25 de diciembre de 2017

V345_BBB


El amor es tan estúpido... ¿Por qué
contestas siempre “¿Qué?”cuando digo tu nombre.
Si ya sabes lo que voy a decir.
Que te quiero.
¿Pero y si un día digo por ejemplo: tienes un moco colgando en la nariz?
¿Eh? Por ejemplo.
O está eso otro de, mira: una nube con forma de osito y que yo diga
“huy-sí-es-verdad”
cuando en realidad por mí como si tiene forma
de polla; yo
lo único que quiero es pasear
contigo bajo la sombra de los árboles
y al final del parque invitarte a un helado
sólo para ver cómo sacas la lengua.

El amor es un idiota.
¿Por qué siempre tengo que comerme lo de en medio?
¿Por qué para ti la primera cucharada de la tarta y el último yogur?
¿Dónde dice eso?

En la etiqueta no.

Puto amor.

Hace siglos que “ya no queda nada”. Nunca hay chocolate.
Y yo compro chocolate. Estoy seguro.
Pero nunca hay chocolate.
El amor es mu hijoputa: “Pues yo no he sido”.
Y que te tengas que callar. Porqueparaqué, si aunque tengas todavía los labios manchados,
tú no has sido.



22 de diciembre de 2017

Hay un rinoceronte dentro de la piscina

A veces era como si Clementine fuera de mentira y hubiera que tocarla con la punta del dedo para ver si estaba allí, tan delicada como un espagueti crudo en su lado de la cama o las alas de un gorrión, tan te quiero quitar ahora mismo las bragas. Claro que, despierta, Clementine volvía a ser horrible: “Te clavaría un cuchillo en la garganta”. Sus buenos días eran así. O lo peor es que no dijera nada. Esos días podías encontrarte una cuchilla de afeitar dentro de los zapatos. O una cucaracha en el café. Pero a veces, contando coches desde la ventana-sólo los rojos-, Clementine era dulce como un higo y brillaba. Como una estrella pequeñita y lejana. Y me decía, ven, siéntate aquí, a mi lado, y dime que me amas, y yo, se lo decía: te amo. Y entonces se metía mi dedo en su boca y lo mordía, no muy fuerte; pero tampoco suave y, con los ojos en aguas, pedía más y yo se lo daba: te amo más que a nadie en este mundo. Y mordía más. Moriría por ti. Sería un zombi. Y Clementine se derramaba. Te amo en el fuego y en el barro y la miseria y soy tu carne y tu alimento. Y Clementine, cola de cometa, me abrazaba como una salamandra abraza una pared y susurrando casi me elevaba en el aire apenas seis centímetros del suelo con las velas desplegadas y rumbo a la cama y en la cama las olas nos tragaban, porque en el fondo, de nuestro mar aquel, era donde más nos gustaba naufragar hasta que el sol nos despertaba: “Hoy voy a tirarte el tostador en la bañera para que te electrocutes”. Buenos días, Clementine. Mi demonio. Mi alba.

18 de diciembre de 2017

Heard cooking



Estoy en mi sitio de la cocina cortando rodajas de merluza, guarnición de lechuga, tomates, harinando pescado, preparando las salsas y pensando en qué pasará cuando los polos se derritan, si habrá grandes olas que se traguen las ciudades o será todo como en Waterworld, aquella película del Costner que casi lo lleva a la ruina. Fuera se escuchan las voces de la gente y el ruido de los platos y los cubiertos y el trasiego de los vinos cayendo en las copas y las patas de las sillas y las risas, porque alguien ha dicho algo gracioso, supongo.

-Péinate, Talo.

Ese es Abraham. Uno de los dieciséis camareros del local. Uno tras otro, a lo largo del día, me dirá lo mismo. Péinate, Talo.

-Joder, Talo, el cliente de la 43 me tiene hasta el coño. No sabes lo que te ahorras aquí metido.

Sí que lo sé Mara. No cambiaría esta pared que tengo todo el día enfrente por nada del mundo.

-¡Necesito el segundo de la 21!¿Tarda mucho, Talo? Dime que ya está.

No está, Jeremías. No viene en lata. Hay que freírlo. Te lo puedes llevar crudo si quieres. ¿Quieres? Y no es el fin del mundo para andar con tanta prisa para comerse un bacalao. No todavía. No hoy. Hoy sólo es domingo, Jeremías.

-¿Está?

Los ojos hablan. Su idioma de ojos. Los míos están diciendo, vete a tomar por culo, Jeremías, estará cuando esté. Hay cuatro comandas antes que la tuya.

-¿En serio no vas a venir esta noche?

Y esta es Camila. La Camila que me tiene cogido de la mano. Camila es suave como una bechamel.

-¿Te vas a perder la última vez?

Se casa mañana.

-Por favor, Talo. Ven esta noche.

Y me da un beso en la mejilla. Un beso suave de Camila.

El bacalao de Jeremías ya está en el plato.

-No te lo vas a creer Talo. Me he equivocado, no era bacalao, era lubina. ¿Me perdonas, Talo? Joder, tío ¿Me lo puedes hacer? Es el único que no está comiendo en la mesa, coño, te juro que creí que era bacalao. ¿Sí? ¿Le das caña, Talo? Y te debo una.

Me debes un montón, Jeremías. Y veinte euros desde hace dos años.

-Oye tío, Camila está en el baño llorando ¿Tú sabes algo?

17 de diciembre de 2017

A+D

Después de veintisiete días muerto-oficialmente-, Danny se levantó de entre los muertos, caminó hasta la cuarenta y dos con Lexington Avenue, abrió de par en par las puertas del Majestic y se lió a tiros con todo el mundo con una Thompson calibre 22 de cuello largo. Con todo el mundo menos con el camarero. Pidió un Jameson sin hielo y puso dos dólares encima de la mesa: “Dile a Callongero que me devuelva lo que es mío”.

Porque Anabelle era suya. Todo el mundo lo sabía. Callongero también. Pero Callongero tenía la costumbre de coger lo que quería. Siempre. Todo tenía un precio, decía, tarde o temprano. Aunque si no podía comprarlo, mandaba una cuadrilla de sicarios armados hasta los dientes a que entraran de noche a por la vida de Danny y le trajeran sus tripas envueltas en papel de periódico y a Anabelle en la parte de atrás del auto.
Era difícil matar a un O´Sullivan. A su tío Brennan una vaca le había caído encima desde el tejado de una casa y había salido de allí andando por sus propios pies, hasta el bar, claro, y a Kelly, la pequeña Kelly, que era prima suya por parte de madre, la había atravesado un rayo dos veces. El mismo día. Y seguía siendo rubia. Así que cuando Danny abrió los ojos y empezó a meterse el dedo en todos aquellos agujeros que antes de irse a la cama no estaban allí, pensó que tenía mucha suerte de seguir vivo. Hasta que se dio la vuelta en la cama y descubrió que en el sitio de Anabelle, ya no había nadie.


