29 de diciembre de 2018

Flúor


A la Andrea se le salen los ojos de la cara.
La Andrea es la hija de la señora que limpia los bloques de pisos de mi barrio.
Si la Andrea me dice que lo mate yo lo mato.
Y luego pregunto.
Fuimos a la ermita de la virgen del Valle y
encendimos una vela y le juré
que era su perro y
por la tarde nos hicimos un tatoo con la cara de
Nina Hagen.

Yo me cago en el viento que roza su pelo.
Llamo por teléfono a esos tíos
que cantan canciones con su nombre:
¿No será la misma, eh?

Hasta le escribí un poema:
"Eres el Sol que me calienta la cara".
Y casi me parte la polla aquel día
del polvo que me echó.
La Andrea me pone loco.
Mu loco.


Yo es que a la Andrea, la quiero.







28 de diciembre de 2018

Livermonio




...pero si hago eso que tanto te gustaría y que a mí no me gusta nada quiero que sepas que es la parte de mí que se siente culpable la que lo está haciendo. No es la parte que te quiere, ni la que se sacrifica para que la ecuación del amor funcione, no creo que, la parte de mí que haga lo que a ti te gustaría que hiciera ni siquiera sea parte de mí. Seré otro. Uno que no conozco. Si eso te da igual, tal vez deberías amar a ese otro que no soy yo y dejar que yo siga mi camino. Porque no se puede borrar a las personas, ni sólo un trozo, no es sano, no se puede querer un treinta y cuatro coma dos por ciento o un setenta y querer que lo demás desaparezca como si nunca hubiera existido. Es horrible. Así que pienso que si para conservarme entero con todos mis defectos y mis insignificantes sueños y mis errores y mi pasado y mi lo que sea que sea mío, si para eso tengo que elegir entre tú y yo, me elijo a mí. Porque al final, por mucho que intentes evitarlo, uno es lo que su corazón siente, y negarlo, no parece que sea vivir la única vida que tienes.






27 de diciembre de 2018

Californio



Qué bonito es el amor. Con sus ya no te quiero, sus me voy a la cama.
Con sus pues vete, sus a tomar por culo, qué bonito
la pizza fría a las tres de la mañana y las onomatopeyas grrrr...¡Guau guau! Rummmm-rummm.
Las tripas. Los suspiros. Los mocos.
Qué bonito.
Tic tac tic tac.
El desayuno de mañana. Veras qué cara. Seguro que no habla en una semana.
Los pájaros cantando en la ventana, qué bonito, riéndose de mí.
Cabrones.
Si no fuera porque anda como un pato.
Porque huele a lo que huele y sabe rico y es tan
blandita...
Porque me enciende y me apaga me enciende y me apaga me enciende y me apaga.
Por eso. Que no sé lo que es; pero por eso. Porque no sé lo que es.
Porque hace trampas al parchís cuando no miro.
Porque pasa de vaca a colibrí en cero coma seis segundos.
Si no fuera por eso que no sé lo que es pero es por eso
ni se me pasaría por la cabeza acercarme a la cama
como una puta rata y...
Y después de y a lo mejor. Con una cucharita. Y nata, mucha nata.




25 de diciembre de 2018

Manganeso



Cosas que me gustan un montón*:
-*mucho; que te cagas; mogollón-
comerme un coño.
Pasear por la playa. Solo. Da igual. Que no. Porque no. Sí, ya sé que te he comido el coño.
Mis auriculares. Son muy gordos. Creo que son, atómicos o
algo y
por eso me hago invisible.

Cosas que me tocan los huevos:
pasear por la playa. Solo.
Los gritos. Todos los gritos.
Que sólo me quede una bala en la recámara.

Cosas que me dan exactamente igual:
-¿Puedo llamar a un abogado? ¿Tengo derecho a una llamada, no?-
todo lo que no empiece por yo.

Creo que soy una mala persona. Aunque una vez salvé un puto gato
que se había atascado en la trituradora de basura.
Nunca le he pedido a nadie un cigarrillo.
Y todavía me gusta Tina Turner...




24 de diciembre de 2018

Cobre



...por tener una de esas caritas sonrientes
redondas, regordotas,
en mi móvil.
Un buenos días, capullo.
Una foto de tu puta cara
Una canción de mierda.

