30 de noviembre de 2017

Ergo


Como cuando te estás meando-no haciendo pis-, meando encima y
no puedes pensar en otra cosa y
por fin llegas al baño y
casi haces agua en los últimos dos metros y
te la sacas y...
-no ha palabras-.
Uffff. Con tres o cuatro efes.
Ahhh. De me muero de gusto.

Pues yo te quiero  así. Rico-rico.

O como cuando vas a cruzar un paso cebra y un coche se te echa encima y se te ponen de pronto los ojos como platos y el corazón como una moto. De 500.
Como si hubieras visto a Elvis.
"Pues ya que estás aquí cántate algo."
El love me tender, por ejemplo.
Y en lo que dura un casi barra punto huy, acordarme de ti.
Mientras el eco del frenazo
y el tío por la ventanilla

diciendo que mi madre es una puta.






28 de noviembre de 2017

Su color favorito era el naranja


Simonetta no llevó nunca de chica el pelo limpio, corría, con un palo en la mano por ahí detrás de los niños a ver quién podía más, si aquella piara de mocosos malcriados o ella, que era la reina del panal, si ella, que escupía más lejos que nadie, si ella, que había criado polluelos de vencejo entre los rizos de su larga cabellera color tierra todo el verano, que sabía encontrar los gusanos más gordos bajo la corteza de los árboles. No de todos los árboles. Simonetta y las ramitas secas con las que hacía tirachinas que eran capaces de derribar una pared. O por lo menos los cristales. Como aquella vez que. Y Simonetta subió sola a donde la señora Feli, a decirle que había sido ella. Sin querer, claro. Y rara vez llevó zapatos. O solo porque no la dejaban entrar a algunos sitios; pero en cuanto podía, cruzaba descalza hasta los charcos. A lo poco empezó a gustarle Luca, tanto, que quiso comérselo, y un día en clase de termodinámica lo mordió en un brazo. Es que te quiero, le dijo. A Luca le empezó a salir sangre del mordisco y el conserje se lo llevó al ambulatorio. Le pusieron seis puntos y una inyección para que dejaran de saltarle las lágrimas al suelo. Luca no fue a clase al otro día. Ni al siguiente. Simonetta No vio a Luca nunca más en todos los días de su vida.

23 de noviembre de 2017

Caterpillar 797F



Ahora pon un dedo en el mapa.
Te estoy viendo. No abras los ojos.
Eso es Berlín.
Inténtalo de nuevo.
Groenlandia.
Otra vez.
El vaho de noviembre.
La lluvia en la ventana.
París, Oslo, La Habana.

Mi boca.

Muñequita también me ha perdonado, yo, por cierto
descubrí el Amazonas mientras tanto y
lloré mucho por todos los donuts que devora a diario la policía de Pittsburgh.

Hay cosas que tal vez no hagamos nunca, no puedes
bajar por la nieve del Everest, le dije alguna vez a alguien, subido a una concha de mejillón.
Ni salvar el mundo,creo.
Nunca lo he intentado.

Hoy tocó hacer balance. O Bufff. Como quieras llamarlo.
Nada que ver con
ganarse el cielo. Sólo se trataba de equilibrio, ya sabes,
como esas bailarinas
que se marcan un vals sobre un caballo blanco.
Un puto caballo blanco.
He decepcionado a tanta gente, no lo creerías.
Abandoné un perro. Maté un pájaro. Te fallé. Muchas veces.

No me dan miedo los payasos.
Ni dios.
Ni siquiera que exista.

Pero es que esta historia sin ti, todavía sería más triste.



21 de noviembre de 2017

Destornillador de estrella


Si tuviera un perro le llamaría Heráclito.
¿No busca un lagarto en mitad del desierto la sombra de un árbol?
Pude decir, vivo en el metro. Desayuno esperanza. Tuve una vida.
Pero lo cierto es que tengo una tele en color donde me gusta ver
reportajes sobre las cataratas del Niágara o
la tuberculosis
y quedarme dormido y soñar con globos aerostáticos.
Con manadas de búfalos.
Con una aspiradora.

Rasco a veces con las uñas los ladrillos.

O me como el papel y tiro el caramelo.


20 de noviembre de 2017

Tijeras


“¿Está seguro de que desea eliminar estos 2654 elementos de forma permanente?”

No. Pero tengo que hacerlo. Y tutéame, papelera de reciclaje, todavía
tengo toda la vida por delante.

