31 de octubre de 2016

8 mm



Cuanto tarda la felicidad. Se estará pintando los labios. Y el café se enfría. La llamo por teléfono. No contesta. Vale. No necesito aparecer en los listines telefónicos. Vivo en un mundo sub-atómico, entre bacterias y medusas microscópicas, además, esta noche los reflejos de las luces de los coches parecen helados de vainilla derretidos sobre el asfalto y una flota de barquitos hechos con hojas de periódico cruza los charcos llevando a bordo una preciosa carga de soldaditos de plomo vestidos de rojo dispuestos a salvar lo que queda del mundo. Hay pájaros bajo el alfeizar de la casa de enfrente sacudiéndose las gotas de lluvia del plumaje y, de dos en dos, acurrucados el uno contra el otro, parecen la letra de una canción del sesenta y cinco. And I love her, exactamente. ¿No somos nómadas acaso? ¿No nos estamos siempre buscando el corazón? Nunca somos los mismo, yo, recuerdo que fui otros.
Aunque ahora soy un faro, uno bonito con gaviotas que a lo lejos pareciera el amor. Un faro por dentro es un caracol...es curioso, como todos los silencios son diferentes, como lo llamamos silencio cuando en realidad está lleno de sirenas de barco o nombres de valkirias o voces de otros tiempos, de aviones cruzando la tarde, de hojas cayendo de los árboles.
Que todo puede ser más fácil, te digo, querido diario. Que si te quedas parado en medio de la calle ves a la gente sonreír, tomar en brazos a sus hijos, comprar unos bonitos zapatos, darse un beso. Que no estamos solos. Que hay tantos mundos, que debe haber alguno hermoso. Y otros no tanto, por ejemplo, abro el grifo y me lavo las manos cuando termino de comer y sin embargo, en otros lugares no hay agua. Ni comida. Sólo gente esperando a morir. Tal vez tras alguna de esas ventanitas hay alguien llorando. A lo mejor le han diagnosticado una vida de mierda al lado de alguien que ya no la quiere. O se se le ha muerto el gato de una indigestión. O se ha quedado con cincuenta años en la puta calle porque en la fábrica dicen que ya no es la misma persona de antes. Claro que no, ahora es mejor. Por eso llevaba la cabeza alta. Por eso va a decirle a Fernando ahí te quedas con tu mando de la play y los goles de tu equipo y tu polla pequeña.

Ahora mismo hay alguien meando en la nieve, dibujando un bonito corazón de nombre Amanda, dieciséis recién cumplidos, la chica más linda del insti. Robert cree que la quiere. Aunque Amanda no sepa ni que existe. Así funciona esto, tan tonto del amor.


27 de octubre de 2016

Sub-atómico


¿Sabes lo que más me gustaba de ti?: nada.
Pero ese nada me volvía loco.
Loco de hacerme un solo de guitarra sin guitarra.

25 de octubre de 2016

Aliens vs Predator



Me agarra de los huevos así, como quien coge del árbol una manzana y va y me dice, ¿qué parte no entiendes de estoy loca por ti?, mientras aprieta en su puño pequeño mi poema y esférico, lo encesta en la ventana que da al aparcamiento.
Se titulaba “Eres tan hermosa que”, y hablaba, del Universo y todas esas cosas.

Siempre que me mete el dedo en el culo, se me saltan las lágrimas.
Me encanta y me duele, como toda ella.
Cómeme, me dice, como se come uno una sandía, como un lobo las tripas de una oveja, como se come la luz una tormenta, la suela de zapato un largo viaje, abierta, dice, déjame abierta, sin cerrar, que me sienta una herida y que nunca cicatrice, “mira dónde tengo el Universo”, va y me dice, y me mete la mano en las bragas y la deja resbalar y me hago un Byrdie y de un Draw el dedo se me cuela allí y Hocus Pocus Focus: desaperece. “Otro”, dedo me dice, y hago el signo de la paz y se lo meto por el coño, porque se dice coño, no se dice me dice, la cosita, ni eso, no se dice: “¿cariño, te hago daño?”. Hazme daño. Haz con la mano el saludo de la Enterprise y me lo clavas hasta, hasta que te odie , yo, que te amo tanto.
Y la llamo por su nombre de guerra y dice Sí, Sí, Sí, yo soy tu guarra y, se arrodilla como un girasol a la caída de la tarde y se mete en la boca todo lo que soy capaz de ser de polla sin un desfibrilador y me escupe y me llama cabrón y se muerde los labios como si fuera, la mujer más feliz del mundo y, la azoto con mi rabo de lagarto hasta que dice fóllame, si me quieres fóllame, fóllame como si ya no me quisieras, arráncame de mí, sácame esto...

Lo demás, son tonterías.


24 de octubre de 2016

Línea 1




Se pueden construir tantas cosas sólo con pensarlo mientras vas en el metro...una habitación, por ejemplo. Con sus cuatro paredes color azucena y un balcón pequeño con cortinas que se mezan con el viento para echar un cigarro, mientras buscas con los ojos entornados en el cielo Casiopea. Con una cama grande con zapatos debajo y a los flancos dos mesitas con una lamparita para leer Rayuela. Tú en tu lado de la cama, yo en tu lado de la cama. Y los besos pequeños. Y luego con la lengua. Y más pronto la hambre. Y más tarde la carne, los huesos, los huy, creo que me voy a...Y qué bien que hay un balconcito. Aquello es Casiopea.

