3 de noviembre de 2017

Olaia y la montaña mágica, último capítulo.



“-...pero tendría que conseguir un permiso del ayuntamiento, claro, señora 
directora, digo yo. Aunque tratándose de usted...bla bla bla...y teniendo en cuenta 
quien es su marido...bla bla y bla”. 

El tiovivo se queda en mitad del jardín. Las niñas hacen cola para montar en 
Rocinante o Babieca o en Furia, el caballo negro. Uno no se cansa nunca dicen de dar vueltas y vueltas y vueltas sobre el lomo de Pegaso o de trotar en círculos a la grupa de cualquier Unicornio. Y hace bonito en mitad del jardín, bajo los cedros, ver a las niñas dispararse balas de mentira jugando a ser cowboys algunas, y otras echando 
carreras que nunca gana nadie por mucho que le susurren a su caballo al oído vamos, corre, corre, que ya casi llegamos a las tres y diez minutos de la tarde.

El teniente Coronel de la guardia civil Emiliano Salcedo se acaba de meter un tiro en la boca con su arma reglamentaria. Justo a las tres y diez minutos de la tarde. A la hora misma en que Che Huan Liu, al otro lado del mundo, come grillos fritos en un puesto callejero de Bankog camino del trabajo. 

Amarula, sentada en el tronco de un árbol caído, balancea los pies como quien tiene todo el tiempo del mundo. Se le han ido los colores de la cara y si no fuera porque Olaia le recuerda cada noche antes de dormir que no se muera todavía, por favor, ya se habría olvidado de vivir hace tiempo. 

-Yo puedo ayudarte a salir de ahí. 

Amarula mira a Leonor, la gran escapista, la que nadie sabe cómo, la que la ves, y ya no la ves, la del conejo en la chistera, la... 
Salir de este cuerpo, piensa Amarula, que me duele, que se rompe, que ya no sirve, 
de esta carne que se pudre por dentro, de este lugar con bichos que me comen.

-Si quieres. 

Mira a Leonor y mira las hojas de los árboles y los pájaros y el sol en el cielo de las tres y diez minutos de la tarde y las ardillas y los ladridos de los perros a lo lejos y el volante de las faldas de las niñas al viento y las huellas en la tierra de los ciervos y más allá seguramente, el mar, en algún sitio, y recuesta su cabeza en el hombro de Leonor y le contesta que le hubiera gustado estar aquí, un poco más. 

El mundo parece tan normal a las tres y diez minutos de la tarde...Y en cambio Marfelino está pariendo una camada de gatitos. Se equivocaron de nombre. Tendría que haberse llamado Aghata. O Verdiflor. O qué lista que soy que estoy aquí bien calentita y me traen leche y además por las noches mi gato viene a verme. Tan guapo. Tan chulo. Tan malo. 
Siete gatitos con rayas en el pelo y los ojos de no haber roto nunca un plato. 

Han pasado los días desde lo de Nuria. Han pasado las nubes, los trenes por sus 
vías, la gente con paraguas por los pasos de cebra...

-Nunca me han besado. 

-Tampoco te pierdes nada, Olaia. 

-Miente muy mal, señorita Marie. 

Bajo los cedros, a las tres y diez minutos de la tarde, Marie de la Montagne va a contarle a Olaia lo que sabe de los besos: 

-El beso mariposa, por ejemplo, un tontería que consiste en mover las pestañas muy cerca de los labios. A mí no me gusta. Me da cosquillas y estornudo. El polaco lo hacía. Y además me llamaba ¿cómo era? Pastelito. ¿Te imaginas? “Pastelito”. ¿Tengo pinta de pastelito? Da igual. Se fue. Porque no tengo piernas. Ya nadie volverá a llamarme pastelito. 

-Se fue porque es usted la persona más desagradable que he conocido en mi vida. 

-Sí, es cierto. Bueno, luego están también los besos pequeñitos, niña. Esos tampoco me gustaban porque se ponía muy pesado por aquí y por allá y por todos los lados, no se cansaba, y la verdad, yo tenía otras cosas que hacer, estaba sacando el bachillerato  y... 

-¿A qué sabe una lengua? 

-Todavía no pensaba llegar ahí. Pues sabe a...por ejemplo: si has comido cebolla...

-Señorita Marie... 

-Los echo de menos. 

No muy mucho más allá de donde el tiovivo hace felices a las niñas sólo con girar, el inspector González da otra vuelta alrededor del cadáver: 


-¿ Y eso que le sale de la boca?

-Pues no lo sé, señor inspector. No queriamos tocar nada hasta que usted no llegara, ya sabe, es el procedimiento.

-El procedimiento, el procedimiento..Es usted tonto de su puto culo, Mejias. Le
aguanto sólo porque es sobrino de mi esposa; pero me cae usted como una patada en los cojones. Tire, a ver qué coño es eso.

Y Mejias tira de la punta de aquello y como en un truco de mago al muerto le va saliendo de la boca metro y medio de no se sabe qué.

-Usted dirá, Mejias.

-Pues yo juraría que es un lazo para el pelo. Un lazo azul, vamos.

-Celeste, Mejias, celeste. ¿A ustedes que le enseñan en la academia? ¿Y qué
hora es?