19 de noviembre de 2017

Martillo


“Tengo que volver a ser feliz de aquella forma. Como cuando de chica pegaba cromos de la abeja Maya en un álbum y del gusto me mordía la lengua. Encontrar la manera. Volver a cuando uno ignoraba casi todo. Y entregarme algún día a la muerte con una sonrisa tan bonita como la de Julia Roberts”

Esas son las cosas que Alice pensaba justo cuando llegó Parker.

-Hola cariño, ya he llegado. ¿Qué haces?

“Ya has llegado. Qué bien. Yo aquí, esperándote. ¿No ves el musgo? ¿Caer la nieve? ¿No ves las macetas sembradas de lágrimas? Mira como crecen. Pronto estarán en flor.”

-¿Alice?

-Tenemos que hablar.

-Joder...

-Sí. Joder. Lo de anoche se quedó a medias. Quiero una respuesta. Ahora. Aunque ya tengo hechas las maletas.

-No tengo una respuesta, Alice. Sé que últimamente no...

-¿Cómo se llama?



16 de noviembre de 2017

El amor y su puta madre


Uno se levanta del váter y antes de tirar de la cadena
se queda un momento mirando su mierda.
A ver si es bonita.

Cosas como esas.

A veces también quiero arrancarme las tripas, así
con las manos
todo muy asqueroso y
ponerlas encima de la mesa y ver cómo brillan.
Y luego sacarme los ojos.
Otras, me dejaría quemar en el infierno por ti.
Y el infierno es muy largo, seguro. Pero lo haría.
No quieras ahora medir lo que mide el amor.
El amor es muy largo. Lleva toda una vida
y a veces
el amor y el infierno
se parecen como dos gotas de agua.

15 de noviembre de 2017

Bit



¿Quiénes somos? Supongo que depende. Si le preguntas a mi vecina Pichi y a su amiga Tata te van a decir que las mejores, oe-oe-oe-, vamos a celebrarlo al bar de abajo. Pichi se ha divorciado hace poco y ya llevan como tres años celebrándolo. Porque hace poco. Tres años no son nada. En realidad treinta tampoco. Ya no son nada. Si le preguntas a un sherpa del Nepal te va a decir que de qué coño hablas. Si mi abuela no estuviera ya más muerta que los walkman que me regaló mi padre por mi cumpleaños en el 79, mi abuela diría que me iba a despellejar a correazos, por hereje. Hijos de Dios, niño, todos y cada uno de nosotros por la gloria de bla bla bla bla y se sacaba una estampita de un santo de entre las tetas y le daba besitos.

¿De dónde venimos? Pichi y Tata del bar de abajo. Se han puesto de calamares hasta el culo. Y se han reído de todo. De todo lo que no se reían antes. Tata ha entrado al baño corriendo porque se lo hacía encima y Pichi se ha tirado de cabeza en el sofá. Qué bien se está en casa, le ha dicho Tata desde el baño, y Pichi ha sonreído, y se ha quedado dormida así, con esa foto sobre el pecho.
Del mono, del barro, del Big-bang, del coño de tu madre, de un experimento extraterrestre, de un protozoo, de comprar tabaco, del médico, de la cola del paro ¿de dónde venimos? ¿Hay un dónde? ¿Hay alguna de estas estúpidas preguntas que tenga una respuesta? El sherpa se te quedaría mirando. Seguro que con ganas de empujarte al barranco. En cuanto a mi abuela, se habría muerto otra vez si levantara la cabeza. Que si eres tonto, te va a decir el sherpa, o qué. ¿Tú ves toda esta nieve? Pues ya estaba ahí cuando yo vine. Y tú eso lo tienes que entender. Da igual que parezca un Kandisky.



14 de noviembre de 2017

The man in the poyete


A veces mi vida se detiene. Es como un otoño con hojas flotando sobre el agua de un estanque. A lo lejos un pato. Una farola, un banco. Los pájaros. No falta nada. Como un cuadro bonito. Entonces me siento a la orilla, y espero.

“-Hola.”

Hola es nadie. Aquí sólo estoy yo. Pero bueno...Me pregunta si estoy triste. Le digo que un poco. Me pregunta si me gusta. Le digo que sí, que un poco. Me pregunta qué voy a hacer ahora con mi vida. No le contesto. Porque no lo sé. ¿Tengo que hacer algo con mi vida? A veces tengo esa impresión. Otras, se me pasa, y dedico mis ojos a observar la delicada forma de las tazas de café o el curso de algún río. ¿Qué te gustaría hacer, por ejemplo? Me pregunta y, le contesto que ir a Júpiter o ver el final del puto Arcoiris o montar en un Pegaso y sobrevolar la casa de Annie, la chica más bonita del barrio y, gritarle desde el cielo, eh, Annie, estoy loco por ti desde hace tiempo.

