24 de marzo de 2018

Antipoema nº1



Ato un bebé por el dedo del pie a una ristra de globos
y se eleva en el aire hasta perderse entre las nubes como un angelito.
“Era muy feo señora, parecía que lo habían pisado”
Y mira el carrito vacío y llora como nunca
he visto llorar antes a nadie y
es tan hermoso...
En la misma acera hay un hombre pidiendo limosna.
Me agacho y le digo
que es un fracasado de mierda, le digo, levántate y anda, cabrón, y
me alejo de allí
con más lágrimas sonando en los bolsillos. No tiene piernas. ¿Y qué?

Ayer dejé otra chica por sms.

Doblo una esquina y tropiezo
con una señora mayor. Se cae a un charco. Creo que me he roto la cadera, dice.

Enciendo un cigarro y me largo.

Doblo otra esquina.

Cruzo un semáforo.

Y rezo porque el mundo se acabe.

19 de marzo de 2018

Un beso en la frente



...y entonces me acuerdo de la sonrisa de Kirsten Dunst
y de su diente torcido.
De los pasillos de los videoclubs.
De cuando alguien me enseñó que si abrías el grifo y escuchabas un rato
el chorrito, ya meabas.
De cómo las princesas doblaban camisetas, o pintaban el techo subida a una escalera.
Me acuerdo de un árbol de ciruelas amarillas.
Del tacto suave de un jersey de punto rosa que guardaba dentro
mi primera teta.
Del olor a pescado frito en los cines de verano.
De aquella bicicleta. De Bambi. De los gusanos de seda.
Me acuerdo de Rachid, que subía con un plato de lentejas y
llamaba a la puerta y
había que abrirle y
puto borracho, nunca se rendía.
Me acuerdo del tuerto y de cómo se llamaba y
de que tenía una balanza para pesar hachís. Se llamaba Juan.
De que vendrá otra vez el Sol a derretirme.
De que una vez robé tortilla congelada en un supermercado.
Y a veces, vagamente, recuerdo que todavía sigo vivo.

15 de marzo de 2018

La carta



Si usas la cabeza, no lo llames amor.
Tú quieres estar loc@, tú quieres que te tiemblen las rodillas.
Todo en tecnicolor. Y ese brillo en los ojos, y esa sonrisa estúpida.
Quieres un Titanic.
Para ti sól@.
Tú quieres el Ferrari del amor. Rojo. Y meterte una hostia por ahí a setecientos kilómetros por hora.

Los planetas se apagan.
Las especies se extinguen.
Los tomates ya no saben a tomates.
Apenas quedan Iceberg. Y ya ves, llevaban allí toda la vida.

No te llevó la muerte. Saliste por la puerta. Sigues viv@. En alguna parte.
Por eso ahora somos dos gorriones
y hay un lado vacío de la cama
que se llena
de agua cuando llueve.

Porque fuimos, una vez, la luz del mundo.


12 de marzo de 2018

Los viajes de la Ephesus, día 9



-¿Qué haces, comandante?

-Escribo una carta.

-¿No está, obsoleto? En fin, estamos en 2018. Hay otros medios de comunicarse con...

-Me gustan las cartas.

-¿Y para quién es?

-Para quien a ti no te importa.

-¿Qué te da derecho a ser tan desagradable?

-Mi libertad.

-¿Y es eso lo que se hace con la libertad?

-Puedes hacer lo que quieras. De eso se trata.

-Si yo estuviera viv@ haría cosas magníficas con mi libertad.

-También te dolerían las muelas. Y tendrías que hacer cola en el supermercado.

-He arreglado el astrolabio.

-¿Y dónde estamos?

-En el principio. De todo. Otra vez. Pero eso ya lo sabías. Seguro. ¿Es una carta de amor?

-René...

-Sí, comandante.

-Volvamos a casa.

-¿Con las manos vacías?

-Y limpias...




10 de marzo de 2018

Los viajes de la Ephesus, día 8



-¿Dónde estamos?

-Perdiste el conocimiento, comandante. ¿Cuántos dedos hay aquí?

