puto héroe.

“-¿Y cuándo vas a mejorar tu vocabulario?”

-A mi vocabulario no le pasa nada. Pero voy a dejarlo. Como el tabaco. No me dejarán entrar en el Olimpo fumando. Echaré de menos decir “Joder”. O “Mierda”. Esa es mi favorita. El mundo se va al carajo y a los demás les preocupa mi vocabulario...¿Y qué hay de la libertad de expresión? ¿Qué? Ya. No tengo razón.

“-La tienes si crees que la tienes. ¿Lo crees? El mundo siempre se está yendo todo el tiempo al...bueno, ya sabes que no uso ciertos términos.
¿Te he hablado alguna vez de Jimmy Boy?”

-¿Otra historia de fantasmas?

Eran las 6 pm de un septiembre. ¿Cúando no llueve en Los Cayos?:

“-Ave María Purísima.

-Sin pecado concebida.

-Habla hijo, te escucho. ¿Cuáles son tus pecados?

-Que no fui más feliz bajo un paraguas que con ella.

-No se puede fumar en la iglesia.

-Perdón padre. Mucho tiempo de diablo...

-Continúa.

-¿Ve esta pistola? He matado con ella a más de un hombre sólo por mirarla. Tenía el pelo rubio como el trigo. ¿Ha estado alguna vez en Kansas?

-¿Quién te envía?

-Mulhoney. ¿Algo que confesar, padre?”

Después sonó un disparo.

No dejó de llover.

-No entiendo esas historias, arañita. No sé qué quieres decir. No soy tan listo. Podrías ser, más ¿explícita? ¿Marilú? ¿Oye?

Odio cuando hace eso...



9 de mayo de 2016

Uno


Y si siempre no existe
quizás nunca tampoco.
Y tal vez los adverbios también follen
y den a Luz bebés de siete kilos
llamados posibilidad
y con los ojos más bonitos del mundo.


La Y es una letra tan( puntos suspensivos)extraña.

O No estar más cerca de nada pero,
que en cada esquina se te escapé por la boca el corazón.

He visto a cien hormigas devorar un gusano.
No es horrible. Es comida, y yo no tengo a mano otra verdad.


No sé siquiera con que nombre decir aquella luz allá a lo lejos, tan bonita y brillante de las bombas sobre el cielo de Berlín.

Pero podría asegurar sin temor a equivocarme,
que la sangre debería tener un fin más hermoso.

8 de mayo de 2016

Entre paréntesis


(Si coges un tornillo con la punta de los dedos de una mano y una tuerca con la otra, así, automáticamente, no querrás otra cosa que enroscarlos. Acercarás el uno al otro con tanta precisión como si del ensamblaje de un módulo espacial se tratara, y no más entren en contacto empezarás a girar la tuerca en el tornillo y milímetro a milímetro, mientras esta se desliza con suavidad cada vez más a lo hondo y abrazándolo todo a su paso como hace la hiedra con los muros, sentirás de pronto la extraña sensación de que todo está en su sitio. Cada estrella. Cada montaña. Cada papel que Sherlock Holmes dejaba sobre su escritorio cubrirse de polvo. Cada gota de lluvia. Cada maniquí de cualquier escaparate esperando el amor al otro lado del cristal.
Y te hace feliz la idea de que, por mucho que tires, no van a separarse nunca nunca y por lo tanto se oxidarán con el tiempo bajo el paso de los siglos y los siglos amén llegando a fundirse en una sola pieza, tan valiosa, única, e irrepetible.)

7 de mayo de 2016

Odiseo


Cómo hacer más bonitos nuestros días:
coger un martillo.
Golpear el dedo gordo.
Número de lágrimas, dos. Una en cada ojo. Peso mínimo: una tonelada.

Echarlas a volar.

Inmediatamente, solicitar la ayuda de un adulto.
Lo más habitual es el método culito de rana.
Importante: no la mires a los ojos mientras te lo chupa.

O ninguno de los dos saldrá vivo de allí.

Los días peores me pillo los huevos con la puerta del coche.
No existe una palabra para un dolor tan cósmico.

El truco es coger aire.

O jugarme otro día a cara o cruz,
pero ¿sabes?:

Troya no ardería sin nosotros.


5 de mayo de 2016

Haendel


Ok , no soy Jack Sparrow;
pero he actualizado mi software
y hasta te hice una de esas canciones que se quedan pegadas a las suelas del zapato como un chicle
y que dice algo así como “...justo cuando salté desde un décimo piso pasaba una nube por allí”.

En cambio tú cada día estás más gorda.