30 de noviembre de 2017

Ergo


Como cuando te estás meando-no haciendo pis-, meando encima y
no puedes pensar en otra cosa y
por fin llegas al baño y
casi haces agua en los últimos dos metros y
te la sacas y...
-no ha palabras-.
Uffff. Con tres o cuatro efes.
Ahhh. De me muero de gusto.

Pues yo te quiero  así. Rico-rico.

O como cuando vas a cruzar un paso cebra y un coche se te echa encima y se te ponen de pronto los ojos como platos y el corazón como una moto. De 500.
Como si hubieras visto a Elvis.
"Pues ya que estás aquí cántate algo."
El love me tender, por ejemplo.
Y en lo que dura un casi barra punto huy, acordarme de ti.
Mientras el eco del frenazo
y el tío por la ventanilla

diciendo que mi madre es una puta.






28 de noviembre de 2017

Su color favorito era el naranja


Simonetta no llevó nunca de chica el pelo limpio, corría, con un palo en la mano por ahí detrás de los niños a ver quién podía más, si aquella piara de mocosos malcriados o ella, que era la reina del panal, si ella, que escupía más lejos que nadie, si ella, que había criado polluelos de vencejo entre los rizos de su larga cabellera color tierra todo el verano, que sabía encontrar los gusanos más gordos bajo la corteza de los árboles. No de todos los árboles. Simonetta y las ramitas secas con las que hacía tirachinas que eran capaces de derribar una pared. O por lo menos los cristales. Como aquella vez que. Y Simonetta subió sola a donde la señora Feli, a decirle que había sido ella. Sin querer, claro. Y rara vez llevó zapatos. O solo porque no la dejaban entrar a algunos sitios; pero en cuanto podía, cruzaba descalza hasta los charcos. A lo poco empezó a gustarle Luca, tanto, que quiso comérselo, y un día en clase de termodinámica lo mordió en un brazo. Es que te quiero, le dijo. A Luca le empezó a salir sangre del mordisco y el conserje se lo llevó al ambulatorio. Le pusieron seis puntos y una inyección para que dejaran de saltarle las lágrimas al suelo. Luca no fue a clase al otro día. Ni al siguiente. Simonetta No vio a Luca nunca más en todos los días de su vida.

23 de noviembre de 2017

Caterpillar 797F



Ahora pon un dedo en el mapa.
Te estoy viendo. No abras los ojos.
Eso es Berlín.
Inténtalo de nuevo.
Groenlandia.
Otra vez.
El vaho de noviembre.
La lluvia en la ventana.
París, Oslo, La Habana.

Mi boca.

Muñequita también me ha perdonado, yo, por cierto
descubrí el Amazonas mientras tanto y
lloré mucho por todos los donuts que devora a diario la policía de Pittsburgh.

Hay cosas que tal vez no hagamos nunca, no puedes
bajar por la nieve del Everest, le dije alguna vez a alguien, subido a una concha de mejillón.
Ni salvar el mundo,creo.
Nunca lo he intentado.

Hoy tocó hacer balance. O Bufff. Como quieras llamarlo.
Nada que ver con
ganarse el cielo. Sólo se trataba de equilibrio, ya sabes,
como esas bailarinas
que se marcan un vals sobre un caballo blanco.
Un puto caballo blanco.
He decepcionado a tanta gente, no lo creerías.
Abandoné un perro. Maté un pájaro. Te fallé. Muchas veces.

No me dan miedo los payasos.
Ni dios.
Ni siquiera que exista.

Pero es que esta historia sin ti, todavía sería más triste.



21 de noviembre de 2017

Destornillador de estrella


Si tuviera un perro le llamaría Heráclito.
¿No busca un lagarto en mitad del desierto la sombra de un árbol?
Pude decir, vivo en el metro. Desayuno esperanza. Tuve una vida.
Pero lo cierto es que tengo una tele en color donde me gusta ver
reportajes sobre las cataratas del Niágara o
la tuberculosis
y quedarme dormido y soñar con globos aerostáticos.
Con manadas de búfalos.
Con una aspiradora.

Rasco a veces con las uñas los ladrillos.

O me como el papel y tiro el caramelo.


20 de noviembre de 2017

Tijeras


“¿Está seguro de que desea eliminar estos 2654 elementos de forma permanente?”

No. Pero tengo que hacerlo. Y tutéame, papelera de reciclaje, todavía
tengo toda la vida por delante.

19 de noviembre de 2017

Martillo


“Tengo que volver a ser feliz de aquella forma. Como cuando de chica pegaba cromos de la abeja Maya en un álbum y del gusto me mordía la lengua. Encontrar la manera. Volver a cuando uno ignoraba casi todo. Y entregarme algún día a la muerte con una sonrisa tan bonita como la de Julia Roberts”

Esas son las cosas que Alice pensaba justo cuando llegó Parker.

-Hola cariño, ya he llegado. ¿Qué haces?

“Ya has llegado. Qué bien. Yo aquí, esperándote. ¿No ves el musgo? ¿Caer la nieve? ¿No ves las macetas sembradas de lágrimas? Mira como crecen. Pronto estarán en flor.”

-¿Alice?

-Tenemos que hablar.

-Joder...

-Sí. Joder. Lo de anoche se quedó a medias. Quiero una respuesta. Ahora. Aunque ya tengo hechas las maletas.

-No tengo una respuesta, Alice. Sé que últimamente no...

-¿Cómo se llama?



16 de noviembre de 2017

El amor y su puta madre


Uno se levanta del váter y antes de tirar de la cadena
se queda un momento mirando su mierda.
A ver si es bonita.

Cosas como esas.

A veces también quiero arrancarme las tripas, así
con las manos
todo muy asqueroso y
ponerlas encima de la mesa y ver cómo brillan.
Y luego sacarme los ojos.
Otras, me dejaría quemar en el infierno por ti.
Y el infierno es muy largo, seguro. Pero lo haría.
No quieras ahora medir lo que mide el amor.
El amor es muy largo. Lleva toda una vida
y a veces
el amor y el infierno
se parecen como dos gotas de agua.

15 de noviembre de 2017

Bit



¿Quiénes somos? Supongo que depende. Si le preguntas a mi vecina Pichi y a su amiga Tata te van a decir que las mejores, oe-oe-oe-, vamos a celebrarlo al bar de abajo. Pichi se ha divorciado hace poco y ya llevan como tres años celebrándolo. Porque hace poco. Tres años no son nada. En realidad treinta tampoco. Ya no son nada. Si le preguntas a un sherpa del Nepal te va a decir que de qué coño hablas. Si mi abuela no estuviera ya más muerta que los walkman que me regaló mi padre por mi cumpleaños en el 79, mi abuela diría que me iba a despellejar a correazos, por hereje. Hijos de Dios, niño, todos y cada uno de nosotros por la gloria de bla bla bla bla y se sacaba una estampita de un santo de entre las tetas y le daba besitos.