No sé que cara tiene Hola. Nunca nos hemos mirado a los ojos.

Tampoco sé nunca muy bien si Hola todavía está o ya se ha ido. Porque hace frío aquí en este otoño ya y ha comenzado, claro, a llover. Ya quiero irme de este otoño pintado y pisar el suelo y oler el humo de los autobuses. Que alguien me joda la vida. Si Hola estuviera aquí me preguntaría si me gusta. Yo le diría que sí, que un poco. Pero tampoco sé por qué. Puedo entender la muerte de una estrella y la exquisita estructura de un huevo de gallina; pero no sé quién soy ni qué hago aquí. ¿Tú lo sabes, Hola? Hola me diría que si no me basta con estar rodeado de tanta belleza, tú nunca has visto un átomo de hidrógeno, es algo precioso, tu propio corazón es una máquina magnífica, me diría, agáchate a amarlo todo con tus manos.

Adiós Otoño. Tengo que irme. Júpiter queda un poco lejos.

También hay ranas. Se me había olvidado.

13 de noviembre de 2017

En aqlla crva prdí la cbeza por ti...a


Como si ya no fuera tuyo. Y comérmelo. Crudo.
Todo elevado a la potencia ahhh+sí sí sí x ya-ya-ya elevado al cuadrado.
O al cúbito.
O a que el vecino llame a los bomberos. A la policia. A Charles Bronson.
Por ejemplo. Pero sólo contigo.

Y meter los dedos en todos los enchufes.
Los pies en todos los charcos.
La bola 8 allí, a la izquierda, y esto, aquí. En su sitio.

Te has puesto roja.

¿Cuánto tiempo llevabas mirando?

12 de noviembre de 2017

Km 236


Me acabo de sentar en la mesa de un bar del extraradio a tomar un café y en la tele hay un programa donde gana quien cante mejor y suena esa canción de Queen y pienso, coño-mirando mi bolsita de monedas- la vida es tan bonita. Tengo dos euros. Pero la vida es tan bonita. Automáticamente intento recordar con exactitud los sesos de Bernardette Plumen cayendo por la pared, porque era una yonki y necesitaba dinero fácil lo más rápido posible. O qué se sentirá cuando la carne se te separa de los huesos porque ibas en el metro y de repente, todo acaba en esa estación. Tus sueños a la mierda, tu perro a la mierda, la camiseta del equipo de tu hijo guardada en una caja de regalo para ponerla a los pies de su cama esta noche a la mierda. Levanto la cabeza del ordenador y hay una señora muy gorda metida en unos zapatos muy pequeños. Tiene pelo en el sobaco. Me sonríe. Por un momento imagino que estoy de nuevo en Alabama, sentado en una caja vacía de naranjas viendo pasar los perros por la cuneta y tirando migas de pan de centeno a las gallinas. Ya nunca me siento solo. No hay un lejos ni un cerca. Hay un dentro. Y una lista de cosas importantes para mí. Saludar al vecino es importante, a los viajeros, como tú, y a los viandantes. No sabes quien va a salvar tu vida mañana. Le sonrío a la gorda. Imagino sus tetas acunándome como a un bebé en mitad de mis noches pensando en cómo destruir todo lo que construí ayer. No sabes quién puede salvarte. También estoy a favor de los abrazos porque, son verdaderamente productivos. Ni siquiera tienes que hablar, sólo te dejas caer en el otro y durante algunos segundos nadie es blanco ni negro ni women o men o guapo o feo ni existe el suelo casi, así, tan rico, tan calentito como para quedarse todo el invierno. Yo podría vivir en esas tetas el resto de mi vida.

11 de noviembre de 2017

Horrible



A veces mataría a todo el mundo.
Sin motivos. No los necesito.
Pero ¿quién hará entonces chocolate? ¿Películas con beso?¿Quién abrirá los bares?

Os necesito, cabrones, digo, en mitad de la noche y quito el dedo
del botón rojo.

Sueño cosas así continuamente.
Otras en cambio me levanto con Excalibur entre las piernas.
No recuerdo su cara; pero era preciosa y me la chupaba de puta madre.
Sin preguntas ni balanzas. Me corría en su cara y después la besaba.
Sueño cosas así. Continuamente.

A veces traigo a casa a un pobre y lo siento a la mesa
y le doy todo mi dinero
y lo abrazo.
Y cuando termina de cenar lo mando a tomar por culo.