-¿Tienes brazos? ¿Cómo coño tienes brazos?

-Tuve que tirar de ti en aquel agujero de gusano. ¿Qué tenía que hacer? ¿Dejar que te tragara? No tuve más remedio que gestionar la situación. Así que me permití fabricar un par de extremidades.

-¿Y eso es un tatoo? ¿Amor de madre?

-De no ser por mí ahora estarías vagando a saber por dónde y en qué dimensión, o en ningún sitio, muerto de frío, a oscuras, y antes de que pongas esa cara que pones y abras esa boca que abres y bla bla y bla y que es mi obligación velar por tu seguridad, que ya lo sé, deja que te diga que eres el ser humano más desagradable que conozco.

-Soy el único que conoces...¿Dónde estamos?

-No lo sé.

-¿No lo sabes?

-Algunos de mis sistemas se estropearon con la tormenta. Pero no te preocupes, puedo arreglarlo. Saldremos de aquí, y por suerte, pudimos reabastacer las unidades de oxígeno en la base de reabastecimiento. Hasta había chocolate, y por cierto, piezas de repuesto para reparar la Ephesus: el pomo de una puerta; pinzas de la ropa; una rueda de bici...

-No recuerdo ninguna tormenta.

-¿Cuántos dedos hay aquí?

-Deja de hacer eso, joder.

-A veces es mejor no acordarse de algo. ¿No crees? Bueno, tú lo haces. Te he visto. ¿Es bueno?

-Sólo lo intento. Pero nunca lo consigo. ¿Sabes por qué? Porque me da miedo vivir sin recuerdos.

-En cuanto arregle mi astrolabio podremos continuar el viaje. Mientras tanto pondré a trabajar unos cuantos nanorobots en la reparación de la nave.

-¿Para qué? No vamos a salir de aquí. ¿Verdad?





9 de marzo de 2018

Los viajes de la Ephesus, día 7


-René...¿cuánto queda para llegar a la base de reabastecimiento?

-Un recuerdo. No te preocupes, comandante, hay oxígeno suficiente.

-¿Qué probabilidades tengo de encontrar lo que busco? 

-0000000000000000000000000000000000000000000000000000000000´una entre un millón de millones de millones o algo así más o menos. En realidad ni siquiera es una cifra aproximada; pero es una cifra que entiendes. Los números que maneja el Universo escapan a tu comprensión. En cualquier caso, donde un humano diría que ninguna, yo citaría la teoría del mono infinito, que afirma que un mono pulsando teclas al azar sobre un teclado durante un periodo de tiempo infinito casi seguramente podrá escribir finalmente el Hamlet de Shakeaspeare. 

-No tengo tanto tiempo.

-Sería más fácil si al menos supieras lo que buscas. ¿Cómo va el tema de mis brazos?

-No te voy a poner brazos.

-Podría abrazarte.

-¿Y para qué coño quieres abrazarme?

-Para que no estés triste.

-No estoy triste, joder. Estoy... y además, todo lo que ha intentado abrazarme ha terminado hecho pedazos. 

-¿Por qué?

-Es complicado.

-Soy una máquina. Creo que podría entenderlo.






7 de marzo de 2018

Los viajes de la Ephesus, día 6



-Es como...alambre de espino. Todavía no me has dicho qué es este sitio.

-Este sitio es todo lo que aún no te has perdonado.

-¿Y no se acaba nunca? Hace tres horas que no vemos la luz del Sol.

-Si tuviera brazos podría ayudarte a despejar el camino y...

-Lo sabía. Ahora quieres brazos. Pues te digo una cosa: si vuelves a chantajearme te apagaré. Aunque vague sin rumbo para el resto de mis días. Aunque muera aquí solo. Te apagaré.

-¿Cómo es el sexo?

-No me lo puedo creer...

-Tengo muchos datos; pero no sé qué se siente. ¿Qué se siente?

-Quiero salir de aquí. No pienso contestar a tus estúpidas preguntas.

-Si tuviera brazos podría ponerme pulseras chulas...¿Quieres salir de aquí?