-Las tres y diez, señor inspector.

-¿No  iba a venir Santos con unos bocadillos? Apunte que lleva muerto por lo menos una semana. ¿Usted a qué huele, Mejias?

-A Varón Dandy, señor inspector. Es la colonia que me regala siempre mi mujer en nuestro aniversario. Desde hace ya...

-Que a qué huele en esta habitación, hombre Mejias, por los clavos de Cristo, tenga usted piedad de mi úlcera.

-¿A pescado? Es que el muerto por lo visto trabajaba en la lonja.

-Y se lavaba poco, claro.

-Cómo vivía solo...

-Vivía solo y era un guarro querrá usted decir. Apunte.

-¿Que era un guarro?

-Que tenía un objeto extraño en la boca, Mejias. ¿Usted tiene corazón? Hasta que
no me vea echando espuma por la boca no...

-Señor inspector...

-Dígame, Cáceres.

-Baje al sótano. Hemos encontrado una caja con más como esta.

Una foto. De una niña. Jugando. A sus cosas de niña. Y en la caja hay más. Mas fotos de muchas niñas. Tomadas desde lejos, algunas borrosas. Fotos de niñas desde lejos jugando a sus cosas.

-Hijo de puta...

Lo del muerto lo filtró a la prensa vete a saber quién,  y al día siguiente, ya estaba en la portada del periódico.

-Horrible, señora directora. Y aquí  al lado, qué miedo- la enfermera Juana pone el dedo encima de la foto-. Yo no sé cómo está el mundo, señora directora,  esto es cosa de un loco, lea, lea, cuarenta y cinco puñaladas con un cuchillo de cocina. 

Del lazo y de las fotos la prensa no dijo nada. Todo se compra. Sobre todo el silencio. Púdrete, cabronazo, dijo el inspector antes de tirar el cuchillo al río. Horas antes le había preguntado a Mejias, como quien no se acordaba: "¿Usted tiene hijos, no, Mejias?". Y Mejias, le había contestado que dos.

La profesora Marie y Olaia llevan un rato al trote mientras cae la tarde. Olaia va en un caballo blanco como el de Santiago y la señorita Marie en una carroza con forma de calabaza tirada por dos potros del color de la cenizas.

-No me mire así, profesora. No he sido yo.

Casi, el gato de Manolito el de la Cuesta, estuvo jugando con el lazo de Olaia toda la tarde aquella después de la excursión,  hasta que Manolito, desde lejos, le tiró una piedra gorda a ver  si.  Pero no. Manolito recordaba haber visto aquel lazo en el pelo de la niña jaula, y se acercó la mañana del día siguiente al colegio para devolverlo. Lo dejó en recepción. Y como no habia nadie y tenía prisa por volver a su anonimato de loco del pueblo y sus cosas pendientes con la vida, lo dejó  sobre el mostrador. Cuando la recepcionista volvió del baño, sobre el mostrador, ya no había nada.

Pasaron más días y más nubes y más gente cruzó los pasos cebra y las chicas de la banda se miraban de reojo buscando un desliz, una huella en la cara, un algo que las delatara. Cuarenta y cinco puñaladas. ¿Quién? Quién o ninguna. Qué locura. Son sólo niñas.

Y así, llegó el domingo.

-Mamá...

- ¿Qué, hija?

-Te quiero.

-Claro, hija, ya lo sé. Como siempre.

-No mamá.  Hoy soy la hija de la Vasca.

Eugenio y papá Ramón se hacen los valientes, pero les falta esto para echar una lágrima.

Olaia está preciosa. Y hoy es su cumpleaños.

-...y este es el tuyo, Catalina- ¿para qué le hablan, si no oye?-. Es un trozo grande- si no ve-. De fresa con natas.

Si no te escucha.

Catalina no sabe cómo son las cosas. De qué color. Ni de qué forma. No sabe que es la música. Ni siquiera sabe que exista esa palabra. No ha visto nunca un globo. Ni un dedal o los ojos de un perro.

Seguro que si alguna vez tuviera  un cuchillo de cocina entre las manos, no sabría qué hacer con él.

6 comentarios:

  1. Gracias a cada uno de vosotros, Juana. Se escribe para ser leído. Para comunicar, para verse uno pie dentro, no se escribe sin lectores, mentira, y es el lector, al final,quien pone todo en su sitio.

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  2. Gracias Billy
    Por cada palabra
    Por Olaia
    Gracias

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    1. Gracias a ti. Por dar forma en tu imaginación a mis letras.

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  3. Enhorabuena Billy!!! has redondeado una preciosa historia nada fácil de armar... me has tenido de adelante a atrás para saber si cómo me temía el horrible hombre que olía a pescado de verdad era su padre ... porque ¿era su padre verdad? ¿ cómo puedes tener una mente tan retorcida escribiendo tan mágico? jaja a lo mejor es justo por eso. Gracias!!!

    U beso enoorme para todos en este maravilloso cole, una vuelta doble para todos en el tíovivo y muy feliz domingo...

    Me pido a Furia ¿ vale? MmuaaksS!


    ; )


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    1. Furia pa ti entonces.
      Bueno, me froto las patitas, ahora, a otra cosa mariposa. El camino está ahí delante...

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