12 de marzo de 2017

Historia de amor en dos capítulos: Capítulo dos. (The story of the film is based on true events, por ejemplo).




Habíamos discutido aquel día. ¿Y cuál no? Siempre fue nuestro deporte favorito. No recuerdo por qué. ¿Importaba? No: Importaba que todo saliera ardiendo.
Recuerdo que al rato llegué esa tarde del trabajo y ella no estaba. Me había pasado toda la mañana removiéndome las tripas por dentro con las manos, así, como el que exprime un trapo mojado, y entre dientes, cagándome en sus muertos. En su puta cara. En maldito el día en que te conocí. Y era peor que una patada en los huevos porque resulta que su puta cara era lo más bonito y lindo que yo había visto en mi vida y que sus muertos eran sagrados como los antepasados de una tribu india y lo menos que podía pasarme era que se me abalanzara encima como un gato y me arrancara los ojos de la cara con las uñas y en cuanto al día que la conocí, mejor ni hablamos. Nunca me había latido tan deprisa el corazón. Creí que me iba a dar un pasmo, y me iba a morir allí mismo y un camión iba a pasarme luego por encima. El día más bonito de mi vida. Todavía.

Me he sentado a escribir todo esto en un sitio donde haga viento. Me gusta el viento. Como decía, yo la odiaba, ella me odiaba y todo era perfecto. Y entonces la vi, encima del frigorífico. Aquel día. La muñequita. Era de goma y siempre estaba sonriendo, y a veces, yo la ponía en la palma de mi mano y le decía te quiero al oído para que cuando ella llegara por la puerta con la cara de un culo y soltara el paraguas y pasara por mi lado camino del baño sin mirarme a la cara y diciendo buenas noches qué tal, la muñequita, se le subiera por una liana a la espalda y trepara como una lagartija por su cuello hasta la oreja y se le metiera dentro del cerebro como una lombriz y le dijera de mi parte, que te quiero. Te quiero no sé cómo. Ni cuánto. Ni por qué. Pero aquel día me quedé mirando la muñequita y sin saber aún cómo paso, le arranqué un brazo. Y después el otro. Y también las dos piernas. Y por supuesto, la cabeza. Y lo dejé allí todo, como muestra de mi amor.

¿Habéis visto llorar a los pájaros? Así lloraba ella. Como un gorrión.

Puso aquellos trocitos en la palma de su mano y se fue a la cama y se enroscó bajo las sábanas mientras yo, disfrutaba mi victoria, supongo. Hace quince años. El tiempo que tarda una leyenda en suceder. Algo con vida propia y con sus propias leyes de la gravedad. Algo que nunca había dependido de nosotros. Lo sé, porque he intentado olvidarlo con todas mis fuerzas. Con un clavo y otro. Con juramentos de sangre y con pactos diabólicos y temibles con mi ser más profundo. Con los dientes apretados y con la última gota del vaso. Y jamás colmé la sed de tenerla entre mis brazos, cinco segundos más.

El caso es que aquel día la partí por la mitad como se parte un barco en alta mar en plena guerra. No fue la única. En mi defensa añadiré que un día me quemó con una plancha, y otro, me tiró a la cabeza un cenicero.

Cuando ella ya no estuvo amén, empecé a escuchar voces: “idiota...gilipollas...cobarde...”. Y más tarde a susurrar su nombre mientras miraba el techo y me hacía una paja. Y aún más tarde le escribí una carta, que aún sigue volando por el cielo como una paloma porque nunca llegué a ponerle sello, donde decía cuánto. Cuánto me acordaba de aquella muñequita. Cuántas veces le pedí perdón. ¿Qué culpa tenía? ¿cómo se puede ser tan hijoputa?

Lloré muchas veces aquel, aquel día. Si pudiera volver en el tiempo, me decía. Pero no se puede. Tal vez en eso consiste la vida. Así que cada vez que pasaba por una tienda de juguetes o una de chucherías o por delante del puesto de algún mercadillo, me quedaba mirando entre otras tonterías a ver si por casualidad, si por casualidad, me topara de pronto con otra muñequita exactamente igual. Pero entera. Y que me perdonara. Que no tenía la culpa de que el amor fuera tan tonto.
Incluso la busqué en Ebay. O puse un anuncio. Una vez. La busqué como buscaba un tesoro Simbad el marino, aunque en fondo, con miedo a encontrarla. Esas cosquillas que uno siente en el estómago cuando estás en lo más alto de una noria. O que te tiemblen las rodillas como a un crío, a punto de saltar la primera vez del trampolín de una piscina mientras la niña que le gusta está mirando.

Y ahora la tengo en la mano. La puta muñequita. Entera. Como un puto milagro. Porque alguien la ha tirado a la basura. Porqué pasé por allí antes que el servicio de limpieza. Porque tomé la calle tal en vez de la de siempre. Porque volví a ver qué me llamaba. Como el día que volvía a entrar en la habitación donde se estaba muriendo mi padre y me acerqué y le dije “te quiero papá, ¿me escuchas?, después de mucho sin hablarnos casi. Y ya no lo vi más.

No creo en los milagros. Aunque me encantaría. Hacen tanta falta a veces. Tampoco en la magia. Aunque existe. Ni en que mirar nubes haga caer del cielo algo. Una solución por ejemplo. La verdad es que no sé en qué cosa creo. Debe ser en algo. Algo que me hace seguir adelante pase lo que pase, que en el último momento, me pasa el brazo por encima del hombro y me dice, “eres un puto héroe tío, tu puedes. Después de todo esta mierda no hay nada esperándote. ¡Ole tus huevos!”. Lo mando al carajo, claro. Porque estoy cansado, porque no me sale, porque nunca aprenderé. Porque no puedo. No puedo, ¿te enteras? ¿Es eso algún pecado? Y cuando me doy cuenta estoy tan enfadado que ya llevo un rato andando y he llegado a mi destino. El que sea.