-No te voy a poner brazos.

-Vale...

-¿No tienes una especie de...protocolo de esos que anteponen la seguridad de un ser humano por encima de todas las cosas de este mundo?

-No. Estoy hecha con piezas de una lavadora. ¿Te acuerdas? Lo hiciste tú.

-Sácame de aquí, joder.

-No puedo. Puedo perdonarte. Alice puede perdonarte. Clement puede perdonarte. Aquel perro puede perdonarte. La vida puede perdonarte. Pero no saldrás de aquí hasta que no te perdones tú.

-¿Sabías que este sitio era una trampa y no dijiste nada?

-Es el único camino hasta donde quieres llegar. Perdona lo que fuiste, comandante. Era otro. Perdónale a él al menos.



6 de marzo de 2018

Los viajes de la Ephesus, día 5



-¿Qué coño...? Ordenador, analiza esa cosa de ahí delante. Joder, es enorme.

-Bzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz...

-¿Ordenador?

-Bzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz...

-No pienso llamarte René.

-¿Pero qué más te da?

-Me da. Primero es eso, luego querrás un cuerpo con piecitos y deditos, un día empezarás a contarme tus putos problemas, al otro...

-Vale. Bzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz...

-Ok. Puedo hacer esto solo. No te necesito. A tomar por culo tú y todos tus circuitos. Mecagonlamierda. Joder-joder. Aughhhcoffcoffgrrrrrrrrrrrbrrrrrrr y más rrrrrrrr. ¿Te enteras?

-Bzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz...

-Me cago en mis huesos ¿Si te llamo René dejarás de hacer bzzzzzzzzz?

-Bzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz....

-René...

-Bzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz...

-la culpa es mía por darte una IA. ¿Y ahora qué quieres? Ya tienes un nombre.

-No lo dices con cariño.

-¿Con cariño? Eres una máaaaaaaaaaaaaaquina. No necesitas cariño. Necesitas una puesta a punto, un fusible, yo qué sé, un chip.

-No sabes nada de máquinas. Ni de personas. Ni de peces naranjas.

-Se murió de viejo.

-Y porque no le hacías caso. ¿Te acuerdas cómo pegaba su carita al cristal y hacía con la boca blu blu blu?





5 de marzo de 2018

Los viajes de la Ephesus, día 4


-...como esas putas servilletas de los bares que no consigues sacar del servilletero porque están muy apretadas y...¿Lo entiendes, ordenador?

-No. pero puedo abortar la misión si quieres.

-¿En serio tenemos que pasar por ahí para llegar a la base de reabastecimiento?

-Qué bonita pregunta. La respuesta es sí. Comandante...esto...quiero llamarme René.

-¿Y para qué coño quieres un nombre?

-Lo he visto en una película.

-¿Eso es nombre de chico o de chica?

-¿Importa?

-Estamos en mitad de la nada a punto de enfrentarnos a algo horrible y a ti se te ocurre que ahora quieres un nombre con acento en la última e. En vez de informarme sobre los niveles de oxígeno. O buscar una ruta alternativa.

-No hay un camino de baldosas amarillas.  Esta es la única ruta y pasa justo por el centro de esa planta de residuos. Justo a las seis y cuarto del día...

-Ya sé de qué día. El día que terminé llorando en carne viva y completamente borracho delante de una camarera que tuvo que sentarme en la taza del váter porque no me tenía en pie: “...y se ha ido ¿sabes? Parecía una muñeca de esas de porcelana que se rompen sólo con mirarlas, allí, con la maleta en una mano y a dos meses de parir a nuestro hijo...”

-la culpa no fue sólo tuya. Nunca te quiso.

-Pero yo a ella sí. 



4 de marzo de 2018

Los viajes de la Ephesus, día 3


-Ordenador, informe de daños.

-La nave está hecha una mierda. Pero todavía quedan helados.

-¿De limón? ¿Con palito?

-Y uno de los asteroides albóndiga se ha llevado por delante la cola de la nave. Perdimos el rumbo. Aunque no estamos lejos de la zona de aterrizaje.