Puedo inventarme un pasillito largo con fotos colgadas de mí y tú haciendo el tonto. Un pasillo que acabe en la cocina, una cocina con ventana con florero donde pueda poner en agua las flores que arranco de los muros mientras vuelvo del trabajo camino de la casa. Puedo inventarme una tortilla de dos huevos, y puedo imaginarte diciendo mira, lo que hago, y puedo, ver la tortilla pegada en el techo. Y a ti sonriendo. Incluso puedo pulsar play y poner la lambada y cogerte de la cintura y taca taca taca taca Chorando se foi quem um dia so me fez chorar. Y cenar atún de lata. Y de postre otra vez. Allí en el suelo. Y acabar boca arriba con la espalda de lleno en el piso como dos cucarachas, mirando el techo.

Puedo, imaginar, hasta que no es perfecto. Que discutimos por esto o por lo otro y me tiras el tabaco por la ventana y yo te tiro a ti por la ventana y después me tiro yo por la ventana y Cortazar y los vasos de plástico y las cortinas y lo bonito que era esto desaparece por la ventana hasta que no queda de nosotros más que una página en blanco y el eco de un “¿Por qué?”.
Que mientras caemos al vacío junto con las lamparitas o las fotos del pasillo nos fumamos la pipa de la paz y nos posamos como dos pompas de jabón sobre la acera y caminando un rato de la mano nos metemos en el primer bar a celebrar que todavía estamos vivos:

“Brindo por ti, hija de puta.

-Y yo por ti, cabrón”.

22 de octubre de 2016

Tribus


Me llamo Queka. Soy lesbiana.
Tengo una hija. Se llama Claire, y no es lesbiana.
Marta es mi mujer. También es mamá de Claire.
El papá de Claire, antes de ser el papá de Claire, era nuestro mejor amigo, ahora, es nuestro mejor amigo y el papá de Claire. Es gay. Se llama Tommy.
Tommy tiene un novio, Alexander, y Alexander tiene un perro: Señor Carter.
Vivimos todos juntos. Pase lo que pase.
Porque yo amo a mi hija y mi hija me necesita, pero también necesita a Marta, porque también es su mamá, su mamá Marta. Tommy no quiere estar lejos de Claire, porque también es su hija, y Claire, adora a su padre. Su padre, sin Alexander, no es nada, una mariquita sosa y aburrida. Al señor Carter le gusta ver la tele tirado en el sofá, y comerse los zapatos.

Además de lesbiana, soy ilustradora de libros infantiles, y me encanta regar las plantas y ver pasar las nubes. A veces, Marta y yo estamos horas así, viendo pasar las nubes.
El papá de Claire es peluquero. Hace cosas raras en la cabeza. Le quiero tanto … Y Alexander le sienta muy bien a Tommy. Alexander cambia de color de pelo cada semana, si Tommy está inspirado, cada día.
Marta es profesora. De Lengua. Sabe contar Blanca nieves hacia atrás y el nombre de Dios en ciento treinta y siete idiomas. Con la lengua, también sabe hacerme latín.
Claire estudia. Poco. Menos mal que Marta es profesora.

Ayer fue su cumpleaños, el de Claire digo. Le hicimos una tarta. De fresa y chocolate, con once velitas encima. Alexander, con una manga pastelera, dibujó “Te queremos princesa”, encima de la tarta. Señor Carter miraba la tarta. Señor Carter malo.

Lloré. Marta también. Y Alexander. Tommy daba pena, y un poco de.... Es que Tommy es tan Tommy.
Claire pidió un deseo. Con los ojos cerrados. En realidad, todos teníamos los ojos cerrados.


21 de octubre de 2016

Espere su turno



Hace poco el amor
me ha dado una patada en los cojones
los tengo, como en flor,
como bolas de billar, como melones.

Y yo que iba cargado hasta las trancas
de buenas intenciones
-por mi padre, que está enterrado en Salamanca-,
y va el amor, y me lo jode,
y se me atranca,
y me deja tirado en la cuneta
sin besos ni caricias, ni una teta.

Es que el amor es gilipollas
para una vez que me comporto (como)
-iba decir un hombre,
dejémoslo en un Peter Pan a los cuarenta-,
que trazo un plan perfecto
basado en un Best-Seller de Jane Austen
viene un viento y ¡Zas!, el amor,
se va por la ventana
y me deja tirado en una isla
que se llama como una prima mía
-“Es un plátano ¿qué es?”-
y como eso es una mierda pido el libro
de reclamaciones.

Hay una ventanilla y
una tía con el pelo como un pollo
(color berenjena) y acento criollo
y le digo que vengo a reclamar,
que me cagon la puta del amor,
que no funciona,
que se avería cuando más lo necesita
-“¿Le ha puesto pilas?”, me pregunta-,
que me devuelva le digo
todas mis esperanzas,
mis sueños,
mi carnet de socio de la Luna

Y la tía mirándose las uñas.

Me dan un vale descuento
para la próxima vez que me enamore,
la de las uñas, ni te cuento,
como se pone,
cuando le digo que se ponga el director.
“Está ocupado”
“Será tocando los cojones”, digo yo,
y la tía pulsa un timbre
y dos tíos como troncos de Secuoya gigante del sur de California
me echan a patadas a la calle.

