16 de julio de 2017

Complain


Los padres de la tierra agarran a sus hijos por detrás mientras aprenden a montar en bicicleta y sólo los sueltan cuando saben que están preparados para decir, mira papá, yo solo. Los padres de la tierra, como están hechos de barro, enseñan también a sus hijos a mantener alta la frente, a no arrodillarse ante nadie, y a que no vas al infierno si no te comes toda la sopa. Los padres de la tierra, si se equivocan, piden perdón desde los pies de la cama. Y luego te leen un cuento. Uno con espadas o dragones o barcos que zarpan a quién sabe qué mar en busca de tesoros. ¿Tú sabes leer cuentos?
Los padres de la tierra van a la final de la liga de fútbol del colegio a verte. Se sientan allí con sus caras de tonto a gritarte que eres el mejor, que tú puedes, que recuerda, todo lo que no se intenta, es un fracaso. Y aunque no metas un gol, ese día puedes comer todo el helado que quieras. Estos padres de carne cuando te abrazan, están tibios y suaves y están bonitos cuando te secan la cabeza con una toalla. Te cogen de los mofletes así y y y aunque quisieras cortarle las manos, en realidad estás deseando, y aunque todavía no lo sepas, cuando seas grande y llegues al mueble donde mamá guarda las galletas de chocolate, te acordarás de cosas como esas o de como al apagar la luz, desde la oscuridad, su voz te decía, no tengas miedo, yo estaré aquí, al lado.

Tú dices que estás en todas partes.

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