10 de noviembre de 2017

Asimétrico


Ahora escribo poemas de amor con cuatro patas; pero antes
doblaba las camisas así así así y así,
hasta que parecían servilletas del MacDonal´s.
Dejaba los suelos brillantes como el lago Michigan.
Sin migas de galletas ni amor para las hormigas.
Planchaba los
calzoncillos, los platos, los pijamas, los grifos de cocina, los zapatos...
y era capaz de perseguir una mota de polvo por toda la casa.
Me hacía la raya el pelo con un astrolabio
y algunos algoritmos con la ayuda de una pequeña
calculadora de bolsillo.
Tenía, una cuenta en el banco con muchos numeritos.
Un juego de sartenes.
Y un plato con cerezas de plástico encima de la mesa.

Yo antes tenía hasta prisa.

9 de noviembre de 2017

Cooper y las flores del parque


-Se puede ser feliz con muy poco ¿sabes flor? Creo que con menos. ¿Cómo dices? No, qué va, no estoy triste. Tengo algo de dinero y estos zapatos casi nuevos. Bueno, un poco. Sí. Pero estoy en ello. ¿Sabes que al final, Roguer y yo terminamos borrachos perdidos y hablando de amor la otra noche? ¿Te imaginas a Roguer hablando de amor? Pues resulta que estaba celoso. Porque le gusta May. Y nunca se lo ha dicho. Ayer May me regaló esta chaqueta que había sido de su hermano. Es de cuero y tiene un águila en la espalda, bordada, con las alas abiertas. ¿Ves? Brindamos por no recuerdo qué. Fue bonito, flor. Roguer miraba a May como si como. No seas tan cabrón con todos los demás, Roguer, le dije al oído antes de irme, la gente, no tiene la culpa de que tú no le eches huevos. No puso mala cara ni nada. Me dio la mano. Supongo que era una promesa. Sí, Cooper, se lo voy a decir cuando cerremos el local. Esta noche. Te quiero, May. Supongo que era eso lo que Roguer quería decir. ¿Se lo habrá dicho, flor? Yo creo que sí. Creo que después se besaron allí en mitad del salón del restaurante, con las luces casi apagadas y escuchando en la radio una de esas canciones con crema por encima, creo, que May recostó su cabeza en el hombro de Roguer y le susurró que era un idiota, un idiota, un idiota y, creo que lloró muy bonito sobre el hombro de Roguer porque era la primera vez en mucho tiempo que nadie la abrazaba así, sin pedir nada a cambio. ¿Y si no se lo ha dicho? Eso sí es triste. Prefiero no saberlo. ¿Te gusta la chaqueta, flor? Es un pasada. Y bueno, May me dijo que había mucho trabajo en Topeka, así que...pero he parado aquí un momento a charlar contigo. Espero no haberte molestado, no sé si estarías haciendo tus cosas de flor, y yo ahí, contándote mi vida, como si a ti tuviera que importarte...

8 de noviembre de 2017

Cooper salva el mundo




-¡Eh, Cooper, cuando termines de barrer, baja esas cajas al almacén! ¿Qué coño haces ahí agachado?¿Le estás soplando a una araña?

-No quiero barrerla.

-A ver, coño, pues le das un pisotón así y...

-Es que no quiero matarla.

-En diez minutos sale la gente de la fábrica y todavía hay que poner todos los cubiertos en las mesas.

-Ya voy.

Llevo dos semanas trabajando aquí. La araña se ha ido a meter debajo de una losa. May es muy linda. May tiene un hijo. Su hijo no tiene padre. Si tuviera padre se llamaría Donald y ahora estaría surfeando en Haway. La he visto varias veces recostada sobre el mostrador sonriéndole a tipos que no se han duchado en una semana. May tiene 19 años. También la he visto llorar un par de veces mientras hablaba por teléfono con su madre: “¿Sabes cuánto vale un alquiler, mamá? ¿Y tantos pañales? Es tu nieto. Te lo devolveré”.

-¿Te gustan los niños, Cooper?

-Hacen mucho ruido.

-Es al revés...

-¿Qué?

-El tenedor a la izquierda.

-Vale.

May tiene los ojos verdes.

-¿Por qué haces eso, May?

-¿Qué?

-Con esos tipos. Es como si fueras a montarte en un camión con cualquiera de ellos y no fueras a volver jamás. Puedes criar a tu hijo sola. Como una leona. Una leona en la sabana.