Detrás de la fábrica conservera había
chicos con VIH
esperando una oportunidad.

Ya nadie hace cosas importantes.

Tal vez muera precisamente hoy. O no. Por eso es tan emocionante.

Mientras, amo todos los sonidos de la casa.
El bffff del microondas; el chiusssfffff de la cisterna; la vecina de arriba arrastrando los muebles...

Ojalá fuera Bob Esponja.

O Forrest Gump.

Y siempre he querido aprender a tocar el saxofón.





20 de diciembre de 2018

Dubnio




Todo me queda grande:
los jerséis, el amor, los vasos de agua.

Pero no fue hasta el homo que la belleza tuvo un nombre.
Como todo lo que podía destruirse.
Las cajas de música, el nivel del mar, el corazón de una mecanógrafa...

Nunca tuve sus manos ahora que recuerdo
cómo se ocupaban siempre de otra cosa.

Llegará, inevitablemente, la era de las máquinas
y me entregaré a la hermética
de un modelo X-126 de fabricación japonesa
con senos de una perfecta simetría
y una lengua rosa
pálido.





19 de diciembre de 2018

Copernicio



Si yo te pufff y tú me ¡oh!
¡oh!
¡oh!
y yo te -puntos suspensivos- y tú
y tú vas por ahí tirándote del pelo y diciendo que estás loca por mí
si
todo esto, supongamos, es igual
a Pi elevado a fa mayor
y toda esa mierda, ya sabes, de ir montada en la barra de mi bici o
pasarnos el chicle de la boca a la boca...¿no somos yonkis?
Porque no quiero morir de sobredosis ¿sabes?
Quiero ser todo el tiempo yo. Contigo.

O sin ti. Aunque sea más triste.




16 de diciembre de 2018

Polonio




Me sentaba delante de aquella mesa que en realidad no era una mesa sino un tablón de madera parte de un ropero viejo pero que parecía una mesa y ordenaba como si fuera a hacerle una puesta a punto a mi corazón el tarro de los lápices de colores que en realidad no era un tarro sino una lata de tomate triturado; la goma de borrar que estaba muy rica y sabía a nata; alineaba el bloc de dibujo perpendicular a no me acuerdo qué; ponía a Police en una mierda de radiocasette marca yo qué sé pero en chino y me ponía a dibujar Unicornios o naves espaciales o tormentas con barquito y a lo lejos faro mientras le daba una calada de vez en cuando a una hierba que me pasaba el moro del piso de abajo. Yo y todos aquellos garabatos. Hoy he buscado de nuevo en internet “trastorno de...” Y estoy tan lejos. Tan lejos que no quiero volver.






14 de diciembre de 2018

Silicio



¿Sirve de algo que me digas que me vas a querer siempre?
No. te sirve a ti, que ya no estás. Que sólo eres una nota pegada al frigorífico.

Tampoco sirve ir a los mismos sitios. Ya no estamos allí.

Fue bonito amor, no te preocupes.

Ni guardar cosas. Sólo ocupan sitio.
Por eso hay que vaciar el corazón.
Para que quepa todo lo que está por venir.

Para vivir, hay que estar herido.
Cuando alguien me pregunta por esta cicatriz, siempre respondo lo mismo:
“Es mía”
me la hice con la espina de...

Una sirena.







13 de diciembre de 2018

Americio



Hoy he salvado una vida. Creo.

Resulta que normalmente todos los días al salir del trabajo voy un rato a casa siempre por el mismo camino hasta que siempre por el mismo camino regreso al turno de tarde. Pero hoy no. Hoy tenía que salvar una vida. Creo. Y tras una serie de sucesos extraordinarios: como que no me ha dado tiempo de ir a casa porque me estaban dando por el culo en el trabajo; como que en cuanto pude lo dejé todo como estaba a chuparla un rato y salí a caminar; como que vagué sin rumbo cagándome en mi puta calavera por calles en las que nunca antes había estado; como que me eché mano al bolsillo y no tenía tabaco y buscando un estanco, pasó.

