17 de septiembre de 2017

Olaia y la montaña mágica, capítulo 14

La hija del teniente coronel de la guardia civil Emiliano Salcedo apareció a las nueve y veinticuantos de la noche bajo el dintel de la puerta de la enfermera Juana con el pelo enredado de hojarasca y el cuerpo todo aquel a la intemperie pequeño cubierto de barro y los ojos tan secos que si tirabas una moneda al fondo nunca la escuchabas caer de lo hondo, así, tan rota que ya no parecía una niña, sucia, malgastada, oliendo a babas mientras afuera un contingente de tricornios la buscaban por el campo a tierra batida y tirando de perros rabiosos y alumbrando con linternas la esperanza de que entre los matojos brillaran unos ojos que no fueran de conejo, así, callada, callada y quieta cuando Juana por los hombros la cimbrea como a un árbol del cerezo y le pregunta, quién, te ha hecho esto.

-Dicen que no habla.

-Pues entonces no es Nuria.

-Que sí, Olaia, que he escuchado en los pasillos a la enfermera Juana decirle a la monstruo que no ha dicho ni un sola palabra en tres días. ¿Se va a morir?

-¿Y qué más has escuchado, Marta?

-Que se va a morir.

La policía estuvo preguntándole a las niñas si sabían adónde había ido Nuria aquella noche o para qué se había levantado de madrugada y se había adentrado en el bosque.

Se perdió. Pero eso nadie lo sabe. Porque Nuria no habla. Se perdió cuando iba a llevarle a Marfelino una lata de atún que había robado porque sí en la cocina, no encontró en la oscuridad la casetita y cuando quiso volver, lo de atrás era lo de delante y el tiempo no pasaba y todo estaba más lejos cada vez y los árboles hablaban bajito entre ellos y las manos le temblaban. Pero eso nadie lo sabe porque Nuria, todavía está en otro sitio. En aquel sitio. Con alguien. Con alguien con las manos muy grandes. Con alguien y la boca tapada.

Al día siguiente la profesora Marie entró empujando su silla de ruedas y diciendo que fueran saliendo ordenadamente porque no había clase.

“-Te lo dije. Que se iba a morir, Olaia”.

Que fueran saliendo porque iban a ver a Nuria al hospital. A ver si así hablaba. O lo que fuera.
Olaia se apretó el lazo del pelo y levantó de la silla todo aquel armazón que la cubría con la experiencia de un campeón de halterofilia y se puso en a fila, hermosa como un guardiamarina.

-Nuria...

Nuria no está. Tiene los ojos abiertos; pero está encallada. Como si alguien le hubiera quitado las cuerdas a una guitarra. Tiene agujas clavadas en los brazos, diecinueve moretones, los párpados hinchados, la mandíbula rota y la cabeza en otro sitio. En aquel sitio. Con aquel hombre.

Algunas se abrazan. Claudia ha vomitado. Y Olaia ha salido de la habitación diciendo que iba al baño, y en el baño, se ha sacado el espejo de debajo del vestido y lo ha lanzado con todas sus fuerzas contra la pared del fondo. Y después ha llorado. Con todas sus ganas.

4 comentarios:

  1. Cuando escribes cosas como estas ... " tirando de perros rabiosos y alumbrando con linternas la esperanza de que entre los matojos brillaran unos ojos que no fueran de conejo" ... o esto otro ..."Nuria no está. Tiene los ojos abiertos; pero está encallada. Como si alguien le hubiera quitado las cuerdas a una guitarra"... sé que dentro de ti hay alguien muy especial, por eso te salen estas cosas mágicas en letras ; )

    MmuaaksS!

    ...antes de irte a resucitar a Nuria y curarla ( que sé que lo harás ; ) acuérdate de sujetarme y no dejarme caer cuando apagues la luz !
    q veo que ya no hay luz en tu ventanita y yo no sé encenderla ; )

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mi buena María...Dentro de mí lo que hay son las tripitas. Qué asco. Pero seguro que fritas están ricas.

      Eliminar