Y busco un guardia y se lo cuento
y me pone una multa por palabra
y le digo, pero hombre,
¿es que no ve cómo tengo las pelotas?
Y me pone otra multa.
Por idiota.
Y me voy calle abajo
dirección al carajo,
con mi vale descuento en el bolsillo
y el corazón como la carne de membrillo.

17 de octubre de 2016




Purito Maqueda buscó por entre el humo de tabaco que sumía a las mulatas del Conrado en una espesa niebla y fue, por el olor a fiera, que creyó adivinar a la negra al fondo del local apoyada en un cartel de la pared que anunciaba terrones de azúcar moreno calidad superior y dejando que el timbalero de la orquesta pusiera su mano en su cintura de pantera, o casi al punto de posar sus labios en el cuello de la única mujer de La Habana que aún no se había rendido a sus encantadores ojos verdes de criollo malnacido y canalla y de color café y, como iban maldiciendo las negras por el puerto, de demonio, Purito, de demonio:

-¿Quieres seguir vivo?

Purito siempre usaba frases cortas. Y siempre eran suficiente. Cuando el timbalero se perdió por entre el tufo a ron añejo a esperar a la hora de la próxima actuación con un vaso en la mano y debajo del bigote un si no fuera porque dicen que estás loco, Purito se quedo mirando a la negra y la negra a Purito y como cada vez que se enfrentaban sin palabras, algo ardía:

-Gané a los gallos. ¿Hay suficiente?

-Tu dinero no vale pa mi papaya, Purito. Te enciendes con eso un cigarro.

Cada vez que la negra le decía que no, a Purito le entraban ganas de matarla. A ella le gustaba eso y aunque no se lo dijera, siempre estaba deseando que apareciera por allí para comprarle el corazón y que ella pudiera decirle que no; “pero te cobro esta canción”. Y entonces bailaban. Y era como ver alacranes. Y así Purito le pagaba otra canción, y otra y otra, hasta que no le quedaba en el bolsillo más que hambre y podía meter las manos en ellos para irse con el rabo entre las piernas a arrancarse las ansias del pecho con aguardiente malo y peleas de callejón con el primero que pasara por su lado mientras le preguntaba que por qué, por qué, hasta que el que fuera estaba casi muerto a puñetazos.

Los días que Purito no iba al Conrado, la negra se acostaba con cualquiera; pero nunca bailaba con nadie.


16 de octubre de 2016

Sotaventos


¿Y si hubieres tuvido que ejercer de origami?
¿Cultivar números Pi?
¿Morir en cada intento?
Yo mismo con la gana en carne viva te habría arrojado a la tarde con mis manos.

Que si desayunar estratosferas era poco menos que pecado;
que si la alfombra del baño no era voladora;
que si la luna era aquella cosa en la ventana;
que para qué, si se podía comer crudo.

Quien hayas sido,
nunca te tiraste en tobogán conmigo.
Ni pronunciaste la palabra Andrómeda. Ni litio.

Aunque me gusta hacer la lista de la compra.

Ese tipo de cosas que te la ponen dura, que habrieres dicho:
te voy a sorber hasta la última gota de vida.
Sacarme con los dedos por la boca palabras como:
neurálgico, polímero, vertiente...
Clavarme a los ojos chinchetas.
Meter una serpiente en la cama.

Bailar la danza Haka.
Cruzar los espejos.
Hundirnos hasta el fondo de un vaso de leche.

Es cierto que podría estar más loco; pero no sería sano.

Me quedo con los cuervos y el olor de los albas
que vi
mañana.


13 de octubre de 2016

5ºB


-¡Niños y niñas! Hoy, hablaremos del amor.

Los “¡Pufff!” los “¿Otra vez?” o los “¿Puedo ir al baño?” se ha extendido por la clase como un troyano, pero sin duda el comentario ganador, como siempre, lo ha hecho Marilú, la arañita parlante:

-Y supongo que ahora nos sorprenderás con un poema de Rimbaud.

-¿Quién es Rimbaud?

Le encanta dejarme en ridículo.

-¡Hey hey chicos! No pasa nada sin no sabemos quién era Rimbaud.

-Yo sí lo sé. Fue un poeta francés que...

-Lo estás mirando en el móvil, La Belle...Bien, he escogido una pequeña historia de amor...

-Si es pequeña no es de amor. Todos los libros de amor que tiene mi madre son gordos-uno puede esperar cualquier cosa de la niña Lorena-. Yo los uso para subirme encima y llegar a las galletas...

-Bueno, Lorena, eso está muy bien...y cómo iba diciendo...

-...pero un día me equivoqué de caja. En aquella había fotos. Y cartas. De mi padre. Y no era capitán de una fragata ni había muerto en un naufragio. Era un borracho y vivía en un coche aparcado en algún lugar de Atlanta. Mamá me mintió. ¿Eso es amor, profe? Parece tan complicado como las matemáticas. Y no me gustan las matemáticas.

-¿Podemos continuar con la clase? Bien, la historia empieza así, leo:

“Era una noche horrible...”

-Qué historia más corta. ¿Porque eso era el final no? Parece el final. ¿Era el final?

-¿Voy a tener que castigar a alguien de cara a la pared, señor Duarte?

-¿Le harías eso a un minusválido? Tío, llevo una bolsa para cagar debajo de la silla, ya estoy bastante jodido sabes y...