El puto viejo iba montarse en el taxi cargado hasta las trancas y haciendo malabares con dos cajas de gambas de por lo menos tres kilos cada una. Y sin ver un carajo. Ni la puerta del taxi, vaya. Y yo que pasaba por allí voy y le digo, pero hombre abuelo que se va a usted a matar, si no puede ni andar, ¿dónde coño va con dos cajas de gambas? Y le abro la puerta y lo cojo del brazo y lo ayudo a entrar al taxi mientras me cuenta que qué pena llegar a esa edad. Y al siguiente segundo, el puto viejo se me vuelca encima como un árbol talado, como un saco de papas, con las dos cajas de gambas que no las soltaba ni muerto, todo el viejo al suelo con tanto tino que me arrastra al asfalto con él y con sus huesos de viejo y sus putos seis kilos de gambas me cae de canto y me hace polvo la rodilla. Justo se quedó con la nuca a tres centímetros del filo del bordillo de adoquines de la acera. No me moví, dejé que me siguiera triturando la rodilla hasta que a nuestro alrededor se arremolinó un montón de gente que no conocía de una mierda y alguien me lo quitó de encima y, antes de que me diera cuenta, ya estaba montado en el taxi camino de donde quiera que fuera con sus gambas.
Quiero imaginar que llegado a su destino con su cabeza medio ida de puto viejo le contaría a alguien que de pronto justo antes de que se desnucara contra el bordillo apareció un ángel. Que aunque no recordara mi cara, lo seguiría contando hasta el día que arrugara el labio para siempre, que pudo ser hoy. Quiero pensar que con quien sea que fuese disfrutó pelando gambas y haciendo esas cosas que hacen los viejos mientras pueden, todavía. Pero lo cierto es que no me dio ni las gracias. No importa. Hoy, he salvado una vida creo, y después he vuelto al trabajo a terminar el día.





11 de diciembre de 2018

Talio


¿El a qué?
Mi hoja de servicios tiene más manchas que el sudario de Cristo.
Más que la camisa de Torrente.
Más manchas, que hoja.

Así que nunca más voy a querer a nadie.
Ya está. Lo he dicho. A la mierda los refranes.

A no ser que yo le diga, no, no bailo.
Y me saque a bailar.
-que no bailo, joder-.
Y se me pegue al cuerpo hasta que oh, dios mío
-¿qué coño es esto?-,
me atraviese el pecho con sus...así: ras ras, de dos puñaladas
-¿qué parte no entiendes de no quiero bailar?-.
Que se le escuche el corazón haciendo
pum
pum
pum. Catachiquitiquitiquipumpumpum.
Sí, bueno, si tuviera, no sé, ojitos de te voy a comer y una cuchara en la mano.
O una recortada.
O un tanque.
O un submarino nuclear.

Aunque sólo pum-pum también me vale.







10 de diciembre de 2018

Rutenio



Señalé con un movimiento de barbilla la foto sobre el mueble de caoba del recibidor y le pregunté a X quién era aquel tío con corbata y bigote: “El que paga todo esto”, me dijo mirándome raro desde arriba hasta abajo y, con una entonación singular, que era un señor.
Habíamos ido a cenar aquella noche a casa de Mimí. Mimí no era de aquí. Había llegado como tantos otros en busca de una oportunidad cualquiera y vivía con su hermano en la casa que pagaba el señor de la foto. A cambio de algo, supongo, como todas las cosas de este mundo. Mimí era muy bonita. Así que yo no soy un señor, pensé, vaya vaya, mientras X terminaba de ponerse el abrigo, y me alegré de que estuviera nevando.
A los pocos meses Mimí y yo coincidimos en la misma sección de la fábrica y me contó que había conocido a un mozo de almacén del puerto, un chico guapo y amable que había llegado a la ciudad hacía poco desde otro punto del planeta más bonito pero menos agraciado. Y que estaban saliendo. Y que era muy feliz. Y que estaba embarazada. No hablamos para nada del señor. Seguro que seguiría sobre el mueble del recibidor. Le di un beso en la mejilla a Mimí y continué mi camino por el pasillo cuatro hasta la máquina expendedora de café.
Tampoco hablamos de X.





7 de diciembre de 2018

Sodio



En cambio una esfera es tan hermosa...
Y lo incierto tan dulce.
Seguramente inevitable.

A lo lejos los taxis y el bar de la esquina bostezando este martes.
La Rosa de los Vientos dibujada en los cristales del último autobús.
La tele del vecino anunciando piscinas hinchables, y el resto
sólo esta carne.
Fría.
De hoja de charco. De mosca quieta en la cortina.






