17 de diciembre de 2017

A+D

Después de veintisiete días muerto-oficialmente-, Danny se levantó de entre los muertos, caminó hasta la cuarenta y dos con Lexington Avenue, abrió de par en par las puertas del Majestic y se lió a tiros con todo el mundo con una Thompson calibre 22 de cuello largo. Con todo el mundo menos con el camarero. Pidió un Jameson sin hielo y puso dos dólares encima de la mesa: “Dile a Callongero que me devuelva lo que es mío”.

Porque Anabelle era suya. Todo el mundo lo sabía. Callongero también. Pero Callongero tenía la costumbre de coger lo que quería. Siempre. Todo tenía un precio, decía, tarde o temprano. Aunque si no podía comprarlo, mandaba una cuadrilla de sicarios armados hasta los dientes a que entraran de noche a por la vida de Danny y le trajeran sus tripas envueltas en papel de periódico y a Anabelle en la parte de atrás del auto.
Era difícil matar a un O´Sullivan. A su tío Brennan una vaca le había caído encima desde el tejado de una casa y había salido de allí andando por sus propios pies, hasta el bar, claro, y a Kelly, la pequeña Kelly, que era prima suya por parte de madre, la había atravesado un rayo dos veces. El mismo día. Y seguía siendo rubia. Así que cuando Danny abrió los ojos y empezó a meterse el dedo en todos aquellos agujeros que antes de irse a la cama no estaban allí, pensó que tenía mucha suerte de seguir vivo. Hasta que se dio la vuelta en la cama y descubrió que en el sitio de Anabelle, ya no había nadie.


8 comentarios:

  1. Asi que Anabelle era recambio entre machos, .Agujeros el precio?

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    1. Me pregunto qué tendría que decir ella de todo esto.

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    2. Que está hasta el chirri de todos ellos.
      Cogería y los prenderia a todos fuego.

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  2. Nada peor que la venganza de un muerto.

    Saludos,

    J.

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  3. Bylli?
    Has visto la peli de "el cuervo"?

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