-Y además veo que ha vuelto a traer a clase a su perro. Y tampoco se puede fumar. Y ha pintado usted en la pizarra un pene.

-Bueno, en realidad es una polla. ¿En serio vas a castigarme? Cuando se entere Micaela te la vas a cargar.

-Prosigo:

“ Era una noche horrible. La noche más horrible de mi vida...”

-Profesor, María ha vomitado.

-Lo siento yo...me he acordado de Álvaro y...fue un novio que tuve, joder, quería una puta princesa, ¿sabes?, que dejara de dibujar unicornios y sirenas, que no usara camisetas, que esto, que lo otro...conté tantas estrellas la noche que me fui que de vez en cuando todavía me mareo.

-¿Ha terminado? Sigo leyendo:

“Era una noche horrible. La noche más horrible de mi vida. Charlotte y yo habíamos terminado...”

-Lo sabía.

-Pero usted es Jerónimo Wallace, el hombre que sabe todas las respuestas del mundo. Ni siquiera sé por qué viene a clase.

-Me aburro. Saberlo todo es, decepcionante. Le envidio. Incluso le admiro. Yo nunca tendré su fe, sin ir más lejos, en algo que ni siquiera sabe si existe.

-A lo mejor no quiero saberlo. ¿No lo ha pensado? Se llama tener sueños. ¿Tiene usted sueños, señor Wallace?

-No. Pero tengo un yate de quince metros. Acierto bastante a la lotería. Ya me entiende.

-Como los demás no tenemos la suerte de leer el futuro, continúo:

“Era una noche horrible. La noche más horrible de mi vida. Charlotte y yo habíamos terminado. Llovía...”

-No me gusta la lluvia. Te mojas, ¿sabes, chico? Y a lo más pillas un catarro. Te lo digo yo que he dormido bajo todos los árboles-Sacramento tiene como siempre los pies puestos encima de la mesa-.

-Ya. Pero aquí dice que llueve.

-A mí sí me gusta profe (esa es Paca. Está preñada. De un ángel.)

-Ya sabemos que a ti te gusta todo Paca. Así que proseguimos con...

-Me encanta ponerme debajo y empaparme y pisar los charcos y dar vueeeeeeeltas y vueeeeeellltas y vuelllll...

-Ahora que hemos comprobado que nunca llueve a gusto de todo el mundo, voy a seguir leyendo, y si alguien más vuelve a interrumpir la clase, acabará con el señor Duarte de cara a la pared. ¿Entendido?

...Plop.

Bolita de papel. Voladora. En la nuca.

-¿Quién ha sido?

-ha sido esta profe.

-Chivato.

-¿Has sido tú Carolina? ¿Por qué siempre eres tú?

-Porque soy más mala que el hambre.

-¿Y te da igual?

-Sí.

-¿Pero tú sabes que a quién es malo, se le castiga, no?

-Sí.

-¿Y también te da igual?

-Sí.

-Pues cámbiese de sitio con Alberto, aquí, en la primera fila, donde no pueda hacerle daño a nadie más.

-No llevo bragas.

-¿Es que a nadie le interesa la clase de hoy?

-A mí sí profe.

-Baja la mano Paca.

-¿En serio no tenéis curiosidad por saber qué se siente? No hay nada mejor que el amor. ¿O sí?

-¿Los helados? ¿El chocolate? ¿La...?

-Baja la mano Paca. Vale. Creo que, nos tomaremos el resto de la clase libre. Haced lo que os de la gana. ¿No es lo que hacéis siempre?

-¿Podemos jugar al Scrabble?

-¿Y a hundir la flota?

-Profe, Carolina me ha pegado un chicle en el pelo.



12 de octubre de 2016

Sin latitud


Sé de este viento entre las ramas de los árboles,
que me trae tu voz
desde tan lejos.
Que me cierra los párpados como si ya estuviera muerto
y que me clava, como anzuelos, al cielo de la boca las letras de tu nombre:
“Te todo”.
Te amodio y te pero y te pufff y te plof.
Te sí y te no. Te casi huy, a veces con mis propias manos
y otras te y te y te y te sobre la lavadora.

Y me gusta que me duelas así, bajito, como una canción de cuna.
Hablar con la almohada. De tú a tú. Buscar tu mano. Casi tocarla.

Y aunque no siempre es suficiente sigo vivo.

Incluso me han salido tres hojitas.






10 de octubre de 2016

I Need You Tonight


Tenue como a la umbría de una espiga de trigo,
llegados a este .-este(.)- y
sin la +..........................................remota posibilidad de r3c1claj3 o
a la llama de una vela mecida por suspiros,
un nocturno de Chopin mientras clavo a la pared a Sara Lee.

Por otros cincuenta, Sara Lee me llama cerdo.

Pero no va a besarme si no mato por ella.


9 de octubre de 2016

Proyecto EVA: ...one...zero + títulos de crédito.



Eso que llevas en la tripa también es ADN, le dije. Y está vivo. Y es mío. Y tuyo, le dije, días antes del día del Reinicio. Tu plan es una porquería Eva. No va a funcionar. ¿Te da miedo?, le pregunté a Eva, y Eva, me apretó muy fuerte la mano y me dijo que mucho. No te voy a soltar, le dije.

Vimos una luz cegadora por supuesto.
Sentimos temblar la tierra bajo nuestros pies.
Y después algo nos tragó.

