27 de mayo de 2017

Buenos días, mundo



Libarte one to one todos y cada uno de los dedos de los pies con esta hambre perenne de cien siglos, colibrí; oso hormiguero; lunático; insectívoro. Un bufé de cartílagos.
Servirme de segundo un hueso de tobillo y un poco de esa salsa que gimes terminada en h.
Tirarme en tobogán hasta las corvas con los ojos vendados y caer en picado, albatros,
como Jhonny Weissmuller sobre el rastro cristalino aquel de caracol de tu triángulo.
Desabrocharte.
Morirte tú. Morirme yo. Como sea que se muera de amor.

4 comentarios:

  1. Ya entraste en el comedor (en el amor) sin refinamientos y te llenaste la boca de manjares exquisitos y de polvo sacrosanto en un espectáculo sin fin. No sé a qué salsa te refieres que acompaña al gimoteo de tobillo o del santo Toribio, ¿para carnes, para pescados o para verduras? Aunque yo preferiría escanciar el orgasmo con un aguardiente de cerezas acabado en h.

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