¿De dónde venimos? Pichi y Tata del bar de abajo. Se han puesto de calamares hasta el culo. Y se han reído de todo. De todo lo que no se reían antes. Tata ha entrado al baño corriendo porque se lo hacía encima y Pichi se ha tirado de cabeza en el sofá. Qué bien se está en casa, le ha dicho Tata desde el baño, y Pichi ha sonreído, y se ha quedado dormida así, con esa foto sobre el pecho.
Del mono, del barro, del Big-bang, del coño de tu madre, de un experimento extraterrestre, de un protozoo, de comprar tabaco, del médico, de la cola del paro ¿de dónde venimos? ¿Hay un dónde? ¿Hay alguna de estas estúpidas preguntas que tenga una respuesta? El sherpa se te quedaría mirando. Seguro que con ganas de empujarte al barranco. En cuanto a mi abuela, se habría muerto otra vez si levantara la cabeza. Que si eres tonto, te va a decir el sherpa, o qué. ¿Tú ves toda esta nieve? Pues ya estaba ahí cuando yo vine. Y tú eso lo tienes que entender. Da igual que parezca un Kandisky.



14 de noviembre de 2017

The man in the poyete


A veces mi vida se detiene. Es como un otoño con hojas flotando sobre el agua de un estanque. A lo lejos un pato. Una farola, un banco. Los pájaros. No falta nada. Como un cuadro bonito. Entonces me siento a la orilla, y espero.

“-Hola.”

Hola es nadie. Aquí sólo estoy yo. Pero bueno...Me pregunta si estoy triste. Le digo que un poco. Me pregunta si me gusta. Le digo que sí, que un poco. Me pregunta qué voy a hacer ahora con mi vida. No le contesto. Porque no lo sé. ¿Tengo que hacer algo con mi vida? A veces tengo esa impresión. Otras, se me pasa, y dedico mis ojos a observar la delicada forma de las tazas de café o el curso de algún río. ¿Qué te gustaría hacer, por ejemplo? Me pregunta y, le contesto que ir a Júpiter o ver el final del puto Arcoiris o montar en un Pegaso y sobrevolar la casa de Annie, la chica más bonita del barrio y, gritarle desde el cielo, eh, Annie, estoy loco por ti desde hace tiempo.

No sé que cara tiene Hola. Nunca nos hemos mirado a los ojos.

Tampoco sé nunca muy bien si Hola todavía está o ya se ha ido. Porque hace frío aquí en este otoño ya y ha comenzado, claro, a llover. Ya quiero irme de este otoño pintado y pisar el suelo y oler el humo de los autobuses. Que alguien me joda la vida. Si Hola estuviera aquí me preguntaría si me gusta. Yo le diría que sí, que un poco. Pero tampoco sé por qué. Puedo entender la muerte de una estrella y la exquisita estructura de un huevo de gallina; pero no sé quién soy ni qué hago aquí. ¿Tú lo sabes, Hola? Hola me diría que si no me basta con estar rodeado de tanta belleza, tú nunca has visto un átomo de hidrógeno, es algo precioso, tu propio corazón es una máquina magnífica, me diría, agáchate a amarlo todo con tus manos.

Adiós Otoño. Tengo que irme. Júpiter queda un poco lejos.

También hay ranas. Se me había olvidado.

13 de noviembre de 2017

En aqlla crva prdí la cbeza por ti...a


Como si ya no fuera tuyo. Y comérmelo. Crudo.
Todo elevado a la potencia ahhh+sí sí sí x ya-ya-ya elevado al cuadrado.
O al cúbito.
O a que el vecino llame a los bomberos. A la policia. A Charles Bronson.
Por ejemplo. Pero sólo contigo.

Y meter los dedos en todos los enchufes.
Los pies en todos los charcos.
La bola 8 allí, a la izquierda, y esto, aquí. En su sitio.

Te has puesto roja.

¿Cuánto tiempo llevabas mirando?

12 de noviembre de 2017

Km 236


Me acabo de sentar en la mesa de un bar del extraradio a tomar un café y en la tele hay un programa donde gana quien cante mejor y suena esa canción de Queen y pienso, coño-mirando mi bolsita de monedas- la vida es tan bonita. Tengo dos euros. Pero la vida es tan bonita. Automáticamente intento recordar con exactitud los sesos de Bernardette Plumen cayendo por la pared, porque era una yonki y necesitaba dinero fácil lo más rápido posible. O qué se sentirá cuando la carne se te separa de los huesos porque ibas en el metro y de repente, todo acaba en esa estación. Tus sueños a la mierda, tu perro a la mierda, la camiseta del equipo de tu hijo guardada en una caja de regalo para ponerla a los pies de su cama esta noche a la mierda. Levanto la cabeza del ordenador y hay una señora muy gorda metida en unos zapatos muy pequeños. Tiene pelo en el sobaco. Me sonríe. Por un momento imagino que estoy de nuevo en Alabama, sentado en una caja vacía de naranjas viendo pasar los perros por la cuneta y tirando migas de pan de centeno a las gallinas. Ya nunca me siento solo. No hay un lejos ni un cerca. Hay un dentro. Y una lista de cosas importantes para mí. Saludar al vecino es importante, a los viajeros, como tú, y a los viandantes. No sabes quien va a salvar tu vida mañana. Le sonrío a la gorda. Imagino sus tetas acunándome como a un bebé en mitad de mis noches pensando en cómo destruir todo lo que construí ayer. No sabes quién puede salvarte. También estoy a favor de los abrazos porque, son verdaderamente productivos. Ni siquiera tienes que hablar, sólo te dejas caer en el otro y durante algunos segundos nadie es blanco ni negro ni women o men o guapo o feo ni existe el suelo casi, así, tan rico, tan calentito como para quedarse todo el invierno. Yo podría vivir en esas tetas el resto de mi vida.

11 de noviembre de 2017

Horrible



A veces mataría a todo el mundo.
Sin motivos. No los necesito.
Pero ¿quién hará entonces chocolate? ¿Películas con beso?¿Quién abrirá los bares?

Os necesito, cabrones, digo, en mitad de la noche y quito el dedo
del botón rojo.

Sueño cosas así continuamente.
Otras en cambio me levanto con Excalibur entre las piernas.
No recuerdo su cara; pero era preciosa y me la chupaba de puta madre.
Sin preguntas ni balanzas. Me corría en su cara y después la besaba.
Sueño cosas así. Continuamente.