Aquí nada tiene nombre todavía. Hay dos soles. Hay árboles, y hemos visto algo parecido a un pájaro. Bebé aún respira. Pero ha pasado algo en el camino, extraño: Eva ve lo yo veo por un ojo y por el otro ve lo que ella ve, y yo, por un ojo veo lo que he visto desde siempre y por el otro lo que ve ella, y cuando nos miramos a los ojos, entramos en un bucle infinito.

Aún no hemos pensado que vamos a decirle a Bebé. Si le hablaremos de la tierra. Si no. Si le contaremos que en aquel sitio había políticos y lavadoras e impuestos o dioses que castigaban a sus hijos por robar una gallina, con un infierno, o le diremos que un señor con bigote cambió el rumbo de la historia abriendo espitas de gas o cómo convertimos los hombres nuestro hogar en un estercolero inhabitable donde se mataba por deporte hermosos ejemplares de ciervo. ¿Le hablaremos de Sadam o Pinochet? ¿Del Watergate?

Claro que, también estaba Bruce Sprinteeng. Y el Macarena y, todos los poemas de Walt Whitman.

En cualquier caso, construyo una cabaña.

Le dije que la quiero.

Me dijo que ya lo sabía.


6 de octubre de 2016

Proyecto EVA: ...two...



Al principio fueron pequeñas cosas. Como que te olvidaras del aniversario y llegaras a casa y tu ella de toda la vida tan ella se quedara esperando con las manos abiertas de par en par como ventanas y en vez de te quiero como el primer día, no dijeras una puta mierda. Porque ya no te acordabas:

“-No te acuerdas? Yo iba de blanco. Hoy hace quince años”.

¿De qué?

Que el autobús no parara por ejemplo o que las zapaterías no abrieran por la tarde. Que en vez de un café te pusieran vino blanco; que los maestros se quedaran callados en plena revolución francesa y salieran de clase y compraran un donuts y se fueran al parque a pasear y a mear en los árboles; que a la mitad de las películas de amor la chica fuera atropellada porque un fontanero de Queens se le olvidó que el muñequito del semáforo era rojo por algo. Que no te importara en absoluto si te cagaba encima una paloma...cosas como no saber si ibas a por pan o a recoger a los niños del colegio, o como que los peces naranjas empezaran a flotar boca arriba porque nadie les cambiaba el agua, cosas a veces tan insignificantes como que desayunaras a las seis de la tarde o metieras la ropa sucia en el microondas y le echaras suavizante.

Eso fue un lunes por la tarde. A los seis días el virus ODP ya se había extendido como una mano negra por todo el planeta, provocando en la gente, tras una incubación de veinticuatro horas, la más horrible muerte de las muertes: el olvido.

Vimos aviones caer del cielo porque a los pilotos se les olvidó batir las alas. Los periódicos mostrando en primera plana el choque de un navío mercante contra las pistas de paddel de una urbanización con setos recortados a lo afro y vigilante jurado. Vimos en la tele desbordarse una presa, inundar una ciudad, arder una central nuclear y aquel ruido de bocinas pi pi pi de manera alarmante y la carne haciendo crekccc hasta agrietarse. Transitar por las aceras se convirtió en un acto suicida, la calle, era como una feria con autos de choque y artistas que saltaban desde las ventanas porque no se acordaban de que había ascensor. Los bebés lloraban de hambre en sus cunas sin que nadie llegara con nada en el pico. Se cagaban encima y morían completamente solos y deshidratados como hojas de te puestas al sol. Con los ojos abiertos, sin bautizar y con nudos en el estomago de hambre, como puños. Los animales del zoo aparecían de pronto de una esquina porque nadie cerraba sus jaulas, y era normal ver a las jirafas devorando macetas de balcón o a los rinocerontes bebiendo en una fuente pública.
El ODP era un auténtico hijo de puta y no había manera de pararlo. Lo intentaron; pero no había tiempo, el virus se lo comía todo a una velocidad imposible. Te dejaba vacío. Hueco por dentro, hasta que te olvidabas de beber o respirar, y caías redondo como un saco de naranjas sobre el pavimento sin saber por dónde te habían metido aquella puñalada. Incluso el Air Force One se estrelló de boca contra un arrecife de coral con todos dentro. Se colaba por todos sitios, incluso en los bunkers más acorazados, si había aire, estabas muerto, llegaba a cualquier parte, y cuando el virus te encontraba, te lo quitaba todo.

Eva y yo nos inyectamos la vacuna hace dos días. Si no nos cae un aeroplano o un tren nos descarrila encima, mañana llegaremos al Cairo.

-Tenemos que echar gasolina.

Eva no contesta. Está tan triste, que parece un poema de Alejandra.

-Eva...

-¿Sí?


5 de octubre de 2016

Proyecto EVA: ...three...



El plan de Eva es el siguiente: ADN es ADN. Así que ha metido en el maletín el cepillo de dientes de Natalia, porque dice, que alguien que puede saber lo que va a pasar cuando el virus ODP mute en asesino en serie de la humanidad, también tiene que saber cómo arreglar esto, si no, ¿para qué mandan un mensaje desde el espacio interestelar? Así que te vas a meter en la máquina, y vas a viajar, dice, por toda la galaxia y cuando llegues, te vas a ocupar de Natalia, porque sabes, el ser humano se merece esto, porque sabes, el ser humano, es extraordinario.

