15 de septiembre de 2018

Cerio



He tenido una vida magnífica:
he visto un saltamontes; he viajado en avión-entre las nubes-; he comido wasabi.

Las nubes...

Y los abrazos. Los abrazos bonitos como un atardecer
a orillas del rio Ganges. Por ejemplo. Yo qué sé.

Una vida mecida por el viento
tan caprichoso
e
hijo de puta.

He olido una flor y he besado un caballo en la frente.

He visto parir a una mujer.

Se me ha roto entre las manos la palabra “contigo”.

He llorado. Y el mar me ha salvado. Tantas veces.

El mar. La palabra más grande que conozco.

He tenido zapatos y una bici. Caramelos. Revistas porno.

He sido astronauta y capitán de una fragata portuguesa.
Y hasta sheriff del pueblo. Tenía una placa.
Y el chocolate. La segunda palabra más grande que conozco.

Paula siempre me ha gustado.
¿No es evidente?
Y las ciruelas. Tan rojas y brillantes.

Será en paz. Lo sé. Ese era mi sueño.
Y un día, cuando pases el dedo por el borde de los muebles...




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