Pero no importa:
te rondaré como un jaguar y tú
mientras huelo tu pelo,
te quedarás tan quieta como una rama seca y mientras
tu ropa cae al suelo a cámara leeeeeeeeeeeeeeeeeeeenta por los hommmmmmmmmmmmbros,
temblarás como una hoja de árbol mecida por el viento porque sabes,
que todo este silencio
es que voy a cortarte en trocitos.

Voy a comerte el punto G.
Y el H y el efe y el J y el ka y la bola 8.
A masticarlo todo hasta que se te ricen los vellos con solo mi aliento
como olas de mar.
Y una lombriz en tu orejita.
Y un gato haciendo rappel por la espalda.
Y el trikitriquitá de las rodillas.

Cuando suba el telón el mundo entero podrá ver como traspaso con esto tu carne
y mueres,
de amor entre mis brazos.





4 de mayo de 2016

De entre las grietas, extracto.


No puede pasar, padre. Lo siento.

–¿Lo siento? Soy un siervo de dios, hijo, lo puedo casi todo.

–Ya. Pero esto es un bar de maricones y yo mido uno noventa y siete.

–Si no me dejas entrar tendré que usar mi ira divina. Ahí dentro hay alguien a quien tengo que ver. Y me están esperando para bendecir las fiestas.

–¿Qué fiesta, cura? ¿No será uno de esos pervertidos que...?

–Las fiestas de la patrona. ¿Tú sabes qué es un cuadro de luces?

Viridiana tiene el coche en marcha. Han venido porque una vez, en confesión, Luiggi le dijo al padre Estefanía que era redondo, y que a veces, iba a un sitio en la ciudad a chupar pollas, cuando no quedaba otro sitio donde ir. Y ya han buscado en casi todos. 

–El tío que busca no está aquí, cura. No hay nadie tan guapo ahí dentro.

–¿Si te perdono todos tus pecados me dejas entrar?

–No. Pero si me regala ese crucifijo... Me gusta, y hace juego con las argollas de mis pezones.

–Vas a arder en el infierno ¿Lo sabías? 

–Pase. Y sea rápido. No quiero perder el trabajo por su culpa.

–¡Padre! –Viridiana, desde el auto, le alienta las ningunas ganas de entrar a los avernos a ver si encuentra dentro un ángel caído– ¡Que tiene que bendecir las fiestas! 

Maldita sea el día que se le apareció John Lennon cantando el Imagine. Cura. Con lo que a él le hubiera gustado ser fontanero. Tener una gran caja de herramientas. Un mono azul. Y arreglar goteras. Electricista, menos. Nunca se le dio bien si tenía algo que ver con la luz. Al final siempre se quedaba todo a oscuras, y tenía que ponerse a pensar en otras cosas para no acordarse de que dios hacía mucho tiempo que le había abandonado.

Dentro no se ve nada. Y hay demasiado humo. 

–Busco a un italiano. Se llama Luiggi. A veces viene por aquí. 

–¿Qué va a tomar?

–No quiero nada, hijo, yo sólo es que estoy buscando a... ya veo... agua, una botella de agua.

–No hay.

–¿Ni del grifo? Un vino. Tinto. Que no sea muy caro.

–Whisky, ron, ginebra, tequila...

–Tequila.

–El tipo que busca no ha venido. No hay nadie tan guapo aquí dentro. Yo no lo he visto. ¿Usted lo ve?

–Si no se ve nada.

–Se ve lo que se tiene que ver. Menos se ve en el cuarto oscuro.

–¿Y eso qué es?

–Aquello de allí. Detrás de las cortinas. Pero yo no entraría. Lo mismo se lo follan, cura.




"DE ENTRE LAS GRIETAS"
AQUÍ:

3 de mayo de 2016

Todos los días de mi vida


Si uno dijera siempre lo que piensa moriría inmediatamente.
Pero se puede llegar tan lejos como el home run de Mickey Mantle en los 60
sin decir una sola mentira.
Lo cierto es que
no tengo ni puta idea de por qué te quiero. No rima;
pero es más verdad que cualquier verso.
Quiero decir...¿qué cosa es la distancia?
¿Cómo se miden los días sin ti?

Preguntas que me hago mientras pelo una naranja.

Espacio publicitario:
“Me encantaría, claro,
cagar en la puerta de las grandes multinacionales.
Es horrible: pero soy un ser humano y tengo tentaciones”.

¿Y qué mundo? ¿Cuál de cuáles?
Todo cambia a una velocidad vertiginosa que sólo los pájaros comprenden.

Y a veces los sueños
caben en la palma de la mano.

Como cuando abandonas tus mejillas a su suerte por un beso en la frente.