28 de junio de 2016

Yo era de azúcar. Tú eras de agua.


Me consuela la idea
- precisamente-
de estar hecho de lo mismo que la tabla de la plancha.
Que una gramola o un dedal o un hipocampo o la constelación de Capricornio o
de lo mismo que un beso en la frente. 
Que el pan.
Que un pez payaso. 
Que un batiscafo o los parquímetros de Atlanta
y no de cualquier cualquier cosa,
como los planos por ejemplo de la bomba H o la palmada  de cualquier hijo de puta clavada en la espalda.