El caso es que la tengo en la mano. Que alguien me explique la palabra imposible.


17 comentarios:

  1. ¿Sabes? Lo bueno que tienen las muñequitas chiquitas es que caben en cualquier sitio, en la palma de la mano les sobra sitio, a lo mejor en un suspiro... la envuelves y soplas y como es un milagro puede que llegue allá a su destino. El que sea.
    Era verdad. ¡Que bonito!
    Una sonrisa tierna, campeón. Que sepas que los chicos que lloran son los más mejores de todos.

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    1. Yo lloro que te cagas de bonito.
      Y sí, era verdad. Y sí, he llegado hasta aquí. Entero.

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  2. BILLY lo sabe ALVA L cielo, es listo listísimo! .. tras lágrimas sinceras siempre hay un enorme corazón encharcado y eso ... nunca cabe en la palma de la mano, ahí solo caben cosas pequeñitas como esta muñeca que sin tú saberlo, BILLY, tb te estaba buscando. Necesitaba que supieras que ese mismo día ya te había perdonado, ahora solo falta q tú te perdones. Ella ha hecho lo imposible... a ti te toca lo posible, no puedes defraudarla, fíjate que lleva viajando 15 años para darte el mensaje ; )


    Preciosa la historia!

    MmuaaaaksS!

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    1. Billy siempre se toma el tiempo necesario. Ya lo sabes.
      Te abrazo.

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    2. Lo sé. Como tb bien sé que esto que has escrito: "Porque no puedo. No puedo, ¿te enteras? ¿Es eso algún pecado?" pues no, no lo es y como a pesar de eso sigues caminando, sí ... es verdad, tienes razón “eres un puto héroe tío, tu puedes" - a mi no me salen los tacos pero por esta vez, lo hago mío- y también te abrazo muuuy muy fuerte!!! vamos q si te dejas te despachurro ; )

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    3. No sé si puedo, pero siempre lo intento.

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  3. Una historia encantadora, aunque se me ha arrugado el muñeco... Supongo que todas las mujeres quieren lágrimas y que algunos hombres nunca dejarán de vivir en un pañuelo o de servir de soplamocos.
    No sé a que edad se dejan las muñecas por las mujeres, para construir prisiones con nuestras esposas. Que si te amo..., que si te odio..., cuanta sinceridad para tirarse los trastos y obviar el alfabeto del afecto. En qué poner nuestra fe no es tan importante como quién o qué cosa cree en nosotros.

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    1. Siempre tan acertado. Me divierte la vida. Sus mareas. La desfachatez con la que nos lleva de aquí para allá como hojas en el viento. Disfruto el caos y me dan pena escuchar que uno es dueño de su propio destino. Supongo que es una manera de obviar lo inevitable.

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  4. A veces no se muy bien en que creo, pero siempre he sentido muy fuerte, que las personas que amamos se quedan en esa finita capa invisible que nos rodea. Al menos por un tiempo... quizás mientras las recordemos. No puede ser casualidad que esta pequeña te encontrase, quizás las señales estén ahí para las personas que en el fondo de su corazón, las saben ver.

    Y a lo mejor nada de eso importa, solo que tu la buscabas y ella te ha encontrado.

    No se expresar lo mucho que me ha emocionado esta historia, de dos partes... y aunque se que te da un poco de alergia la ñoñería, te diré que siempre supe, desde el primer momento que te leí y ahora que tengo conmigo tu libro, que eres una persona muy bonita sin importar nada, absolutamente nada, de lo que a veces te haga creer que no.

    Cuando te vayas de este mundo, sonreirás, por que has pasado por ella, pringandote hasta la médula.

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    1. Es de las cosas más bonitas que me han dicho en la puta vida, querida desconocida...

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  5. Hola Billy!!!!!!
    Será tu manera de contarlo o la propia historia en sí, pero me has emocionado. Tienes una virtud escribiendo y es que todo lo cuentas muy real, hasta lo más inverosímil; será por el lenguaje, tan cercano, no sé.
    Y esta historia conmueve. Es mejor no preguntarse porqué encontraste la muñequita... Puede que ella también te buscara durante todo este tiempo. A veces lo más inverosímil se hace posible, sólo acéptalo y ya está.
    Gracias por esta historia y por abrir tu corazón con ella.
    Un abrazo!!!!

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    1. Joder, cuánto de tanto por todos sitios. ¿Voy a ir al cielo? Fuera de bromas, pienso lo mismo que tú. Y aprovecho para saludar a mi madre, que me estará viendo.
      (me he esforzado en ser simpático. Seguro que esta noche no duermo)
      Un beso estrella, me ha gustado mucho tu comentario.
      (joder, lo estoy bordando)

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    2. Oye! tienes razón, no me había fijado en este comentario y ciertamente te ha quedado impecable, de 10! vamos que...
      Tu madre estará orgullosísima de ti. Fíjate! hasta yo lo estoy ; )


      *Me partí de risa al leerte esto jajaja


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    3. Me lo he currado. Todavía me duele el cerebro.

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    4. jaja no es verdad, tu cerebro de humano es talla 3 XXL, imagínate el mío talla hormiga mini y encima despachurrado por el suelo ; )

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    5. Ya tienes mi corazón. Qué quieres,mi higado? Grrrrr....
      Besito.

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