A veces traigo a casa a un pobre y lo siento a la mesa
y le doy todo mi dinero
y lo abrazo.
Y cuando termina de cenar lo mando a tomar por culo.

10 de noviembre de 2017

Asimétrico


Ahora escribo poemas de amor con cuatro patas; pero antes
doblaba las camisas así así así y así,
hasta que parecían servilletas del MacDonal´s.
Dejaba los suelos brillantes como el lago Michigan.
Sin migas de galletas ni amor para las hormigas.
Planchaba los
calzoncillos, los platos, los pijamas, los grifos de cocina, los zapatos...
y era capaz de perseguir una mota de polvo por toda la casa.
Me hacía la raya el pelo con un astrolabio
y algunos algoritmos con la ayuda de una pequeña
calculadora de bolsillo.
Tenía, una cuenta en el banco con muchos numeritos.
Un juego de sartenes.
Y un plato con cerezas de plástico encima de la mesa.

Yo antes tenía hasta prisa.

9 de noviembre de 2017

Cooper y las flores del parque


-Se puede ser feliz con muy poco ¿sabes flor? Creo que con menos. ¿Cómo dices? No, qué va, no estoy triste. Tengo algo de dinero y estos zapatos casi nuevos. Bueno, un poco. Sí. Pero estoy en ello. ¿Sabes que al final, Roguer y yo terminamos borrachos perdidos y hablando de amor la otra noche? ¿Te imaginas a Roguer hablando de amor? Pues resulta que estaba celoso. Porque le gusta May. Y nunca se lo ha dicho. Ayer May me regaló esta chaqueta que había sido de su hermano. Es de cuero y tiene un águila en la espalda, bordada, con las alas abiertas. ¿Ves? Brindamos por no recuerdo qué. Fue bonito, flor. Roguer miraba a May como si como. No seas tan cabrón con todos los demás, Roguer, le dije al oído antes de irme, la gente, no tiene la culpa de que tú no le eches huevos. No puso mala cara ni nada. Me dio la mano. Supongo que era una promesa. Sí, Cooper, se lo voy a decir cuando cerremos el local. Esta noche. Te quiero, May. Supongo que era eso lo que Roguer quería decir. ¿Se lo habrá dicho, flor? Yo creo que sí. Creo que después se besaron allí en mitad del salón del restaurante, con las luces casi apagadas y escuchando en la radio una de esas canciones con crema por encima, creo, que May recostó su cabeza en el hombro de Roguer y le susurró que era un idiota, un idiota, un idiota y, creo que lloró muy bonito sobre el hombro de Roguer porque era la primera vez en mucho tiempo que nadie la abrazaba así, sin pedir nada a cambio. ¿Y si no se lo ha dicho? Eso sí es triste. Prefiero no saberlo. ¿Te gusta la chaqueta, flor? Es un pasada. Y bueno, May me dijo que había mucho trabajo en Topeka, así que...pero he parado aquí un momento a charlar contigo. Espero no haberte molestado, no sé si estarías haciendo tus cosas de flor, y yo ahí, contándote mi vida, como si a ti tuviera que importarte...

8 de noviembre de 2017

Cooper salva el mundo




-¡Eh, Cooper, cuando termines de barrer, baja esas cajas al almacén! ¿Qué coño haces ahí agachado?¿Le estás soplando a una araña?

-No quiero barrerla.

-A ver, coño, pues le das un pisotón así y...

-Es que no quiero matarla.

-En diez minutos sale la gente de la fábrica y todavía hay que poner todos los cubiertos en las mesas.

-Ya voy.

Llevo dos semanas trabajando aquí. La araña se ha ido a meter debajo de una losa. May es muy linda. May tiene un hijo. Su hijo no tiene padre. Si tuviera padre se llamaría Donald y ahora estaría surfeando en Haway. La he visto varias veces recostada sobre el mostrador sonriéndole a tipos que no se han duchado en una semana. May tiene 19 años. También la he visto llorar un par de veces mientras hablaba por teléfono con su madre: “¿Sabes cuánto vale un alquiler, mamá? ¿Y tantos pañales? Es tu nieto. Te lo devolveré”.

-¿Te gustan los niños, Cooper?

-Hacen mucho ruido.

-Es al revés...

-¿Qué?

-El tenedor a la izquierda.

-Vale.

May tiene los ojos verdes.

-¿Por qué haces eso, May?

-¿Qué?

-Con esos tipos. Es como si fueras a montarte en un camión con cualquiera de ellos y no fueras a volver jamás. Puedes criar a tu hijo sola. Como una leona. Una leona en la sabana.

-Qué sabrás tú. ¿Eres poeta? La poesía no me va a sacar de esta mierda de pueblo.

-¿Y uno de esos tíos sí? ¿Y dónde va a llevarte? ¿Al infierno?

-Deberías meterte en tus asuntos, Cooper.

-Pues deja de coquetear conmigo.

-A la izquierda, Cooper, el tenedor a la izquierda, trae, así, esta es la izquierda, ¿lo ves? Joder, es la tercera vez que te lo digo.

-La segunda. Todavía no me he casado contigo y ya lo estás organizando todo. No funcionaría, May. No soy lo que buscas. ¿Eso es una sonrisa? Wow...es preciosa. A la izquierda, vale.

-Cuando dejéis de hacer el gilipollas, abrimos. ¿Porque no hay beso, no? ¿O sí?

Roguer es el encargado. Se encarga de hacerle la vida imposible a todo el mundo. Y lo hace muy bien. Bravo Roguer.

-No me caes bien Roguer.

-¿Cómo dices?

-Y no, no hay beso. Pero May y yo vamos a bailar esta canción. ¡¿Puedes subirle el volumen a eso, Patricia?! ¿Bailas, May?

-Estás muy loco, chaval. Te acabas de quedar sin trabajo.¿ Que si bailo? 

-Me encanta esta canción. ¡Gracias, Patricia!

-Bailas fatal.

-Ya lo sé.

7 de noviembre de 2017

Cooper estrena zapatos


Vale. Mírate los bolsillos, Cooper. Cincuenta con veinte. Y ni siquiera sé como se llama esta ciudad.

-¿Me das algo para comer?

Mierda. No lo mires directamente a los ojos. Joder, está hecho un asco. Saca la mano del bolsillo, Cooper. Le falta un brazo, catorce dientes, el zapato izquierdo y un trozo de oreja. Nada de contacto visual, Cooper. Y hace un frío que te cagas. Cuando cierren la estación esto será un desierto. Un desierto helado. Saca la mano del puto bolsillo.

-Gracias, amigo. ¿Eh, dónde vas? Deja que te invite a una botella aquí al lado. ¿Eh, amigo? ¿ Cómo te llamas?