Cuando ha dicho extraordinario, me he acordado de todos los jefes que he tenido y que no han pagado mi seguridad social. Del presidente del gobierno. De las empresas donde trabajé 12 horas y cobré 6. De el estrangulador de Boston y de Hannibal Lecter. De Atila. De las victimas del terrorismo, de las victimas de la violencia machista, de las victimas de la inmigración. De Europa. Aquel sueño. De la guerra Santa y la conquista del Oeste. De Caín.

Eva está loca.

Pero me gusta cómo suena extraordinario. Sí, Eva, ta-tachan ta-tachan me voy a montar en una nave espacial con un cepillo de dientes y a tener en un nuevo y maravilloso planeta en el quinto carajo un montón de bebés con mango anatómico.

Por favor...

Pero pasa que la quiero. Aunque no se lo diga. Porque Eva sí es extraordinaria.

Salimos hacia El Cairo esta mañana. Había dinero en el maletín. Aunque intentaremos pasar inadvertidos. Viajaremos en bus. Dormiremos en pensiones baratas. Tal vez nos estén esperando a los pies de la pirámide, pero supongo que a mi Eva se le ocurrirá algo.

Mientras tanto, en algún lugar del mundo, alguien está llamando por teléfono a la gente importante de los laboratorios:

-Tenemos un problema con el ODP. Ha mutado. Aún no sabemos cómo.

-¿Cómo de gordo es esto?

-Se transmite por el aire. Y es mucho más agresivo.

-Pero lo habéis aislado a tiempo...¿verdad?


4 de octubre de 2016

Proyecto EVA: ...four...




Natalia está muerta.

Los vecinos dicen que se escucharon disparos en la granja. Que eran seis hombres por lo menos. Que a la chica la habían degollado y luego le habían colgado un cartelito de cartón al cuello con un cordón de zapatos que decía: “Puta”. Torturaron a Isaac para que les dijera dónde estaba el maletín con la vacuna. Pero Isaac no dijo nada, si no, no lo hubieran echado a trocitos a los cerdos. O tal vez sí. Pero no dijo nada.

“-Dejó esto pata ti”.

La vieja lo ha sacado del pozo. El maletín.

Es la primera vez que comemos caliente en muchos días. La primera vez en muchos días que veo a Eva así, tibia y tranquila, mientras habla en ruso con las mujeres. Hablan de bebés. A la luz de la hoguera. Como si todavía conservara la esperanza. Hoy pasaremos la noche en un colchón de verdad con sábanas limpias y una almohada. La abrazaré, y le diré al oído que no pasa nada. Que ahora que ya no tengo que salvar el mundo, que el Buró dejará de perseguirnos porque ya no significo una amenaza, podemos sentarnos si quiere por la tarde en un columpio que hay fuera hecho con un neumático. Y esperar que todo acabe. Juntos.

Pero Eva tiene otros planes:

-Dime que soy bonita.

Claro que eres bonita Eva. Eres bonita desde que dejabas un huequito de culo a los pies de mi cama y yo creía, que sólo eras un sueño.

Y entonces me agarra de la mano y me la pone en su barriga y dice, escucha, si el mundo no se acabara  dentro de dos meses, sería pianista, ¿eso no es, Debussy?
Y me mira tan dentro.
Y brilla tanto.

-Eres tan bonita, que da asco.

Sonríe, Eva.

Y sonríe. Porque soy muy gracioso. Y luego me suelta lo de que, como es tan bonita, entonces “mañana saldremos hacia El Cairo”.

-¿Para qué?

Eso. ¿Para qué? Si soy un animal en extinción. El último de mi especie. Si Natalia está muerta. Si no hay donde plantar una semilla. ¿Para qué?

-He estado pensando.

Ha estado pensando.



3 de octubre de 2016

Proyecto EVA: ...seven, six, five...



El tren sólo llegaba hasta aquí. Aún estamos a 80 kilómetros de Nikopol. Y a tan poco de Natalia.

Buscamos cobijo en una fábrica abandonada. Va a nevar. Eva lleva una bolsa con cerezas. Algunos cigarrillos. Y un chupete. Pensé que, le haría ilusión. Aunque fuese robado. Y aunque no fuera precisamente su novio ni la hubiera llevado nunca en moto al cine a estrenar su pañuelo rosa contra el viento. Y porque hoy creo que le dije una cosa fea: “Nunca voy a decirte que te quiero”.
Hizo como que no, y respondió “Nadie te lo ha pedido”; pero sí. Eso se nota. Se nota en los ojos. Los ojos no mienten.

Sabe que tengo el corazón hecho trocitos. Porque le hago daño a las cosas que toco. Que se rompen. Que luego lloro como un niño. Porque fue sin querer. Sabe que tengo todos los defectos de un homínido. Que he cometido una montaña de errores. Que los he vuelto a cometer. Que llevo siendo desde siempre la persona menos indicada. Huyendo. Hacia ninguna parte. De corazón en corazón. Eva sabe que a veces es tarde. Que ya no basta con pedir perdón. Que veces, la gente te olvida. Porque quiere olvidarte. Me ha visto escribir cartas donde dice lo siento. Me ha visto contarle a los geranios lo que yo daría por...me ha visto poner una película de Meg Ryan y un paquete de clinex junto al mando a distancia y me ha visto ir a la cocina a por un enorme vaso de helado de chocolate y deshidratarme en la escena en que se besan. Me ha visto echar de comer a las palomas. Zurcir un calcetín, mal, por supuesto. Me ha visto mirarme en el espejo y convencerme de que soy completamente idiota. Eva ha visto tantas cosas. Pero nunca me ha visto fracasar. Aunque haya leído un dossier de tres mil páginas con mi nombre, no sabe cómo es. Cuando miras atrás. Cuando lo sientes. Cuando lo sientes de verdad, como esas veces que en mitad de la noche te despierta sudando, y tienes que salir a tirarte por el balcón. O a fumarte un cigarro.