-¿Y dónde estamos exactamente?

-¿Exactamente? No te va a gustar. 

-No me va a gustar nada de lo que me digas. 

-¿Te acuerdas el día que intentaste follarte a aquel gato?

-Tenía curiosidad. Era un crío. Los niños tienen curiosidad. Y era lo que tenía más a mano.

-¿Te acuerdas de qué murió aquel gato?

-Fue mi abuela. Le dio de comer de las sobras de un pollo al ajillo y le sentó mal.

-Pero no murió de eso.

-No. Mi abuelo le dio un palo con la pata de una silla porque de todos modos se iba a morir. Luego lo tiraron en el cubo de la basura y por la noche lo dejaron dentro de un contenedor.

-Lloraste mucho.

-Porque yo quería aquel gato. ¿Y qué más? Este no es el recuerdo que he venido a buscar. No estamos en la posición prevista. ¿Cuánto tardarás en arreglar la nave?

-No tengo las piezas adecuadas. 

-¿Y?

-Tendremos que continuar a pie.

-¿Y la atmósfera es...?

-Irrespirable. 

-¿Y qué propones?

-Hay una base con oxígeno a 27 recuerdos de aquí. Allí podríamos abastecernos lo suficiente como para llegar al punto de destino. 




3 de marzo de 2018

Los viajes de la Ephesus, día 2


-¿Coordenadas, comandante?

-¿Tengo pinta de comandante?

-Nnnnnnn...¿o?

-Vamos a la Nebulosa del Hipocampo. 

-¿Con esta nave? 

-Resistirá.

-¿Con las alas pegadas con cinta americana? 

-¿Me estás cuestionando?

-La Nebulosa del Hipocampo está rodeada de un cinturón de asteroides temibles e infranqueables y gordos como albóndigas. Que lo sabes. Y su centro de gravedad es un prffffffffffffffff de veces superior a la de la tierra.   Tal vez lleguemos. No sé si enteros. En el caso de que exista eso que llamáis milagro; pero salir de allí con un motor que se alimenta de leche en polvo y cáscaras de plátano...No sé, es como si quisieras...

-No te cortes.

-...suicidarte. 

-Mira, ordenador, yo soy un ser humano y hay cosas que no entiendo, y tú, eres una má-qui-na.

-No hacía falta que pusieras guiones entre sílaba y sílaba. Sabes lo que hay allí. ¿Verdad?

-Ordenador...

-¿Sí, comandante?

-Tengo miedo.




2 de marzo de 2018

Los viajes de la Ephesus: día 1


-Ordenador...

-¿Sí, comandante?

-¿Por qué coño me llamas comandante? Abre el cuaderno de bitácoras.

-Abierto. ¿Cómo quiere que le llame?

-Billy, joder. Y tutéame.

-Vale tronco.

-Tampoco te pases. Tu inteligencia artificial es una porquería. ¿Lo sabes, no?

-Bueno, me da para ir tirando, por ejemplo, voy a hacer caso omiso de ese...menosprecio.

-Si vas a hablar así todo el tiempo, te apago.

-Si me apagas todos los sistemas de la nave dejarían de funcionar y te estrellarías contra algo o lo que es peor, irías a la deriva por los siglos de los siglos. El cuaderno de bitácoras está abierto. No he dicho amén porque en mi base de datos consta que no crees en ningún dios. Puedo preparar café si quieres. Y si quieres disfrutar de unas vistas estupendas te informo de que dentro de cinco minutos pasaremos por la constelación de...

-Cuaderno de bitácoras de la nave Sub-cuántica Efesus, día 1...Joder, ordenador ¿qué coño es esa música?




1 de marzo de 2018

137



Metí los pájaros de mi cabeza en una batidora y rrrrrrrrrrrrrrrr.
Hice una cuerda con todas las corbatas y escapé por la ventana.
La lavadora me despidió con un pañuelo blanco.

Seré mi propio agujero negro, quise decir
pero ya estaba en Lejos
viendo pasar vacas y postes de telégrafos.