Gilipollas me llamo. ¿Y ahora? Ah,sí, ya recuerdo. Hacia delante. Siempre hacia delante. Eres tonto, Cooper. Siempre serás tonto.
Hay más cosas además del amor. La tortilla de patatas. Que los peces del río se te coman las uñas de los pies. Las pelis con naves espaciales y planetas lejanos. Aerosmith. Y la Simone, claro. Este sitio, por ejemplo, con árboles. La hierba...

-Oye chico... ¿eso es marihuana?

-¿Em?

-En este condado no hay mucha gente que fume esa porquería. No nos gusta. Además estás en una propiedad privada.

-Pues verá, agente, yo vi árboles y pensé...ya lo apago.

-Buen chico. ¿Y dónde vas?

-A ningún sitio en concreto.

-Así que piensas pasar la noche en un banco del parque...

-Eso pensaba.

-Verás, el calabozo no se usa desde que Harlem dejó de beber. Antes había que tenerlo ahí una noche no y otra sí. La armaba gorda ¿sabes? Una vez le metió fuego a una vaca. Quiero decir, que, bueno, hay mantas limpias y aquí fuera está helando. Claro que tendrías que infringir alguna ley para poder detenerte. Una pequeña. De una noche a la sombra. No sé si me entiendes.

-¿Por ejemplo?

-Faltar a la autoridad. Por ejemplo.

-Ah...

-¿Y no se va a enfadar?

-Bah...es un puro trámite.

-¿Lo promete?

-Tú no te pases. Por si acaso. Y tampoco menciones a mi madre.

-Vale. ¿Ya?

-Cuando quieras.

-¡Me cago en tus muertos!

-¿No te he dicho que no mencionaras a mi madre, hijo de puta? Sólo lleva muerta una semana. Te voy a meter un tiro aquí ahora mismo, cabronazo, mira, ¿ves, ves el cañón de mi puta pistola apuntándote en las sienes?

-¿En serio va a ponerme las esposas?

-Y no te las voy a quitar en toda la noche, cariño, te voy a dejar el culo como una flor.

-Yo no soy uno de esos chicos duros que mascan tuercas ¿sabe agente...qué coño dice ahí?

-Kowalski. Tiene derecho a permanecer en silencio, tienes derecho a...¿A que estás acojonado, eh, chaval? Es broma hombre, ahora te quito las esposas. Mi madre vive en Wichita. Ahora mismo estará poniendo a enfriar en la ventana una tarta de manzana. ¿Tienes hambre? Tengo pollo al curry en el microondas de la comisaría. ¿No te habrás meado encima, no?

La celda está limpia como el culo de un bebé. Hasta hay un jarroncito con flores de jardín encima de una repisa.

-Así que...

-Ya te digo, Kowalski, una puta mierda.

-¿Pero todavía la quieres?

-No lo suficiente. ¿No crees?

-Mi mujer cocina de miedo, ¿eh chico? ¿Quieres más pollo?

-Prefiero acostarme. Mañana me gustaría seguir mi camino temprano. Me gusta ver amanecer. Es como si todo comenzara de nuevo.

-¿Qué camino? Bueno, perdona muchacho, no pongas esas cara, pero no parece que vayas a ninguna parte, y la verdad, a saber dónde vas a dormir mañana.

-El camino está ahí, aunque no lo veas. Ahora es el camino. Pregúntele al pollo. Lo he dejado en los huesos. El camino es cada paso, Kowalski, cada puto paso. ¿Quiere otra calada?

-No chico, gracias, tengo que terminar unos informes y la verdad es que no fumaba desde la universidad. Qué tiempos...allí conocí a Becky, por cierto, llevaba puesto un vestido color...

La ropa de la cama huele a suavizante. Lavanda o algo así. Seguro que ha sido Becky. Estoy hecho polvo. ¿Dónde está Harry Potter cuando le necesito? Contaría hasta tres y cuando despertara ya sería mañana y no me dolería nada. Uno, dos, y...

-¿Te vas?

-Buenos días, Kowalski. Sí. El sol me está esperando.

-Eres raro de cojones, chico. No olvides tu mochila.

-Eh, Kowalski...

-Y cierra la puerta al salir.

Ahí está. Redondo, magnífico, deslumbrante. Y no hay una sola nube en el cielo. Me he dejado el mechero en la comisaría. Joder, no me lo puedo creer, el primer día de mi vida y no puedo encender un cigarro. Piensa Cooper. Sí, en el bolsillo de atrás de la mochila. Aquí está. Espero que funcione. ¿Y esto qué es?

Dos billetes de veinte y unos zapatos casi nuevos. Son de mi número.

Joder Kowalsky...

6 de noviembre de 2017

Básicamente


¿Sabes cuántos millones de personas hay en el mundo? ¿Qué diferentes? Y todos tienen una historia que contar. Esta, es la mía.

Básicamente soy un átomo. Y digo, básicamente porque no tengo ni puta idea de lo que significa. Sé que me siento pequeño. Un átomo, sin saber lo que digo, no puede separarse en trocitos, como se llamen. Creo que explotan o algo así. De hecho nada debería romperse en trocitos. Ni un corazón, ni una patria, ni esa persona a la que dices que quieres; pero. Ni una montaña. Ni un Iceberg ni una castaña ni el ojo de una aguja o una mariposa. ¿Una mariposa sin alas? ¿Montañas sin cumbres nevadas? ¿No te gusta la nieve? Nada debería ser de otra manera que como es. Que el león coma hombres; que los salmones luchen contra el río; que llueva sólo cuando tenga que llover; que nadie nos pusiera un cartelito de esto no se puede hacer. Ni lo otro tampoco. No toques eso. No pises lo otro. No lo que sea. Que no toques. “Porque a mí no me gusta”. Pues vete a tomar por culo. A mí no me gusta nada de ti y siempre acudo cuando silbas. Y te doy besitos. Y hago el tonto. Ya sabes, eso que tampoco te gusta. Te pongo el móvil en la oreja y te digo baila conmigo esta canción yte aprieto el culo con la mano que me queda y como no tengo más manos, toma, mira qué duro tengo esto, te digo, para que veas que te quiero, así, en pijama, pero no, mal, caca, no hagas más el tonto que tengo muchas cosas que hacer.
Yo en cambio sólo tengo que vivir.
Y ahí es donde he comprado un billete de avión. Lloraré, lo sé; pero no ahora. Ahora sólo pienso ocuparme de que nadie me rompa en trocitos.

“Será que ya no me quieres querer más”.

Será.

Llamadme egoísta, pero también podéis llamarme Cooper. Ese es mi nombre.

3 de noviembre de 2017

Olaia y la montaña mágica, último capítulo.



“-...pero tendría que conseguir un permiso del ayuntamiento, claro, señora 
directora, digo yo. Aunque tratándose de usted...bla bla bla...y teniendo en cuenta 
quien es su marido...bla bla y bla”. 