Que no sé ser feliz. Que estoy cansado de intentarlo. Que un día me senté en el sofá y me quite los zapatos y me dije: no dejes que se acerque nadie más.

Y ahora precisamente Eva. Justo cuando va acabarse el mundo.

-A lo mejor el Karma existe.

-No tengo ganas de discutir Eva.

Porque conozco esa mirada. Esa manera de mirar hacia otro lado, mientras deja caer una piedra en mi tejado.

-A lo mejor el Karma, te andó buscando. Ya ves, a la persona menos indicada. ¿No es eso lo que vas a decir?

No. Iba a decir “No iré a ningún sitio sin ti”. Pero no he dicho nada. Para qué. Eva lo va a decir todo. Espero que se canse y se duerma antes de llegar a la parte donde dice:

-Puedes negarte a salvar el mundo. Pero es una buena manera de pagar tus platos rotos. ¿No es lo que quieres? No hace falta ser Bruce Willis. Sólo hay que que querer.

¿Has visto un planeta morir, Eva? Yo sí. Se va desinflando ante tus ojos como una pelota de playa. Hasta que de sus sueños no quedan más que las cenizas y una vocecita saliendo de bajo los escombros preguntando, ¿Hay alguien ahí?

Ni siquiera tengo un pez.

Fuera hace frío. Y me gustan los copos de nieve. Si los miras de cerca, son como estrellas diminutas, Eva, sigue diciendo cosas con la boca pero ya no la escucho desde que ha dicho, “yo, creo en ti”.

¿En serio? Aunque no voy a reírme porque estoy muy ocupado haciendo como que no le hago caso.

-Sé que me estás escuchando. Tienes que pensar en Natalia. Estaréis solos hallá donde vais. Natalia sólo te tendrá a ti. Echará de menos a sus padres, a sus hermanos, echará de menos los semáforos y las bibliotecas, las tiendas de regalos y la navidad, sus clases de aerobic, los pasteles de su tía los sábados por la tarde, las revistas de moda. Prométeme que vas a cuidarla.

Las promesas se rompen Eva. Son como pompas de jabón. Como estos copos de nieve. Sólo que de cerca, no se parecen en nada a una estrella.

Pero ella sigue:

-¿Por qué estás tan callado? ¿Te has quedado sin excusas?

No Eva, tengo el amor atravesado en la garganta.

-Prométemelo.

Vete a la mierda Eva. Ahora voy a encender un cigarro, y a hacer que todo esto no está pasando...

Pero Eva no se rinde. Hay gente que nunca se rinde.

-¿Bailamos?

Y me ha canta al oído La Vie en Rose, mientras me aprieta con las manos el culo, hasta que su ombligo y mi ombligo.


2 de octubre de 2016

Proyecto Eva: ten, nine, eight...



-¿Sabes qué me hubiera gustado-no es una pregunta? Que fuéramos novios...

Llevamos tres meses intentando ser invisibles. Hemos cruzado las fronteras por entre las montañas. Robamos comida en los supermercados y otras cosas, cepillos de dientes, calcetines... Dormimos debajo de los puentes. Hacemos auto-stop, nos subimos a los trenes de mercancías...

Este va al sudeste, hacia Nikopol, Ucrania. El plan es reunirse con Natalia. Sobrevivir. Hasta que llegue el momento.

-...y que tuvieras una moto. Y yo un pañuelo rosa. Que fuéramos al cine, que me compraras chicles, que te sacaras los besos del bolsillo, que hiciera frío, de vez en cuando y tú me abrazaras y yo te dijera que está rico así y...

Y me ha enseñado esa cosa con dos rayitas.

-Estoy embarazada.

A veces hicimos el amor entre trigales, es cierto.

No sé qué decir. El mundo se acaba y Eva está preciosa y hay vacas al fondo pastando el paisaje y medio sol y estas nubes de postal tan acertadas.
Los dos sabemos que ese niño ni siquiera va a nacer.

La tomo de la mano. Le digo que cómo vamos a llamarle. Sonríe. Me besa. Poquito. Sólo con el pico.  

1 de octubre de 2016

Proyecto EVA: La plaga





-¿Dónde está el maletín?

Los tíos del Buró ya me han clavado tres destornilladores en la pierna. De estrella. Pero yo no sé dónde está el maletín. Si lo supiera se lo habría dicho en cuanto le vi abrir la caja de herramientas.
Hay un jarrón con flores en una esquina de la habitación y Vázquez está muerto. Eso han dicho. Me pregunto cuántos agujeros le hicieron en el cuerpo antes de que dijera nada. Porque eso es lo que dijo: nada. No me hizo una sola pregunta cuando aparecí con Eva a rastras y dije, por favor. Vázquez había estado en la guerra. Sabía qué era dar la cara. Yo en cambio sólo he visto la guerra por la tele. No sé a qué huele tanta sangre ni cómo ir a por pan sin que te parta en dos una granada o, cómo es despertarse de pronto debajo de un cielo de escombros. Ver morir a tu perro, al frutero de la esquina, a tus hijos. No sé nada de la guerra. Vázquez decía que en el frente, luchabas por el hombre que tenías al lado. Por nada más. Sólo estaban allí porque eran como piezas de ajedrez.

