15 de junio de 2018

Sally



Al principio Sally sólo era del tamaño de un guisante. Uno normal, verde, redondo y todo eso: “...no podemos extirparlo de momento, la zona es, demasiado complicada así que...”. Así que Sally siguió creciendo como una niña con coletas hasta que tuvo el tamaño de una manzana Golden mientras yo me hartaba a medicinas que sabían a cobre y cañerías y a los pocos meses, cuando ya Sally había adquirido el considerable peso de dos kilos setecientos gramos, le pregunté al doctor Kovalski que si me iba a morir quería ir antes a Tokio. Siempre quise ir a Tokio. Me dijo que todo dependía de qué dirección tomara Sally-que por entonces aún era “el tumor”-. Si agarraba un pulmón, si se comía el hígado. Sally creció como un melón, era como tener una pelota de playa en el costado. Pronto casi no pude ponerme ninguna camisa, y cuando andaba, mi brazo se apoyaba sobre Sally como si estuviera en la barra de un bar. La gente ya miraba de reojo por la calle y aunque en el trabajo todos eran todavía amables conmigo, Michel me cambió a una oficina en el ala oeste, con una pequeña ventana por donde podía verse el ferry y algunas gaviotas. Cuando Sally empezó a colgar, Michel me dio un mes de vacaciones. Nunca antes había estado tanto tiempo sin ir a la oficina. Y aún trabajé dos meses más antes de que la jefa me llamara a su despacho para casi suspirar un “Lo siento Rogers”. Arnold y su hermana me ayudaron con el tema de una pensión de invalidez y aunque tuve que mudarme a un apartamento alquilado, Sally y yo estábamos bien. Ya sólo follaba pagando y estaba claro que Mel no iba a volver de donde quiera que estuviera haciendo no sé qué que decía que no podía hacer ya conmigo. Eché de menos durante un tiempo aquellas tonterías de te quiero más que a vete a saber qué cosa se me acababa de pasar por la cabeza, más que a un nenúfar, que a una tormenta de verano, que a...y ella contestaba cualquier cosa que fuera más que aquello, por ejemplo, una tormenta de verano con rayos y truenos y el mar encabritado como un potro o, Pi. El número. Porque decía que era infinito y que nadie había sido aún capaz de terminarlo y un día, se fue.

La señora Mc Arthur, la vieja de la tienda de ultramarinos me da una cereza cada vez que voy a por el pan, o un dulce confitado de calabaza, y Annie, la chica del kiosko, me guarda un ejemplar cada semana de esa revista de bricolaje en casa y siempre me pregunta que qué cosa estoy construyendo ahora. ¿Una silla? ¿Cuándo vas a hacerme una silla Rogers? me pregunta, y después sonríe como si el Sol acabara de salir.
Llegó una carta. Hay un doctor en no sé dónde que ha encontrado el modo de...bueno, sin que yo tenga que morir en el intento y, supongo que Sally acabaría en algún contenedor con una de esas etiquetas amarillas tipo central nuclear y llevado luego a cualquier universidad de medicina donde ciento de estudiantes podrían observarlo a su antojo como a un monstruo de circo.

Nadie va a separarnos Sally, te lo prometo.



9 comentarios:

  1. Mierda,Sally te jodió,eres más Sally que tu. Buenísima excusa,Maestro!!! 😏

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  2. Te estoy leyendo y recordé a mi útero y mis dos ovarios.
    Al principio sangraban cada mes para decirme "hola,chica guapa estamos aquí".
    A mi me hacían una gran putada porque siempre me jodian con sus calambres,sus retortijones,pasta en montones de compresas....por no mencionar que siempre siempre aparecían en los momentos más especiales.Sangraban en la playa,en bodas,bautizos y demás historias.....
    Mierda!!
    ¡Cuántos polvos perdidos por culpa de ellos!jajajajaja
    Es que un útero sangriento aparezca en ése momento especial que te comen la oreja es para guillotinarlo.
    Llevar un tampón en mis partes blanditas no era nada agradable.
    Pues nada oye,los odiaba.
    Esos ovarios eran insoportables.
    Crecían y crecían.Pasaron de sangrar una vez al mes,al "Hola,¿un café?",Cada
    dos por tres.
    Empeze a ser una bola de billar.
    Hinchada,rodaba de matasanos en matasanos.Decían "te vamos a vaciar para que parezcas una antigua botella de Coca-Cola ".
    Un día, me atacaron a traición cuando estaba en un hospital.
    Me robaron mi útero y mis ovarios.
    Desperté y pregunté por ellos.
    Gritaba "Al ladrón!Me han robado!".
    Quería verlos.
    Despedirme de ellos.
    Eran mis compañeros y no pude ni darles un achuchon.
    Ahora extraño esos tampones en mi vagina.
    Estoy tan tan vacía.
    Quizás deba rebuscar en ésos contenedores ó quizás los tengan metidos en formol.
    ¡¡Cabrones!!


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    1. Bueno, hay quien tiene de todo y sigue estando vacío. O quien no sabe que hacer con lo que tiene.

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    2. Yo lo que hago es imaginarme lo que no poseo.
      Suena ridículo,pero en mi caso es útil.
      Imagino un mundo donde no hay fronteras,donde nada ni nadie es de nadie.
      Perdón,es la falta de azúcar,escribo tonterías.
      Buenos días. ¿un café?

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  3. Una maravilla, pero algunos nombres son un verdadero cáncer. ¿Por qué no Rogelio y Sarita (por ejemplo), Dr Pérez, Miguel, Arnaldo, Anita y la señora de Arturo? Incluso el número pi traducido a nuestro idioma suena más áureo.

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    1. Tienes toda la razón en eso de los nombres. Aunque en el fondo sólo son nombres. Y además, no tengo nada de patriota.

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    2. ¡Yo tampoco soy un patriota americano! En esto coincidimos.

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  4. ¿¿Qué faltaba??
    Aquí y ahora
    Para Billy y todos sus historiaderosssssss

    https://youtu.be/UwS-coeTRaE
    Feliz tarde.


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