5 de diciembre de 2018

Hidrógeno


Cuando llevas veintisiete días sin comer te comes lo que sea.
Una rata.
Tu pie.

Cuando te han roto todos los huesos del cuerpo una y otra vez crees en lo que sea.
En dios.
En Atlantes.
En el régimen.

A no ser que seas todo aquello que dijiste que eres.


Tú sabrás

.

3 de diciembre de 2018

Uranio



Me digo, olvídate, tío. Lo de tío es porque tengo confianza conmigo. Aunque a veces me porto mal. Me acuesto con los mismos calcetines que he usado todo el día. Porque si me los cambio me entra frío. Y entonces, me acuerdo. Olvídate, me digo. Mándala a tomar por culo. “Vete a tomar por culo”. Pero no se va. Abro la nevera y veo el yogur de coco y lo que hacíamos con el yogur de coco y me acuerdo. No sé por qué coño compro todavía yogur de coco. He salido con chicas, y eso. Pero ninguna me daba puñetazos cuando las mordía. Alguna me llamó cabrón. Y eso que ni les salió sangre. Olvídate. Olvídate, tío. Y cierro los ojos y me acuerdo de su puta mad... y de los muertos de su pad.. Y del día en que la conocí. Allí, tan ancha como una avenida y yo sin munición en la boca: “Ho-la”. Tenía que llover, estaba claro, para que se metiera debajo del paraguas y ya que estaba, joderme la vida.




2 de diciembre de 2018

Cobalto



Dirás, “no, no lo eres”
pero sí: soy un árbol.
¿Y quién le pediría algo a un árbol?
Un árbol da sombra porque quiere.
Da frutos porque es un árbol. Tiene hojas, y toda esa mierda.
Y si le hablas-que ocurre-no esperas nunca una respuesta.
Está ahí. Puedes recostar tu espalda en su tronco. Y ser feliz sólo por eso.
Pero tarde o temprano dirás “a ti lo que te pasa es que...”
Y no. Lo que me pasa es que soy un árbol.

Te enredarás como los auriculares dentro del bolso
si no miras dónde pisas.





30 de noviembre de 2018

Tecnecio



Eres ciento treinta y dos mil setenta veces siete más bonita que ninguna otra mujer que yo haya visto, con estos ojos, nunca.
Tú la infinita, la que no se acaba nunca de acabar, la espiral
de Fibonacci, la sudoku y la ying yang y la la la del canto de sirenas-coro-, re sol mi re do sol fa.
La de a trescientos cincuenta y una mil millones de años luz de lo absolutamente todo. La esculpida. La ánfora. La huella. El eco del eco del eco.

PD: ya no te quiero.





28 de noviembre de 2018

Neón



Cuando uno se corre-se va, adiós, se
ahhhh
ahhhh
ahhhh-
es necesario convertirse en animal:
en caballo, en un ciervo, un minotauro.
En cerdo, por supuesto.
Hacer ojos de pescado, blancos, de cadáver
y esparcir de forma oblicua cada pétalo en las sábanas
en las lámparas, que nieve
sobre aquello que más amas.
La luz ha de ser tenue hasta el momento en que te mueres. Entonces sí. La supernova. El Olimpo.
Joder, joder, joder.
Como si un rayo te hubiera atravesado.
Eres, durante unos segundos, Dios. El puto amo del mundo subcuántico.

Es muy importante que una vez resucitado decir  algo bonito. "te amo" estaría bien.
O "te has dejado encendidas las luces del baño".
Y nunca preguntar si le ha gustado.
Si tiene puesto un cartelito de no molestar y los ojos cerrados y parece de goma y el pelo todo alborotado y respira como
si estuviera subiendo una cuesta,
si no puede ni hablar y vez de "yo también" te dice " no me toques, que te reviento"
o tiene cara de estar metida en un Spa,
le ha gustado.
Y si no le ha gustado te dirá buenas noches
que mañana me levanto temprano.