-Qué sabrás tú. ¿Eres poeta? La poesía no me va a sacar de esta mierda de pueblo.

-¿Y uno de esos tíos sí? ¿Y dónde va a llevarte? ¿Al infierno?

-Deberías meterte en tus asuntos, Cooper.

-Pues deja de coquetear conmigo.

-A la izquierda, Cooper, el tenedor a la izquierda, trae, así, esta es la izquierda, ¿lo ves? Joder, es la tercera vez que te lo digo.

-La segunda. Todavía no me he casado contigo y ya lo estás organizando todo. No funcionaría, May. No soy lo que buscas. ¿Eso es una sonrisa? Wow...es preciosa. A la izquierda, vale.

-Cuando dejéis de hacer el gilipollas, abrimos. ¿Porque no hay beso, no? ¿O sí?

Roguer es el encargado. Se encarga de hacerle la vida imposible a todo el mundo. Y lo hace muy bien. Bravo Roguer.

-No me caes bien Roguer.

-¿Cómo dices?

-Y no, no hay beso. Pero May y yo vamos a bailar esta canción. ¡¿Puedes subirle el volumen a eso, Patricia?! ¿Bailas, May?

-Estás muy loco, chaval. Te acabas de quedar sin trabajo.¿ Que si bailo? 

-Me encanta esta canción. ¡Gracias, Patricia!

-Bailas fatal.

-Ya lo sé.

7 de noviembre de 2017

Cooper estrena zapatos


Vale. Mírate los bolsillos, Cooper. Cincuenta con veinte. Y ni siquiera sé como se llama esta ciudad.

-¿Me das algo para comer?

Mierda. No lo mires directamente a los ojos. Joder, está hecho un asco. Saca la mano del bolsillo, Cooper. Le falta un brazo, catorce dientes, el zapato izquierdo y un trozo de oreja. Nada de contacto visual, Cooper. Y hace un frío que te cagas. Cuando cierren la estación esto será un desierto. Un desierto helado. Saca la mano del puto bolsillo.

-Gracias, amigo. ¿Eh, dónde vas? Deja que te invite a una botella aquí al lado. ¿Eh, amigo? ¿ Cómo te llamas?

Gilipollas me llamo. ¿Y ahora? Ah,sí, ya recuerdo. Hacia delante. Siempre hacia delante. Eres tonto, Cooper. Siempre serás tonto.
Hay más cosas además del amor. La tortilla de patatas. Que los peces del río se te coman las uñas de los pies. Las pelis con naves espaciales y planetas lejanos. Aerosmith. Y la Simone, claro. Este sitio, por ejemplo, con árboles. La hierba...

-Oye chico... ¿eso es marihuana?

-¿Em?

-En este condado no hay mucha gente que fume esa porquería. No nos gusta. Además estás en una propiedad privada.

-Pues verá, agente, yo vi árboles y pensé...ya lo apago.

-Buen chico. ¿Y dónde vas?

-A ningún sitio en concreto.

-Así que piensas pasar la noche en un banco del parque...

-Eso pensaba.

-Verás, el calabozo no se usa desde que Harlem dejó de beber. Antes había que tenerlo ahí una noche no y otra sí. La armaba gorda ¿sabes? Una vez le metió fuego a una vaca. Quiero decir, que, bueno, hay mantas limpias y aquí fuera está helando. Claro que tendrías que infringir alguna ley para poder detenerte. Una pequeña. De una noche a la sombra. No sé si me entiendes.

-¿Por ejemplo?

-Faltar a la autoridad. Por ejemplo.

-Ah...

-¿Y no se va a enfadar?

-Bah...es un puro trámite.

-¿Lo promete?

-Tú no te pases. Por si acaso. Y tampoco menciones a mi madre.

-Vale. ¿Ya?

-Cuando quieras.

-¡Me cago en tus muertos!

-¿No te he dicho que no mencionaras a mi madre, hijo de puta? Sólo lleva muerta una semana. Te voy a meter un tiro aquí ahora mismo, cabronazo, mira, ¿ves, ves el cañón de mi puta pistola apuntándote en las sienes?

-¿En serio va a ponerme las esposas?

-Y no te las voy a quitar en toda la noche, cariño, te voy a dejar el culo como una flor.

-Yo no soy uno de esos chicos duros que mascan tuercas ¿sabe agente...qué coño dice ahí?

-Kowalski. Tiene derecho a permanecer en silencio, tienes derecho a...¿A que estás acojonado, eh, chaval? Es broma hombre, ahora te quito las esposas. Mi madre vive en Wichita. Ahora mismo estará poniendo a enfriar en la ventana una tarta de manzana. ¿Tienes hambre? Tengo pollo al curry en el microondas de la comisaría. ¿No te habrás meado encima, no?

