3 de junio de 2017

Y batir tu propia marca, como si fueran alas


Ya sé que soy un niño grande. Pero también sé que es la única manera de llegar a ser un hombre grande. Conservar la ingenuidad y la ilusión y las ganas de vivir con las que vine a este mundo. Sé algunas cosas, y otras no. Sé que si en reiteradas ocasiones distintas personas con puntos de vista diferentes me hacen observar la posibilidad de que mis actos sean los equivocados, existe un tanto por ciento muy elevado de que lleven razón. Ahora yo decido si quiero cambiar eso, o no. Y sí quiero. Porque es bueno para mí y porque es bueno para otros y porque si es bueno para otros, es bueno para mí. Además no me cuesta o me cuesta cada vez menos adoptar otra actitud por el bien común y el mío propio, sería, una estupidez negarse a un cambio así, tan grato y seguir día tras día librando una batalla contra el mundo y contra uno mismo imposible de ganar. Por mis actos me conoceréis. Porque los actos son la manera infalible de demostrar de lo que uno es capaz. Y hablando de amor, amor, sólo por ti llegaría tan lejos. A lo largo de mi vida muchas personas me han dejado en el corazón trocitos de ellas, sabios consejos y con tanto afán, el deseo de que algunas facetas de mi carácter mejoraran. Y tal vez no de inmediato; pero al cabo de tal vez los años uno comprende y se da cuenta de tantas buenas intenciones y de que si eres lo suficientemente íntegro como para poner en práctica lo que es patente que tienes que hacer contigo y tus defectos, dará sus frutos, como me ha demostrado, semillita a semillita, el tiempo. ¿Qué gano con tan ardua tarea? Calidad de vida. Paz. Esa que tanto añoramos en este mundo difícil. Y sobre todo, que se te dibuje en la cara una sonrisa cuando haces a otros feliz. Creo que no hay nada más hermoso. Aunque tal vez las patas de los pájaros. Es muy fácil ser uno mismo. Es lo más fácil del mundo. Ser como uno quiera que sea con todos sus antojos todo el tiempo sin tener en cuenta más que el placer inmediato que produce el egoísmo. Pero lo cierto es que ningún camino fácil llevó nunca a ningún sitio. También no es menos cierto que en no pocas ocasiones dan ganas de mandarlo todo a la basura, por ejemplo, a las persona que más quieres. Como no lo es menos que acto seguido te arrepientes y ya, casi siempre es tarde porque los caminos cortos por regla general acaban por costumbre en un callejón sin salida. O acabas solo. O acabas con la esperanza, tan azul, de quien se cansó de esperar que hicieras algo. Algo bonito, por ejemplo, dejar a un lado la soberbia, la ira o la incongruencia de creerse único. Algo como respirar hondo hasta que se te pase tanta tontería de vivir del revés. Algo que no sea mirar la paja en el ojo ajeno, algo saludable para la convivencia con los demás, algo suave como una caricia o un beso sin palabras. A veces las palabras, están de sobra. Los besos nunca. Y sin ser yo nadie o así lo considero, no deja de ser obvio que lo blanco es blanco y lo negro negro y que al mirarte al espejo, alguna vez, te darás de bruces con lo que eres. Juzgar a los demás es, por inercia, una fea costumbre. Pero tender la mano en cambio, las veces que sean necesarias, es por lo contrario una costumbre que todos deberíamos, aunque ninguno nos guste esa palabra, adoptar en nuestro día a día. Yo he tomado este camino, otros, libres como son, sabrán elegir el suyo. Y si te equivocas, paga tus platos rotos y sigue adelante, porque el camino nunca se acaba, no hay un final, sólo horizonte, y de ti depende cuajarlo de hermosos árboles o puestas de sol o noches sin tormenta, o por el contrario de infiernos de los que no sabrás salir, como de los más profundo de un pozo. Ama, conduce y ama; cocina y ama; lávate los dientes y ama; coge el autobús y ama; friega los platos y ama, y cuando te acostumbres a amarlo todo, casi no te costará nada poner la otra mejilla y tal vez para sorpresa tuya encuentres que nada volverá a hacerte daño. Si por si acaso te parece demasiado complicado dar el primer paso, te diré, de cobarde a cobarde, que todos los demás serán más fáciles, y que cuanto más y más camines hacia donde quiera que sea que vayas, menos mirarás hacia atrás aunque no sepas exactamente que te espera adelante. Todo lo que merece la pena, empieza con un poco de miedo.



6 comentarios:

  1. Asi sea. Ojalá. ,...esa dura batalla por vivir del revés....

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  2. Está claro que necesitamos una niñera grande y unos pañales mayestáticos...

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    1. Con lo de la niñera grande se te ve el plumero. Me pido una.

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  3. Hoy que me levanté dispuesta a pisar charcos y salpicar a algún valiente vestido de domingo, voy y leo esto. Me están saliendo alitas y le sonrío bonito a mis pasos hoy un poquito más humanos. Gran chico, tú.

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    1. 1.64 metros.
      Pero subido a una silla...ni te cuento.

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