26 de noviembre de 2018

Moscovium



Por cosas. Cosas que a nadie le importan una mierda. Porque cada uno tiene las suyas. Por suerte, estoy muy loco, y puedo permitirme el lujo de vivir en un mundo paralelo(no, de mentira no: paralelo). O sea, en mi puto mundo. Eso me alivia; aunque tarde o temprano tenga que poner los pies en el suelo y enfrentarme a la realidad. No me asusta la realidad, sólo que me aburre. No se puede volar; ni decir la verdad todo el tiempo. No se puede salir en pelotas a la calle, no se puede ir al cine con el monstruo de Frankestein; no se pueden un montón de montones de cosas. No sé quién coño decide lo que se puede o no; pero no me gusta y como no me gusta, vivo en mi mundo paralelo-no, de mentira no: paralelo- todo el tiempo que puedo. Bebo toda la Cocacola que me da la gana y fumo sin contar cuántos y me la meneo pensando en Betty Boop o en Paul Newman. Depende. Lo chungo de mi mundo es que nadie más puede vivir aquí. Es tan pequeño como un grano de arroz o más y además, es paralelo-vale vale, sí sí sí, de mentira-, y por la cosa subatómica y eso nadie se atreve a hacerse tan pequeño. Por si acaso lo pisan. O se lo come un gato. Y al gato se lo come un perro. Y al perro se lo come un león. Y al león se lo come un dinosaurio. No es que necesite a nadie; pero a veces, me pierdo, y no me vendría mal alguien al lado que llamara a la CIA. O a los bomberos. Yo qué sé. ¿A Sherlock? Pero yo estoy bien así,paralelo, paseando entre árboles paralelos con hojitas que cantan cuando el Viento del Este, trabajando en una pizzería donde todo el mundo va al baño a meterse una raya o a echar un polvo, sentándome en un banco de cualquier iglesia a hacer la siesta, tomando café, mirando el mar-este mar paralelo-, las lunas-varias-, las estrellas-más gordas y brillantes-, y aprendiendo a hablar el idioma de los objetos inanimados, como por ejemplo, las estatuas. Y si me pierdo, no sé cómo, una mano gigante sale en el último momento del cielo de mi mundo paralelo y me coge con dos dedos por el cuello de la camisa y me deja caer en algún punto del puto Google Maps. A lo mejor en un semáforo. Una azotea. La bañera. No sé quién es. Ni cómo lo hace. Supongo que, alguien que me quiere. Tampoco sé por qué.





25 de noviembre de 2018

Disprosio


Llego al trabajo. Ladro.
Jesús me pone un café.
Enciendo la radio.

"You can fool yourself
I promise it will help
Now every single day
I just wanna hear you saying".

Enciendo un cigarrillo.
Está prohibido.
Por la eMpresa. Por el médico. Porque si fumas es que no me quieres.

Me encanta.

" I'm
So lucky lucky
I'm
So lucky lucky".

Apago el cigarrillo en el café.


Creo que odio a todo el mundo.




24 de noviembre de 2018

Protactinio

Un perro se comió mi pene cuando tenía nueve años.
Pero sigo siendo un hombre.
Un hombre sin pene.

Alice se presentó un día
con un aparato de plástico
y textura amable
que usamos desde entonces para jugar a
cosas.

También descubrimos
-por casualidad-
que tengo un punto g dentro de la oreja
-casi en el cerebro-
y Alice una lengua muy larga.


Otras veces pasamos la tarde jugando al monopoly.
No hace falta pene. Sólo unos billetitos de mentira que...bueno
todo el mundo sabe lo que es el monopoly.





Titanio



Ayer maté una vaca.

¿Y recuerdas a Everton? Su discurso político estuvo a la altura de
uno de esos niños de primaria que venden limonada en la parte de atrás del jardín de su casa a treinta centavos el vaso de cristal para comprarle una silla de ruedas nueva a mamá.

Pensé también
en
ti, y en que una de las cosas más relativas que conozco es la importancia,
mientras limpiaba el cristal de las gafas con una servilleta del bar Smity`s.

Tú eras importante. Lo más importante. No había nada más importante
-ni siquiera Plutón-
para mí
-ni el color azul-, el tío al que nunca le ha importado nada.

Eso fue antes de matar la vaca.