La celda está limpia como el culo de un bebé. Hasta hay un jarroncito con flores de jardín encima de una repisa.

-Así que...

-Ya te digo, Kowalski, una puta mierda.

-¿Pero todavía la quieres?

-No lo suficiente. ¿No crees?

-Mi mujer cocina de miedo, ¿eh chico? ¿Quieres más pollo?

-Prefiero acostarme. Mañana me gustaría seguir mi camino temprano. Me gusta ver amanecer. Es como si todo comenzara de nuevo.

-¿Qué camino? Bueno, perdona muchacho, no pongas esas cara, pero no parece que vayas a ninguna parte, y la verdad, a saber dónde vas a dormir mañana.

-El camino está ahí, aunque no lo veas. Ahora es el camino. Pregúntele al pollo. Lo he dejado en los huesos. El camino es cada paso, Kowalski, cada puto paso. ¿Quiere otra calada?

-No chico, gracias, tengo que terminar unos informes y la verdad es que no fumaba desde la universidad. Qué tiempos...allí conocí a Becky, por cierto, llevaba puesto un vestido color...

La ropa de la cama huele a suavizante. Lavanda o algo así. Seguro que ha sido Becky. Estoy hecho polvo. ¿Dónde está Harry Potter cuando le necesito? Contaría hasta tres y cuando despertara ya sería mañana y no me dolería nada. Uno, dos, y...

-¿Te vas?

-Buenos días, Kowalski. Sí. El sol me está esperando.

-Eres raro de cojones, chico. No olvides tu mochila.

-Eh, Kowalski...

-Y cierra la puerta al salir.

Ahí está. Redondo, magnífico, deslumbrante. Y no hay una sola nube en el cielo. Me he dejado el mechero en la comisaría. Joder, no me lo puedo creer, el primer día de mi vida y no puedo encender un cigarro. Piensa Cooper. Sí, en el bolsillo de atrás de la mochila. Aquí está. Espero que funcione. ¿Y esto qué es?

Dos billetes de veinte y unos zapatos casi nuevos. Son de mi número.

Joder Kowalsky...

6 de noviembre de 2017

Básicamente


¿Sabes cuántos millones de personas hay en el mundo? ¿Qué diferentes? Y todos tienen una historia que contar. Esta, es la mía.

Básicamente soy un átomo. Y digo, básicamente porque no tengo ni puta idea de lo que significa. Sé que me siento pequeño. Un átomo, sin saber lo que digo, no puede separarse en trocitos, como se llamen. Creo que explotan o algo así. De hecho nada debería romperse en trocitos. Ni un corazón, ni una patria, ni esa persona a la que dices que quieres; pero. Ni una montaña. Ni un Iceberg ni una castaña ni el ojo de una aguja o una mariposa. ¿Una mariposa sin alas? ¿Montañas sin cumbres nevadas? ¿No te gusta la nieve? Nada debería ser de otra manera que como es. Que el león coma hombres; que los salmones luchen contra el río; que llueva sólo cuando tenga que llover; que nadie nos pusiera un cartelito de esto no se puede hacer. Ni lo otro tampoco. No toques eso. No pises lo otro. No lo que sea. Que no toques. “Porque a mí no me gusta”. Pues vete a tomar por culo. A mí no me gusta nada de ti y siempre acudo cuando silbas. Y te doy besitos. Y hago el tonto. Ya sabes, eso que tampoco te gusta. Te pongo el móvil en la oreja y te digo baila conmigo esta canción yte aprieto el culo con la mano que me queda y como no tengo más manos, toma, mira qué duro tengo esto, te digo, para que veas que te quiero, así, en pijama, pero no, mal, caca, no hagas más el tonto que tengo muchas cosas que hacer.
Yo en cambio sólo tengo que vivir.
Y ahí es donde he comprado un billete de avión. Lloraré, lo sé; pero no ahora. Ahora sólo pienso ocuparme de que nadie me rompa en trocitos.

“Será que ya no me quieres querer más”.

Será.

Llamadme egoísta, pero también podéis llamarme Cooper. Ese es mi nombre.

3 de noviembre de 2017

Olaia y la montaña mágica, último capítulo.



“-...pero tendría que conseguir un permiso del ayuntamiento, claro, señora 
directora, digo yo. Aunque tratándose de usted...bla bla bla...y teniendo en cuenta 
quien es su marido...bla bla y bla”. 