El tiovivo se queda en mitad del jardín. Las niñas hacen cola para montar en 
Rocinante o Babieca o en Furia, el caballo negro. Uno no se cansa nunca dicen de dar vueltas y vueltas y vueltas sobre el lomo de Pegaso o de trotar en círculos a la grupa de cualquier Unicornio. Y hace bonito en mitad del jardín, bajo los cedros, ver a las niñas dispararse balas de mentira jugando a ser cowboys algunas, y otras echando 
carreras que nunca gana nadie por mucho que le susurren a su caballo al oído vamos, corre, corre, que ya casi llegamos a las tres y diez minutos de la tarde.

El teniente Coronel de la guardia civil Emiliano Salcedo se acaba de meter un tiro en la boca con su arma reglamentaria. Justo a las tres y diez minutos de la tarde. A la hora misma en que Che Huan Liu, al otro lado del mundo, come grillos fritos en un puesto callejero de Bankog camino del trabajo. 

Amarula, sentada en el tronco de un árbol caído, balancea los pies como quien tiene todo el tiempo del mundo. Se le han ido los colores de la cara y si no fuera porque Olaia le recuerda cada noche antes de dormir que no se muera todavía, por favor, ya se habría olvidado de vivir hace tiempo. 

-Yo puedo ayudarte a salir de ahí. 

Amarula mira a Leonor, la gran escapista, la que nadie sabe cómo, la que la ves, y ya no la ves, la del conejo en la chistera, la... 
Salir de este cuerpo, piensa Amarula, que me duele, que se rompe, que ya no sirve, 
de esta carne que se pudre por dentro, de este lugar con bichos que me comen.

-Si quieres. 

Mira a Leonor y mira las hojas de los árboles y los pájaros y el sol en el cielo de las tres y diez minutos de la tarde y las ardillas y los ladridos de los perros a lo lejos y el volante de las faldas de las niñas al viento y las huellas en la tierra de los ciervos y más allá seguramente, el mar, en algún sitio, y recuesta su cabeza en el hombro de Leonor y le contesta que le hubiera gustado estar aquí, un poco más. 

El mundo parece tan normal a las tres y diez minutos de la tarde...Y en cambio Marfelino está pariendo una camada de gatitos. Se equivocaron de nombre. Tendría que haberse llamado Aghata. O Verdiflor. O qué lista que soy que estoy aquí bien calentita y me traen leche y además por las noches mi gato viene a verme. Tan guapo. Tan chulo. Tan malo. 
Siete gatitos con rayas en el pelo y los ojos de no haber roto nunca un plato. 

Han pasado los días desde lo de Nuria. Han pasado las nubes, los trenes por sus 
vías, la gente con paraguas por los pasos de cebra...

-Nunca me han besado. 

-Tampoco te pierdes nada, Olaia. 

-Miente muy mal, señorita Marie. 

Bajo los cedros, a las tres y diez minutos de la tarde, Marie de la Montagne va a contarle a Olaia lo que sabe de los besos: 

-El beso mariposa, por ejemplo, un tontería que consiste en mover las pestañas muy cerca de los labios. A mí no me gusta. Me da cosquillas y estornudo. El polaco lo hacía. Y además me llamaba ¿cómo era? Pastelito. ¿Te imaginas? “Pastelito”. ¿Tengo pinta de pastelito? Da igual. Se fue. Porque no tengo piernas. Ya nadie volverá a llamarme pastelito. 

-Se fue porque es usted la persona más desagradable que he conocido en mi vida. 

-Sí, es cierto. Bueno, luego están también los besos pequeñitos, niña. Esos tampoco me gustaban porque se ponía muy pesado por aquí y por allá y por todos los lados, no se cansaba, y la verdad, yo tenía otras cosas que hacer, estaba sacando el bachillerato  y... 

-¿A qué sabe una lengua? 

-Todavía no pensaba llegar ahí. Pues sabe a...por ejemplo: si has comido cebolla...

-Señorita Marie... 

-Los echo de menos. 

No muy mucho más allá de donde el tiovivo hace felices a las niñas sólo con girar, el inspector González da otra vuelta alrededor del cadáver: 


-¿ Y eso que le sale de la boca?

-Pues no lo sé, señor inspector. No queriamos tocar nada hasta que usted no llegara, ya sabe, es el procedimiento.

-El procedimiento, el procedimiento..Es usted tonto de su puto culo, Mejias. Le
aguanto sólo porque es sobrino de mi esposa; pero me cae usted como una patada en los cojones. Tire, a ver qué coño es eso.

Y Mejias tira de la punta de aquello y como en un truco de mago al muerto le va saliendo de la boca metro y medio de no se sabe qué.

-Usted dirá, Mejias.

-Pues yo juraría que es un lazo para el pelo. Un lazo azul, vamos.

-Celeste, Mejias, celeste. ¿A ustedes que le enseñan en la academia? ¿Y qué
hora es?

-Las tres y diez, señor inspector.

-¿No  iba a venir Santos con unos bocadillos? Apunte que lleva muerto por lo menos una semana. ¿Usted a qué huele, Mejias?

-A Varón Dandy, señor inspector. Es la colonia que me regala siempre mi mujer en nuestro aniversario. Desde hace ya...

-Que a qué huele en esta habitación, hombre Mejias, por los clavos de Cristo, tenga usted piedad de mi úlcera.

-¿A pescado? Es que el muerto por lo visto trabajaba en la lonja.

-Y se lavaba poco, claro.

-Cómo vivía solo...

-Vivía solo y era un guarro querrá usted decir. Apunte.

-¿Que era un guarro?

-Que tenía un objeto extraño en la boca, Mejias. ¿Usted tiene corazón? Hasta que
no me vea echando espuma por la boca no...

-Señor inspector...

-Dígame, Cáceres.

-Baje al sótano. Hemos encontrado una caja con más como esta.

Una foto. De una niña. Jugando. A sus cosas de niña. Y en la caja hay más. Mas fotos de muchas niñas. Tomadas desde lejos, algunas borrosas. Fotos de niñas desde lejos jugando a sus cosas.

-Hijo de puta...

Lo del muerto lo filtró a la prensa vete a saber quién,  y al día siguiente, ya estaba en la portada del periódico.

-Horrible, señora directora. Y aquí  al lado, qué miedo- la enfermera Juana pone el dedo encima de la foto-. Yo no sé cómo está el mundo, señora directora,  esto es cosa de un loco, lea, lea, cuarenta y cinco puñaladas con un cuchillo de cocina. 

Del lazo y de las fotos la prensa no dijo nada. Todo se compra. Sobre todo el silencio. Púdrete, cabronazo, dijo el inspector antes de tirar el cuchillo al río. Horas antes le había preguntado a Mejias, como quien no se acordaba: "¿Usted tiene hijos, no, Mejias?". Y Mejias, le había contestado que dos.