22 de noviembre de 2018

Telurio




Así que como ella había salido de no sé qués profundidades, o no le decía nada, o miraba a otro lado cada vez que tosía y se le escapaban por la boca caballitos de mar que se ahogaban en el suelo sin aire en los pulmones. Entonces me tocaba hacerla reír toda, con el clásico truco de buscarle cosquillas donde no las tenía hasta que una sonrisa y luego otra le surcaban la cara para acabar casi meada de la risa allí en la cama suplicando entre lágrimas, para, cabrón, que se me caen las hojitas de las ramas. Y nos mirábamos con todo el amor del que éramos capaces aunque fuera en la calle se escuchara silbar a la muerte buscando un número que le gustara más que otro para llamar al timbre no precisamente para pedir caramelos. Casi siempre pasaba de largo. Otras se asomaba a la ventana.





17 de noviembre de 2018

Hafnio



No hay monstruos debajo de la cama. Hay pelusas; jeringuillas; condones; zapatillas; cajas de zapatos con fotos; colillas de tabaco o polvo o una moneda que perdiste en el 87; tal vez algún botón; un calcetín soltero; una canica, las llaves del candado de la bici, una fila de hormigas, migas de galletas...

Los monstruos, siempre, están durmiendo arriba. Tan tranquilos. En su lado de la cama.




15 de noviembre de 2018

Plata


Cada vez siento menos cosas. Ese tipo de cosas tipo que te abracen y tú cierres los ojos. Yo me quedo con los brazos colgando como si fueran una toalla mojada. Cosas como que no sienta una mierda al ver las noticias en la tele de volcanes que derriten a la gente o la monja esa que han violado en Dinamarca. Sigo comiendo tan tranquilo. Como si no pasara nada. A mí qué me importa. Y me da frío . Porque tengo muchos huecos por donde pasa el aire. Miro una flor y veo una flor. No sé si dice sí o si dice no. Ni siquiera sé si habla. Y la corto y me la como pétalo a pétalo para ver si sabe a algo que me recuerde algún nombre. Luego me duele la barriga. Y hasta he metido los dedos en un enchufe. Lo único que conseguí es dejar a medio barrio sin luz. Era bonito. La gente salía a la calle con velas encendidas a preguntar qué coño había pasado. Que ya no tengo pelos en las cejas. Eso ha pasado.



14 de noviembre de 2018

Celsio



Nos estábamos fumando un porro de cuatro papeles y de pronto le dije: "Me voy". Era de noche, supongo, y en la radio sobaba ZZ Top mientras tumbados boca arriba en el suelo esperabamos para ser los primeros seres humanos en ver salir una estrella del techo.

"-¿Y dónde vas a ir?

-Ni puta idea. Estoy hasta los huevos.

-¿De qué?

-De todo.

-¿Tienes dinero?

-Tres mil pesetas. Y la semana que me debes, cabrón.

-Llévate el dinero de la máquina de tabaco si quieres.

-No hace falta. Pero me llevo ese sombrero."




13 de noviembre de 2018

Neptunio



El tiempo pasa y no cura nada.
Echo de menos tu coso acogedor y calentito y tu boca pequeña de decir cosas grandes como
estás loco amor muy muy muy loco y te amo y
te voy a partir por la mitad, cara de palo.

Pero eran tus ojos: esas dos bolitas de mirarlo todo,
donde yo veía nebulosas y galaxias con miles de millones de estrellitas girando en su interior y a lo mejor
alguna que otra nube redondita y blanca.

O apretar tu culo frío con las manos y que no dijeras nada nunca.

¿Y recuerdas el día que subimos al Empire State Building?
Pues quería arrojarte a la West 34th Street y que todos los taxis de la quinta Avenida te pasaran por encima
mientras yo me fumaba un cigarro sin que tú dijeras “¿Otro?”.
Todo eso te quería.

Joder, otra vez llueve hacia arriba.





10 de noviembre de 2018

Francio



Perdona por comerme la cabeza del canario;
pero fuiste tú quien dijo no vuelvas si no vuelves
en un helicóptero.

Eres muy linda, tú, con esa cara que tienes de

("-No lo digas.

- Lo digo.

-No lo digas.

-Lo voy a decir.")

hija de puta.

"-Cuando me pongo.

-Cuando te pones.

-Cuando me pones.

-Cuando te pongo

-Escupe la cabeza de mi pájaro ".