El tiovivo se queda en mitad del jardín. Las niñas hacen cola para montar en 
Rocinante o Babieca o en Furia, el caballo negro. Uno no se cansa nunca dicen de dar vueltas y vueltas y vueltas sobre el lomo de Pegaso o de trotar en círculos a la grupa de cualquier Unicornio. Y hace bonito en mitad del jardín, bajo los cedros, ver a las niñas dispararse balas de mentira jugando a ser cowboys algunas, y otras echando 
carreras que nunca gana nadie por mucho que le susurren a su caballo al oído vamos, corre, corre, que ya casi llegamos a las tres y diez minutos de la tarde.

El teniente Coronel de la guardia civil Emiliano Salcedo se acaba de meter un tiro en la boca con su arma reglamentaria. Justo a las tres y diez minutos de la tarde. A la hora misma en que Che Huan Liu, al otro lado del mundo, come grillos fritos en un puesto callejero de Bankog camino del trabajo. 

Amarula, sentada en el tronco de un árbol caído, balancea los pies como quien tiene todo el tiempo del mundo. Se le han ido los colores de la cara y si no fuera porque Olaia le recuerda cada noche antes de dormir que no se muera todavía, por favor, ya se habría olvidado de vivir hace tiempo. 

-Yo puedo ayudarte a salir de ahí. 

Amarula mira a Leonor, la gran escapista, la que nadie sabe cómo, la que la ves, y ya no la ves, la del conejo en la chistera, la... 
Salir de este cuerpo, piensa Amarula, que me duele, que se rompe, que ya no sirve, 
de esta carne que se pudre por dentro, de este lugar con bichos que me comen.

-Si quieres. 

Mira a Leonor y mira las hojas de los árboles y los pájaros y el sol en el cielo de las tres y diez minutos de la tarde y las ardillas y los ladridos de los perros a lo lejos y el volante de las faldas de las niñas al viento y las huellas en la tierra de los ciervos y más allá seguramente, el mar, en algún sitio, y recuesta su cabeza en el hombro de Leonor y le contesta que le hubiera gustado estar aquí, un poco más. 

El mundo parece tan normal a las tres y diez minutos de la tarde...Y en cambio Marfelino está pariendo una camada de gatitos. Se equivocaron de nombre. Tendría que haberse llamado Aghata. O Verdiflor. O qué lista que soy que estoy aquí bien calentita y me traen leche y además por las noches mi gato viene a verme. Tan guapo. Tan chulo. Tan malo. 
Siete gatitos con rayas en el pelo y los ojos de no haber roto nunca un plato. 

Han pasado los días desde lo de Nuria. Han pasado las nubes, los trenes por sus 
vías, la gente con paraguas por los pasos de cebra...

-Nunca me han besado. 

-Tampoco te pierdes nada, Olaia. 

-Miente muy mal, señorita Marie. 

Bajo los cedros, a las tres y diez minutos de la tarde, Marie de la Montagne va a contarle a Olaia lo que sabe de los besos: 

-El beso mariposa, por ejemplo, un tontería que consiste en mover las pestañas muy cerca de los labios. A mí no me gusta. Me da cosquillas y estornudo. El polaco lo hacía. Y además me llamaba ¿cómo era? Pastelito. ¿Te imaginas? “Pastelito”. ¿Tengo pinta de pastelito? Da igual. Se fue. Porque no tengo piernas. Ya nadie volverá a llamarme pastelito. 

-Se fue porque es usted la persona más desagradable que he conocido en mi vida. 

-Sí, es cierto. Bueno, luego están también los besos pequeñitos, niña. Esos tampoco me gustaban porque se ponía muy pesado por aquí y por allá y por todos los lados, no se cansaba, y la verdad, yo tenía otras cosas que hacer, estaba sacando el bachillerato  y... 

-¿A qué sabe una lengua? 

-Todavía no pensaba llegar ahí. Pues sabe a...por ejemplo: si has comido cebolla...

-Señorita Marie... 

-Los echo de menos. 

No muy mucho más allá de donde el tiovivo hace felices a las niñas sólo con girar, el inspector González da otra vuelta alrededor del cadáver: 


-¿ Y eso que le sale de la boca?

-Pues no lo sé, señor inspector. No queriamos tocar nada hasta que usted no llegara, ya sabe, es el procedimiento.

-El procedimiento, el procedimiento..Es usted tonto de su puto culo, Mejias. Le
aguanto sólo porque es sobrino de mi esposa; pero me cae usted como una patada en los cojones. Tire, a ver qué coño es eso.