Pero tenían la matrícula del barco y nos estaban esperando en Niza. En algún momento, Eva tuvo que tirar el maletín al agua. Hay algo en el maletín, indispensable. Una vacuna. Cuando llegue el momento. Contra el virus ODP. Lo llaman Virus piraña porque, en segundos, no queda de ti más que el envoltorio. ¿Quién? Las farmacéuticas. Se le irá de las manos. Es una nueva enfermedad que va a generar muchísimo dinero. No mortal; pero muy dolorosa. Perfecta. Pero el virus mutará. Se volverá más agresivo. Y en vez de por contacto, comenzará a propagarse por el aire.
Se investigó a las grandes multinacionales del sector. No se encontró por ningún sitio nada referente al ODP. Por supuesto se intentó, sin ningún resultado, copiar la vacuna y evitar el fin del mundo. Las vacunas estaban donde decía el mensaje. 28. Desde hacía quién sabe. Milenios, diez miles de años. El material era invisible a la prueba del carbono 14. Pero todo en aquel mensaje, era detalladamente cierto.

Alguien filtró información. Eso pasó. Seguramente pensaría que si el mundo iba a acabarse, quería morir siendo asquerosamente rico. Y un secreto tan grande valía mucho dinero. En vez de eso, una silueta apareció de detrás de una esquina una bonita noche y le rebanó el cuello de oreja a oreja. Si tenías algo que ver con aquello, si había llegado a tus oídos la palabra Acuarius o Reinicio, estabas muerto. Por eso el presidente había triplicado la seguridad personal y no asistía a los partidos de su equipo de béisbol favorito ni las casas reales se asomaban al balcón a saludar con la mano.

-Él no sabe nada. Metedle un tiro y acabemos con esto.

Joder, gracias Eva. ¿Me estás haciendo un favor? Porque yo preferiría que usaras esas dotes que tienes de súper-heroína divina de la muerte y te cargaras de un soplido a estos cuatro tíos. Aunque no lleves tacones.

-No me mires así. Van a matarte de todas maneras. No quieren que llegues a la máquina. No quieren otra oportunidad. Quieren que se cumpla el mandato del Creador. Quieren ir al puto cielo, ¿no te parece increíble? Alguna civilización simpatiquísima intenta salvar algo de todo esto y estos tíos sólo se preocupan de recibir su recompensa.

-¿Has terminado de hablar, zorra- ese tío debe medir más de dos metros-? ¿Sabes qué vamos a hacer? ¿Ves este cuchillo? Pues le voy a gastar la hoja cortando en filetes a esa, cosa.

Y me señala a mí.

Vale. He cometido algunos errores en mi vida; pero me cago en el Karma, no me merezco esto.

Había una vacuna en cada maletín. Natalia tiene otra. Son las únicas. Cuando todo comience, hay que inyectarse. Le pregunté a Eva si no se les había ocurrido adelantar, a esos extraterrestre, el viaje. Si era necesario esperar hasta el último momento. Y me contó no sé qué cosa sobre la teoría de cuerdas y los agujeros negros y la antimateria y..., pero no entendí nada. Ni ella tampoco. Pero los dos sabíamos por qué era. Por qué Natalia y yo teníamos que ser testigos de aquella masacre. Y empezar de nuevo. Sin un bien, ni un mal. Sin guerras en el pecho. Sin miedos. Desde el puto cero. Sin manzanas prohibidas.

-O mejor ¿sabes qué, zorra? Le voy a meter un puto tiro a tu “Salvador” de pacotilla y después te voy a bajar las bragas y te voy a follar antes de darte con una tubería en la cabeza. Me haré un selfie contigo y lo pondré de salva pantallas en el móvil. Serás, como mi chica especial. ¿Qué te parece?

-Si vuelves a llamarme zorra te arrancaré las pelotas con mis propias manos.

Joder, se pone tan bonita cuando se enfada...

Y entonces el tío se ha vuelto y.

-¡Pum!

¡Joder! ¡Me han disparado! ¡Otra vez!

Y después, Eva desenfocada y un precioso fundido en negro con títulos de crédito y todo.

Lo que pasó a continuación tuve que imaginarlo. Pero fue fácil. De pronto abrí los ojos y había cuatro tíos muertos y Eva tenía los huevos de uno en una mano y un mechero en la otra.
Y hasta le ha dado tiempo de ponerse una flor en el pelo.

El tiro me había atravesado el hombro y la bala se había clavado en la pared. Justo por donde pasaban los cables de la luz.

“-La bala sólo te ha atravesado.

Lo sé. “Sólo” tengo un agujero”.

Cuatro horas después Eva salía a la superficie del mediterráneo con el maletín entre las manos y tras otra hora y media remando fondeamos en la orilla de una playa y nos perdimos en la noche por entre los arbustos, hasta confundirnos con el resto del mundo.