La profesora Marie y Olaia llevan un rato al trote mientras cae la tarde. Olaia va en un caballo blanco como el de Santiago y la señorita Marie en una carroza con forma de calabaza tirada por dos potros del color de la cenizas.

-No me mire así, profesora. No he sido yo.

Casi, el gato de Manolito el de la Cuesta, estuvo jugando con el lazo de Olaia toda la tarde aquella después de la excursión,  hasta que Manolito, desde lejos, le tiró una piedra gorda a ver  si.  Pero no. Manolito recordaba haber visto aquel lazo en el pelo de la niña jaula, y se acercó la mañana del día siguiente al colegio para devolverlo. Lo dejó en recepción. Y como no habia nadie y tenía prisa por volver a su anonimato de loco del pueblo y sus cosas pendientes con la vida, lo dejó  sobre el mostrador. Cuando la recepcionista volvió del baño, sobre el mostrador, ya no había nada.

Pasaron más días y más nubes y más gente cruzó los pasos cebra y las chicas de la banda se miraban de reojo buscando un desliz, una huella en la cara, un algo que las delatara. Cuarenta y cinco puñaladas. ¿Quién? Quién o ninguna. Qué locura. Son sólo niñas.

Y así, llegó el domingo.

-Mamá...

- ¿Qué, hija?

-Te quiero.

-Claro, hija, ya lo sé. Como siempre.

-No mamá.  Hoy soy la hija de la Vasca.

Eugenio y papá Ramón se hacen los valientes, pero les falta esto para echar una lágrima.

Olaia está preciosa. Y hoy es su cumpleaños.

-...y este es el tuyo, Catalina- ¿para qué le hablan, si no oye?-. Es un trozo grande- si no ve-. De fresa con natas.

Si no te escucha.

Catalina no sabe cómo son las cosas. De qué color. Ni de qué forma. No sabe que es la música. Ni siquiera sabe que exista esa palabra. No ha visto nunca un globo. Ni un dedal o los ojos de un perro.

Seguro que si alguna vez tuviera  un cuchillo de cocina entre las manos, no sabría qué hacer con él.

22 de octubre de 2017

Olaia y la montaña mágica, penúltimo capítulo

" -...en el año de nuestro señor de 1954."

Nuria ha muerto.

Ha saltado por una ventana de la casa cuartel. No estaba  muy alto, pero sabía exactamente donde caer.

-...y dicen que tenía tres lanzas del águila clavadas en el pecho. Le salían por la espalda. Se lo acabo de escuchar a la enfermera Juana. En el pasillo.

Olaia se ha quedado mirando a ninguna parte. Las palabras de Marta hacen eco en su cabeza como una mala borrachera, un mantra, un taladro, como un martillo. Como si no fueran verdad: " Casi la entierran con la estatua de lo que costó desclavarla"

Mirando un punto infinitesimal en ningún sitio , cuasi invisible, sub-atómico, far far away.  Y por ahi, por un agujerito tan chico, Olaia ha desaparecido.  De pronto ya no está. Su pellejo está en el suelo desinflado como un globo tres días después de un cumpleaños. Marta ha intentado rescatarla del vahido, salvarla del impacto contra el planeta tierra; pero como no tiene brazos...

Olaia  se ha caído tantas veces... aunque  siempre se levanta,  qué remedio, ahora mismo, está abriendo los ojos y diciendo, no es verdad, te lo estás inventando. Y se ha vuelto a desmayar. Volverá a levantarse. Siempre lo hace. Qué remedio.

Al día siguiente es otro día y al siguiente otro día mas, dias de ¿ Olaia dónde está? ¿La viste?, de Olaia caminando pegada a la pared como una monja, de Olaia triste como un sauce, ¿alguien la ha visto? ¿ Dónde esta Olaia? Y al dia después del dia siguiente apareció por  las cocinas diciendo, tengo hambre, y sin pedir permiso cogió una manzana del frutero y la mordió. La cocinera no dijo nada. Le vio los ojos. De donde fuera que había estado esos dias nublados,  se había traído algo consigo. No se veía. Pero allí estaba y nadie sabía lo que era.
Y  ahora  ya es domingo. Día de visita. Eugenio no ha venido. Lo echa de menos.

-Estás, diferente. ¿Y tu lazo?

-Lo perdí en la excursión.

-Con lo encantada que estabas con ese color. El próximo domingo te traeré otro igual.

-No importa, mamá. Sólo era un lazo.

O hace mucho que no llueve, o Catalina ha perdido el olfato. No otea el horizonte desde...

-¿Seguro que no escucha?

- Nada, mamá.  Como una tapia.

-¿Y  no ve nada?

- Y ahora vas a decir que cómo se puede vivir así. Pues se puede. Ella puede.

- No, hija. Iba a decir que esto es para ti.

Una carta.

-Si alguna vez quieres saber quien es tu padre, ábrela.

Unos metros más allá, la enfermera Juana se deja seducir por los modales de un Don Quijote encantador que dice que no ha visto en su vida una piel tan brillante, unas cejas tan finas, a pincel, tanta carne y tan mansa, que cómo alguien así no va a dejarlo entrar con el paquete. ¿Porque me va a dejar entrar, verdad, palmera del desierto, dulce de leche, diosa, que es usted una diosa?

- Es que es enorme, Don Eugenio. Si no cabe por las puertas...y además, ¿ qué  es? Porque yo de usted no me fío.

-Una sorpresa mujer, ¿ no lo ve?

- Veo una caja de madera de dos por dos metros con un señor a cada lado con bigote y los brazos de mármol. ¿Qué trae dentro? ¿La torre Effiel?

-Pero las otras cajas son más pequeñas....

A metros, Olaia le está diciendo a Papá Ramón que le deje el mechero. Que para qué, si ella no fuma ni que él  se entere. Se lo da. Y Olaia vuelve donde la Vasca dejando a Papá Ramón enfrascado en una sutil conversación con otro padre de visita: "Los cojones. Donde se ponga una pierna de ternera con sus patatitas y..." Porque el otro le ha dicho que hace poco han estado es París, qué gran ciudad, cuanta luz, que croissants...

Olaia le ha prendido fuego a la carta. Arde entera encima de la mesa. Con todos sus secretos dentro.

-Todo está bien así, mamá. Siempre lo estuvo.

-Qué mayor te me has hecho de repente, hija. Yo...

No sabe qué decir. Pero tampoco hace falta. Y además por ahí viene Eugenio con los brazos en alto gritando que mira lo que traigo, lo encontré en una subasta y me acordé de ti. Y en el revuelo todo brilla más mientras los mozos se afanan abriendo cada caja, montando cada pieza ante el asombro de las niñas, de sus padres, de la directora...


