7 de agosto de 2017

Olaia y la montaña mágica, capítulo 4




Nublado duele más. Duele más todo. La L4 y la L5; el coxis, el omóplato; el fémur, las clavículas, el hueso sacro; el astrolabio; la vela mayor y los trinquetes; los dedos de los pies; mamá diciendo te vas a marchitar aquí metida, deberíamos salir más; mamá diciendo que si uno quería podía conseguir cualquier cosa; mamá diciendo que me iba a vestir para salir al parque a tomar aire, a ver las flores, las palomas, los muchachos...Nublado duele de a poquito. Como la gota de un grifo.

-Mamá...

Mamá la miró de soslayo sin decir palabra y esperó a que dijera lo que Olaia tenía que decir para contestarle que no.

-Quiero...

-No. Lo de meterte a monja es un antojo porque no se te ocurre otra cosa. Dios no va a entrar en esta casa.

-No iba a decir eso. Sólo lo dije porque estaba enfadada.

-¿Y qué ibas a decir? ¿Que quieres irte al Himalaya? ¿A estar sola? A darle la espalda a todo lo que tengas que vivir solo porque...

-¿Porque ya no me sostengo sola? ¿Porque sin esa cosa puesta me derrito como un helado de vainilla? ¿Porque con ella puesta parezco Frankestein al caminar?
Iba a decir que quería un lazo para el pelo.

-Yo tengo muchas cosas que hacer y también estoy enfadada. No he criado una hija para que me llame como tú me llamaste el otro día. Tú padre tiene que ir a no sé dónde. Dile que te lleve.

-¿Cuál de los dos?

-Eugenio.

-¿Y si ya está borracho?

Pero no lo estaba porque se había recién levantado y había bajado por las escaleras recién afeitado y oliendo a colonia y diciendole a la Vasca que hacía un día estupendo ¿verdad, cielo?, vámonos Olaia, que te llevo.
A la vasca tanto adjetivo pegajoso la ponía de leches agrias; pero quién le decía a Eugenio que no nada.



-Primero vamos a ver a Cucutufa, si no te importa Olaia, tardo poco, y después te llevo a por tu lazo y...¿¡Para qué sirven los intermitentes?! Joder con la vieja... a comer un algo en una bonita terraza donde además sirvan ginebra en los gin-tonics hasta que yo diga pare. ¿Sigues enfadada con tu madre?

-No lo sé.


-¿Sabes lo que más me gustó siempre de tu madre? Nada. Ni siquiera era guapa de joven. Y ya sabes cómo me gusta cuidarme el paladar. Pero esa mujer tiene algo que ninguna más tiene: a ti. Yo con tu madre pues fue una cosa de verano y no me acuerdo, pero seguro que ya iba por la segunda botella de ginebra y estaba muy oscuro, porque si no, es que no se entiende. Tu madre es muy fea, Olaia, qué quieres que te diga. Tienes cara de no estar escuchando una palabra de lo que te digo...

3 comentarios:

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    1. Vaya, eso suena a que estás muy muy cansada. Hay rachas. Yo mismo me he tirado varias veces por una ventana. Pero luego se me pasa. Y merece la pena.

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