8 de noviembre de 2018

Darmstatio



“No corras papá".
Pero corrió.
Nunca estaba mucho tiempo en ningún sitio ".

"Yo al mío le atravesé la garganta con una cuchara.
Me tocaba. En sitios que eran míos".

"¿Mi padre? Todo el mundo lo sabe: era el cura del pueblo. Ahora vive en una roulot
cerca de Manchester".

"El mío estuvo muerto quince años.
Y un día llamó al timbre.
Mi madre no le abrió".

"A padre lo encontraron colgado de una viga”.

“Yo tuve tres padres. Ninguno era el mío.”

“No sé...tal vez si le viera por la calle.”





7 de noviembre de 2018

Radón



No soy tu puto hombro donde llorar, soy el que te va a empujar al precipicio.

Soy el cabrón que te quiere
El loco que te ama
Tu fiel perro salvaje.

Y no es que yo seaaaa...pero tú sí. Tú puedes con todo. Yo, lo he visto.

Cualquier noche la muerte es un cuervo en la ventana
esperando a que te rindas
para llevarse de las cuencas el brillo de tus ojos.

Y no te rasques más.
Y no eso que haces con la cara. Me da igual. Búscate otro hombro.

Y luego está esa serie que tanto te gusta ¿Te vas a perder el final?





Litio



Mordí a un perro.
Helé las venas en mi sangre.
Sembré las plantas de los pies; tuve en mis manos el pájaro de ciento
y lo eché a volar.
Le di la espalda a todo lo que amé
alguna vez.
Y tiemblo, tiemblo como las hojas de los árboles antes de caer.
Y lloro gordo y de seguido ríos que no llegan al mar y tengo miedo y
me atraganto con el único nombre que no puedo nombrar.
Porque me duele. Porque ya todo me duele.
Se me enredan las letras. Se me olvidan las palabras.
Amor; ojo; submarino; cazuela; perdiz; calamidad; proeza; sitio...
Los días son más largos, con más noche, más oscuros, casi
amargos
como la hez de un ñu.
Fríos como el frío de un niño recién muerto.

Y a veces
esa luz.




4 de noviembre de 2018

Torio



Metí el reloj dentro del gin tonic y le dije “¿Y ahora?”.
“Ahora estamos atrapados aquí para siempre, idiota”
Y me besó.
Las moscas se habían detenido en pleno vuelo.
El camarero parecía un maniquí.
Los relojes, por supuesto, se habían quedado mudos.

Luego fuimos a mi casa y la puse a cuatro patas como un perro.
“La última vez que me puse de rodillas-me dijo-
fue en la misa del domingo”.
Después nos arrastramos de la alfombra a la cama por el fango.
Encendí un cigarrillo y le dije que tenía
una pistola en el cajón de la mesilla de noche.

Ya tengo que irme, me dijo; pero no amanecimos.
Su agujero era perfecto, redondo, hondo y tibio.
Llovía fuera.
El camión de la basura se perdió en la distancia
llevándose consigo
toda la mierda de este mundo.

“Tengo hambre”.
Me dijo.
En la nevera sólo había
un huevo
y
algo que parecía una manzana.

No recuerdo su nombre.
Creo que eso
nunca me lo dijo.




3 de noviembre de 2018

Lutecio



-Mmmm...

-¿Qué?

-Dime que me amas.

-¿Para qué? Si ya lo sabes. Si quieres te digo algo que no sepas.

-¿Como qué?

-Pues seguro que no sabes que en 1957 un redactor del Herald Tribune...

-Pero es que a mí no me importa una mierda el redactor ese. ¿Te cuesta mucho decirme que me quieres?

-No tanto. Pero me dan fatigas. Hoy es la no sé cuánta vez que me lo pides. Cada cuarto de hora más o menos para ser exactos. Y cansa. Y es aburrido.

-Creo que lo nuestro se ha terminado hace tiempo.

-Ya. Eso dijiste ayer. Y hace un mes. Y el año pasado. Y hace cinco años.

-Porque eres tonto.

-También llevas diciéndolo toda la vida.

-Bueno, y el redactor ese ¿qué?

-Pues resulta que...

-Que no me interesa. Que me digas algo bonito. Joder.

-¿Entonces para qué me preguntas?

-Ves como eres tonto.





