7 de enero de 2018

Materia orgánica


“Esta es mi lista de las cosas que odio”. Me dijo. La conocía desde hacía una hora y media y ya había intentado besarme tres veces. Lo leí por encima: “Cosa que odio número 236, esas puertas que tienen arriba como un aparatito ¿sabes?, que hace que la puerta se cierre sola y..., porque vienes cargado con las bolsas del súper y bueno, es que te empujan ¿sabes? No puedes manejarte y la puta puerta te quiere echar de allí, con una fuerza tremenda a veces y...”
Lo leí por debajo: “Pero una de las cosas que más odio es que alguien me mienta. ¿Tú me mentirías?”.
Lo leí de perfil: “Odio que me digan lo que tengo que hacer”.
Lo leí del derecho: “Cosa número 7. Odio la rutina”.
Lo leí del revés: “Aunque a veces me gustaría estar en casa, tirada en un sofá con una mantita y un alguien donde apoyar la cabeza. Un alguien bonito. Yo soy bonita. ¿Crees que soy bonita”.
No era sólo bonita. Era la cosa más pfffffffffffff-cuack cuack-oing oing-¡Piiii!¡Buuuu-buuuu!¡Plaf! que había visto en toda mi vida. Era bonita aunque cerraras los ojos. Era bonita de espaldas y reflejada en el cristal de la ventana de aquel tren. Era otra cosa que bonita, seguramente con un nombre raro como el de una enfermedad tropical o un zootropo. Yo estaba allí, mirando vacas, viendo pasar los postes de la luz, dejando atrás Madrid, aprendiendo a olvidar. Y de repente...“Es que me han entrado ganas de besarte”. No hacía cinco minutos se había sentado a mi lado. Que si huy que casi pierdo el tren, que si ¿te importa? es que me gusta este sitio, que si oh perdona, no me he presentado, que si me llamo Pi, que si ya sé que es un nombre raro, que si 3´14 16 que si mis padres eran pelirrojos que si por eso tengo aquí-tan cerca de la boca-la constelación de Acuarius y en el hombro un Pegaso y en la espalda el Parnaso y cada dios, cada Vía Lactea, nébula o prímula del puto Universo, aquí, y aquí, y aquí.

Bonita de arreglarte la vida o hundirla para siempre.

Yo había visto en los libro el verde. El verde botella de las botellas verdes, el verde manzana de las manzanas verdes, el verde que te quiero verde de Lorca y el verde esperanza del manto de una virgen Caucasiana. Había visto el césped de un estadio y las uvas de fin de año. El mar de las postales, lejanos siempre, un vestido que tenía mi abuela para ocasiones especiales; pero que se ponía casi todos los días, había visto muchas veces el verde. Pero aquel verde no. Era como si todo el verde que yo había visto antes saliera de allí, de sus ojos, como si allí se fabricara el verde y alguien, una flota de camiones o helicópteros, no lo sé, lo repartiera luego por el mundo. No podía dejar de mirarla, y al mismo tiempo de pensar, que por qué me había tocado a mí que una desconocida completamente loca me estuviera diciendo, por segunda vez y armada hasta los dientes de una boquita así, como mordiéndose los labios, toda ella más viva que el fuego de una pila de neumáticos, me estuviera diciendo, a mí, que le gustaba tanto mi nariz. Tan de cerca. Con aquella vocecita de jilguero saliendo de sus labios. Con la punta de su dedo deslizándose en un Gran Slalom desde el entrecejo hasta todo para abajo.

¿Quién coño se llama Pi? ¿Quién se sienta al lado de alguien cuando el tren va casi vacío? ¿Quién, sin pedir ni permiso te coge del paquete un cigarro y busca el mechero en la chaqueta? Y saca la cartera. Y te dice que estás feo en la foto del carnet de identidad. Y que, anda, si te llamas Adolfo, y yo llamándote mi amor todo el rato.  

9 comentarios:

  1. Respuestas
    1. ¿Porqué escribes tan bonito?
      No deberías hacerlo tan bien.
      Porque siempre quiero un poquito más de ti.
      Repetir y repetir.
      Como esas natillas que seguro sabes hacer.
      Me entran ganas de escribirte sin parar.
      Soy difícil de controlar.
      Y es que cuando te pones en modo meloso me chupo sin querer un dedo y sueño.
      No me hagas subrir Billy.
      No te ajustes esos pantalones.
      Ni sonrias así.

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    2. (Subrir)
      Subir o sufrir
      Te dejo elegir palabro Billy Jean.

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    3. Pero todo lo demás lo hago feo.

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    4. Depende de los ojitos que te miren y te lean.
      No te creo.
      A mi me gustas,los demás no me importan.

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  2. Sabia la abuelita por ponerse cada día el vestido de las ocasiones especiales.
    Besitos.

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    1. Sabía, que uno elige los momentos especiales.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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