Y Mejias tira de la punta de aquello y como en un truco de mago al muerto le va saliendo de la boca metro y medio de no se sabe qué.

-Usted dirá, Mejias.

-Pues yo juraría que es un lazo para el pelo. Un lazo azul, vamos.

-Celeste, Mejias, celeste. ¿A ustedes que le enseñan en la academia? ¿Y qué
hora es?

-Las tres y diez, señor inspector.

-¿No  iba a venir Santos con unos bocadillos? Apunte que lleva muerto por lo menos una semana. ¿Usted a qué huele, Mejias?

-A Varón Dandy, señor inspector. Es la colonia que me regala siempre mi mujer en nuestro aniversario. Desde hace ya...

-Que a qué huele en esta habitación, hombre Mejias, por los clavos de Cristo, tenga usted piedad de mi úlcera.

-¿A pescado? Es que el muerto por lo visto trabajaba en la lonja.

-Y se lavaba poco, claro.

-Cómo vivía solo...

-Vivía solo y era un guarro querrá usted decir. Apunte.

-¿Que era un guarro?

-Que tenía un objeto extraño en la boca, Mejias. ¿Usted tiene corazón? Hasta que
no me vea echando espuma por la boca no...

-Señor inspector...

-Dígame, Cáceres.

-Baje al sótano. Hemos encontrado una caja con más como esta.

Una foto. De una niña. Jugando. A sus cosas de niña. Y en la caja hay más. Mas fotos de muchas niñas. Tomadas desde lejos, algunas borrosas. Fotos de niñas desde lejos jugando a sus cosas.

-Hijo de puta...

Lo del muerto lo filtró a la prensa vete a saber quién,  y al día siguiente, ya estaba en la portada del periódico.

-Horrible, señora directora. Y aquí  al lado, qué miedo- la enfermera Juana pone el dedo encima de la foto-. Yo no sé cómo está el mundo, señora directora,  esto es cosa de un loco, lea, lea, cuarenta y cinco puñaladas con un cuchillo de cocina. 

Del lazo y de las fotos la prensa no dijo nada. Todo se compra. Sobre todo el silencio. Púdrete, cabronazo, dijo el inspector antes de tirar el cuchillo al río. Horas antes le había preguntado a Mejias, como quien no se acordaba: "¿Usted tiene hijos, no, Mejias?". Y Mejias, le había contestado que dos.

La profesora Marie y Olaia llevan un rato al trote mientras cae la tarde. Olaia va en un caballo blanco como el de Santiago y la señorita Marie en una carroza con forma de calabaza tirada por dos potros del color de la cenizas.

-No me mire así, profesora. No he sido yo.

Casi, el gato de Manolito el de la Cuesta, estuvo jugando con el lazo de Olaia toda la tarde aquella después de la excursión,  hasta que Manolito, desde lejos, le tiró una piedra gorda a ver  si.  Pero no. Manolito recordaba haber visto aquel lazo en el pelo de la niña jaula, y se acercó la mañana del día siguiente al colegio para devolverlo. Lo dejó en recepción. Y como no habia nadie y tenía prisa por volver a su anonimato de loco del pueblo y sus cosas pendientes con la vida, lo dejó  sobre el mostrador. Cuando la recepcionista volvió del baño, sobre el mostrador, ya no había nada.

Pasaron más días y más nubes y más gente cruzó los pasos cebra y las chicas de la banda se miraban de reojo buscando un desliz, una huella en la cara, un algo que las delatara. Cuarenta y cinco puñaladas. ¿Quién? Quién o ninguna. Qué locura. Son sólo niñas.

Y así, llegó el domingo.

-Mamá...

- ¿Qué, hija?

-Te quiero.

-Claro, hija, ya lo sé. Como siempre.

-No mamá.  Hoy soy la hija de la Vasca.

Eugenio y papá Ramón se hacen los valientes, pero les falta esto para echar una lágrima.

Olaia está preciosa. Y hoy es su cumpleaños.

-...y este es el tuyo, Catalina- ¿para qué le hablan, si no oye?-. Es un trozo grande- si no ve-. De fresa con natas.

Si no te escucha.

Catalina no sabe cómo son las cosas. De qué color. Ni de qué forma. No sabe que es la música. Ni siquiera sabe que exista esa palabra. No ha visto nunca un globo. Ni un dedal o los ojos de un perro.

Seguro que si alguna vez tuviera  un cuchillo de cocina entre las manos, no sabría qué hacer con él.