2 de noviembre de 2018

Mercurio



Hoy cruzando un paso cebra me ha atropellado un taxi y he muerto.
Iba pensando en ti; así que es culpa tuya.

Con lo bien que nos salía aquello de “no, cuelga tú”.
O si me enseñas tu cosita yo te enseño la mía.
O a dibujarnos con saliva letras en la espalda.

Entrando a la izquierda de mi corazón hay una máquina
de café
que funciona con la misma moneda con la que te pagué
tus pestañas largas
o que me dejaras ponerme tus bragas.





29 de octubre de 2018

Potasio



Hubo un tiempo en el que quise ser mejor persona.
Salgo a la calle en busca de un jarabe para la tos de un resfriado mal curado y entro en la primera farmacia que me encuentro pero como no me gusta la cara de la farmacéutica me voy y sigo caminando hasta que por casualidad paso por debajo de un enorme árbol donde anidan, al parecer, cientos de pájaros. Me fumo un cigarro mientras cantan intentando entender sus pío píos; aunque lo único que entiendo es pío pío. Entro en otra farmacia con una farmacéutica con una cara mucho más cara que la otra, que seguro que no había cagado, con la de cosas que tiene a mano para solucionarlo. Mire, tengo tos y, bueno, la mitad es del tabaco, pero la otra mitad es de un resfriado mal curado...Me da unos sobrecitos individuales, por si me los quiero llevar al trabajo dice, y que beba mucha agua. Camino. Los envoltorios de los pastelitos giran haciendo círculos en el suelo, atrapados en una espiral de la que no saldrán hasta que el viento no amaine. Oh, un estanco. Paso dentro y la chiquita que el otro día me preguntó que qué tabaco fumaba, “porque mire, si se lleva este, yo le regalo...” se me queda mirando con ojos de oh oh el hombre desagradable del otro día. Porque el otro día casi la mando al carajo. Fue que me preguntó que qué tabaco fumaba y directamente le contesté que el mismo de siempre y que no me interesaba nada más. Y como dije nada más arqueando una ceja y separando las sílabas, se puso muy sería y sin decir nada más tampoco se dio media vuelta y se puso a sus cosas de promotora de una marca de tabaco que a mí no me gustaba. Tardó cinco segundos en volver: “Es que si se lleva este...” Creo que ya era algo personal. Te he dicho que no, le dije, y cuando añadí, “joder”, todo el mundo se quedó mirando. Como si hubiera pasado un ángel. Pero allí no había ningún ángel. Y hoy estaba otra vez ahí, enfrente mía, con cara de oh oh otra vez el señor desagradable y sin saber muy bien qué hacer conmigo, si odiarme desde ya, o dar los buenos días por si acaso. Yo hace tiempo que ya no quiero ser nada. Ni saber lo que soy. Me levanto, y respiro. Y la vida se encarga del resto. Así que como nada más verla he sonreído sin saber por qué ni que me importe, ella también ha sonreído y le ha vuelto el color a la cara y hasta ha dicho hola qué tal mientras la dueña del estanco me preguntaba por tercera vez, como si el tiempo se hubiese detenido para que pasara un tren, qué qué tabaco quería. Pues tal, le digo, y cuando voy a sacar la cartera la chica ya está a mi lado diciendo esto es para usted, una funda para el bonobús, aunque en realidad está diciendo es usted un hijo de puta y el otro día lloré cuando llegué a casa, ya ve, qué tontería. Y yo, con mi sonrisa puesta sólo para ella todavía, le digo gracias, aunque en realidad le estoy diciendo lo siento, me acababa de levantar y no me gusta que nadie se me acerque. Aunque a las tres de la tarde tampoco. Ni a las cuatro.
Ella tampoco se ha quitado su sonrisa, todavía.




26 de octubre de 2018

Hassio



¿Cuando vivamos en la luna quién barrerá todo ese polvo?
¿Tú, o yo?
¿Eh?

Quedémonos aquí, pequeño monstruo, acurrucados como pájaros en esta mantita.
Viendo una peli mala mientras sube el IBEX 35.
Comiendo chocolate como cerdos.
Jugando con los dedos de los pies a ver quien es más tonto.
Pensando en cómo vamos a pagar la próxima factura de la luz.

Y la luna
para otro
que todavía no tenga ninguna cicatriz.