- ¡Hombre de Dios! Es usted un loco.
¿Pero qué  es eso?

Un Tiovivo. Dieciocho caballitos al trote. Todos con sus nombres pintado en la montura y las crines al viento.









15 de octubre de 2017

Olaia y la montaña mágica, capítulo 18




Así que ahora Marie de la Montagne era cómplice. De lo que sea que estuvieran haciendo. La cara que puso cuando Belinda le dijo que tenía que jurar con saliva.

“-Esto no significa que seamos amigas”.

Manolito el de la Cuesta-porque vivía al final de una cuesta, claro, muy larga muy larga al termino del municipio que subía resoplando y bajaba rodando como una pelota-, era en realidad un pleclaro, un hombre sabio y dado a los silencios que venía de todas partes y no iba a ningún lado, y que aunque hubiera recalado hacía tiempo ya allí en el pueblo por no recuerda qué, nunca volvería a ningún sitio, y de no tener patría, así, ni dios ni una bandera, al cabo de los años terminó por hablar solo por la calle no se sabe con quién. Decía, que en el futuro-se sabía de memoria todos los libros de Verne- la gente haría lo mismo con algún artefacto invención del demonio y nadie diría que era raro porque lo haría todo el mundo. Pero por entonces era raro. Los vecinos mascaban que estaba cada vez más loco y que a saber en qué agujeros había estado y haciendo qué cosas que lo mismo hablaba en alemán con una farola del parque que inglés con las macetas de geranios que islandés con el reloj de pared que ruso afeitándose, cada tres o cuatro meses, si acaso, enfrente del espejo.

-No hay nadie.

La señorita Marie y una fila de niñas con carpetas y un lápiz y una bolsita de plástico con un bocadillo en la otra mano de tortilla, han salido temprano de excursión a visitar la casa del poeta local, que nació aquí y aquí murió de una piedra muy gorda en el riñón justo en el número cuatro de esta calle.

-¿Y a qué hora abren, sabe usted?

-No abren. Lo cerraron.

-Bero ahí dize abierto de nueve a doze y de...

-Lleva ahí puesto veinte años y nunca he visto entrar a nadie, niña.

“-...y creo que les vendrá bien tomar un poco de aire fresco después de todo lo que ha pasado. ¿No cree? Su marido está impecable en esa foto, señora directora, hacen ustedes una pareja tan...

-Pero tenga usted muchísimo cuidado, señorita Marie, lo que menos falta le hace ahora a este centro son más problemas. La hago totalmente responsable de esto, usted sabrá. No sé si aún no es pronto todavía para...

-Saldremos a las siete. Verá como vienen de otro color.”

-¿Y qué le pasa a esa?

Belinda le ha cogido la mano a Catalina y la ha llevado con ella dos pasos más atrás bajo las faldas de Olaia.

-No oye. Ni habla.

-Ni ve...Joder. Parecen ustedes un circo.

-¿Pero cómo se permite esas licencias señor como se llame usted?

-Soy el loco del pueblo dicen señora, menos bailar con la más guapa, me lo puedo permitir casi todo.

-No tiene usted es el más mínimo tacto.

-Pero tengo queso. Y un patio. ¿Tenéis hambre, niñas?

-Yo ziempre dengo hambre.

-Belinda...

-Ez que dengo hambre señorita.

-¿Y tú con qué comes? ¿Metes la cabeza en el plato o...?

-Ze las comió un mono del barque. Se llama Marta.

-Ya está bien Belinda, ni una palabra más, y usted, señor como se llame, deje de decir barbaridades o...

Dos horas más tarde Leonor está metiendo una ramita seca en un hormiguero del patio y Marta enseñando al señor como se llame a comerse una manzana sin tocarla con las manos y Olaia y la señorita Marie y Catalina, que habían salido sin decir para qué hace un rato, acaban de llegar de darle una batida al pueblo sin haber encontrado el menor rastro de olor a pescado y se han refugiado a urdir más planes bajo la sombra de una higuera en el patio:

-No se mueve una gota de aire. ¿Será por eso?

-No, profesora. Si oliera a pescado, Catalina ya estaría como esos canarios de las minas, inquieta, algo, ya sabe, eso que hace con la nariz antes que llueva y luego llueve. Y hoy no hay mercado. ¿Qué hacemos ahora?

La manzana de Manolito siempre termina en el suelo. Se ríen. Desde la sombra de la higuera Marie de la Montagne le lee los labios a señor como se llame:

-Se llama Casi. No lo toques, que araña.

-Nozotraz también tememos un gato. Se llama Marfelino.

-¿Os dejan tener gatos en ese colegio?

-No. Eztá ezcondido. En la cazita de los trastos de jardín. Come de todo. Ya eztá muy grande.

-A este me lo encontré rebuscando en la basura. Le tiré una piedra. Pero no le dí. Y al otro día otra vez estaba allí. Tampoco le dí. ¿Y tú que tienes, guapa?

-Se me olvidan las cosas.

-Y zabe escabarse de cualquier barte.

Amarula en cambio lleva todo el tiempo callada.

-¿Qué siznifica “Joder”?

-Pues vale para muchas cosas. Si algo te asombra, dices, joderrrrrrr, con una erre larga siempre y los ojos como platos.

-¿Y para qué maz?

-Si te das en el dedo pequeño del pie un golpe con la pata de una silla a oscuras cuando vas de noche al baño, dices joder.

-¿Con una erre muy laaaaarga?

-No. Con un guión en medio y en mayúsculas, y a cada lado, un signo de exclamación y dos culebras y si cabe un rayo.

-Eze me guzta, porque tiene dibuhitos.

-También puede usarse cuando has roto algo. Un plato, un corazón, una promesa...Oye, ¿no le irás contando luego a la sinpiernas que hemos estado hablando de esto? ¿no? Tiene muy malas pulgas esa y yo estoy ya muy viejo para empezar otra guerra.

Amarula está sentada viendo el Sol. Con los ojos cerrados. En el mundo naranja.

-Niñas...tenemos que irnos antes de que empiece a oscurecer. Coged vuestras cosas y dar las gracias a este señor y en fila hacia la puerta.

-Adioz Manolito. Otto día que vuelva me enseñas máz padabras de esas.

-Bueno, señor como se llame, a pesar de que no tiene usted educación el queso estaba muy bueno, muchas gracias. Y por cierto: 1.Axh7+ Rxh7 2.Cg5+ Rg8 3.Dh5 Te8 4.Dxf7+ Rh8 5.Dh5+ Rg8 6.Dh7+ Rf8 7.Dh8+ Re7 8.Dxg7++.

Jaque Mate.

Efectivamente, la reina, cae muerta en el acto sobre el tablero de ajedrez de una partida ya antigua encima de la mesa.

-Joderrrrrrrrrrrrrr...

-¡Belinda!