29 de octubre de 2018

Potasio



Hubo un tiempo en el que quise ser mejor persona.
Salgo a la calle en busca de un jarabe para la tos de un resfriado mal curado y entro en la primera farmacia que me encuentro pero como no me gusta la cara de la farmacéutica me voy y sigo caminando hasta que por casualidad paso por debajo de un enorme árbol donde anidan, al parecer, cientos de pájaros. Me fumo un cigarro mientras cantan intentando entender sus pío píos; aunque lo único que entiendo es pío pío. Entro en otra farmacia con una farmacéutica con una cara mucho más cara que la otra, que seguro que no había cagado, con la de cosas que tiene a mano para solucionarlo. Mire, tengo tos y, bueno, la mitad es del tabaco, pero la otra mitad es de un resfriado mal curado...Me da unos sobrecitos individuales, por si me los quiero llevar al trabajo dice, y que beba mucha agua. Camino. Los envoltorios de los pastelitos giran haciendo círculos en el suelo, atrapados en una espiral de la que no saldrán hasta que el viento no amaine. Oh, un estanco. Paso dentro y la chiquita que el otro día me preguntó que qué tabaco fumaba, “porque mire, si se lleva este, yo le regalo...” se me queda mirando con ojos de oh oh el hombre desagradable del otro día. Porque el otro día casi la mando al carajo. Fue que me preguntó que qué tabaco fumaba y directamente le contesté que el mismo de siempre y que no me interesaba nada más. Y como dije nada más arqueando una ceja y separando las sílabas, se puso muy sería y sin decir nada más tampoco se dio media vuelta y se puso a sus cosas de promotora de una marca de tabaco que a mí no me gustaba. Tardó cinco segundos en volver: “Es que si se lleva este...” Creo que ya era algo personal. Te he dicho que no, le dije, y cuando añadí, “joder”, todo el mundo se quedó mirando. Como si hubiera pasado un ángel. Pero allí no había ningún ángel. Y hoy estaba otra vez ahí, enfrente mía, con cara de oh oh otra vez el señor desagradable y sin saber muy bien qué hacer conmigo, si odiarme desde ya, o dar los buenos días por si acaso. Yo hace tiempo que ya no quiero ser nada. Ni saber lo que soy. Me levanto, y respiro. Y la vida se encarga del resto. Así que como nada más verla he sonreído sin saber por qué ni que me importe, ella también ha sonreído y le ha vuelto el color a la cara y hasta ha dicho hola qué tal mientras la dueña del estanco me preguntaba por tercera vez, como si el tiempo se hubiese detenido para que pasara un tren, qué qué tabaco quería. Pues tal, le digo, y cuando voy a sacar la cartera la chica ya está a mi lado diciendo esto es para usted, una funda para el bonobús, aunque en realidad está diciendo es usted un hijo de puta y el otro día lloré cuando llegué a casa, ya ve, qué tontería. Y yo, con mi sonrisa puesta sólo para ella todavía, le digo gracias, aunque en realidad le estoy diciendo lo siento, me acababa de levantar y no me gusta que nadie se me acerque. Aunque a las tres de la tarde tampoco. Ni a las cuatro.
Ella tampoco se ha quitado su sonrisa, todavía.




26 de octubre de 2018

Hassio



¿Cuando vivamos en la luna quién barrerá todo ese polvo?
¿Tú, o yo?
¿Eh?

Quedémonos aquí, pequeño monstruo, acurrucados como pájaros en esta mantita.
Viendo una peli mala mientras sube el IBEX 35.
Comiendo chocolate como cerdos.
Jugando con los dedos de los pies a ver quien es más tonto.
Pensando en cómo vamos a pagar la próxima factura de la luz.

Y la luna
para otro
que todavía no tenga ninguna cicatriz.






22 de octubre de 2018

Xenón



-Jódoroh nunca creyó en los milagros. Incluso una vez le vi escupir a una bandera. Menuda paliza le dieron aquellos tipos; pero se fue del bar hablando con el cielo, miraba a las nubes y decía, da la cara, cabrón, no mandes a tus perros. No. Definitivamente no creía en los milagros.

-Sin embargo, en esta carta dirigida a la señorita Grünig, termina diciendo: “A Claire, mi pequeño milagro”.

-En realidad la llamaba pajarito. O hija de puta. Depende del día. ¿No estoy detenido, verdad?

-En efecto. Pude irse cuando quiera. Pero ¿no cree que su país le estaría enormemente agradecido si...?

-Aunque supiera dónde está, le diría que no sé dónde está.

-No lo entiendo. No eran tan amigos. De hecho no creo que el señor Talóv haya tenido nunca un solo amigo.

-¿Le conoce?

-No he tenido el placer. No suelo codearme con enemigos del estado como comprenderá. Pero los informes están ahí. Contrastados. Hasta el último detalle. Toda su vida en un pendrive. Me encanta este siglo.

Nueve días antes...

-Tengo un plan.

-¿Para qué? ¿Le vas a decir a la chica del final de la barra que se case contigo?

-Para que todo el mundo lo sepa.

-¿Qué coño dices Jódorov? Oiga, no le ponga más vodka a este señor. ¿Que sepan qué, dices?

-Como lo hacen.

Nueve días después.

-¿Y usted no intentó disuadirle en ningún momento? ¿No se le ocurrió avisar a alguien? ¿Qué hizo entonces?

-Me partí el culo de la risa. Y pedí otra copa. ¿Usted creería que alguien por muy loco que estuviera podría hacer algo así? Haría falta un milagro.





19 de octubre de 2018

Oro




Anaís había tomado aquel verano la costumbre de esperar a que cayera la noche para ponerse a cazar grillos que más tarde guardaba vivos en el congelador, no supe para qué, hasta que no llegó el siguiente invierno y en determinadas ocasiones que a ella se le antojaban especiales sacaba uno y lo ponía en la palma de su mano hasta que oh movía una patita y luego otra y a lo poco oh se escuchaba un cri cri y a continuación Anaís solía decir algo tipo ¿sabes qué día es hoy? a lo cuál yo contestaba ¿martes? y a Anaís le brillaban los ojos como si hubiera visto un pony envuelto en papel de regalo y sonriendo, claro, terminaba diciendo ¿no es maravilloso?



15 de octubre de 2018

Iridio



A veces tengo frío de estar solo. Después pienso en las estrellas. Tan lejanas unas de otras...menos mal que se me pasa cuando veo en la tele un anuncio de Casa Tarradellas. Y un poco de miedo a acabar no sintiendo nada cuanto más desentraño las intrigas de la sociedad y todo se vuelve tan, previsible. Así que mi aspecto físico es lamentable y no es que me haya dejado barba; es que no me afeito desde no sé cuando y, sí, he engordado, me faltan dos dientes y todavía uso jerseys de cuello alto. A veces, escribo palabras que ya casi no recuerdo en una hoja de papel y me quedo mirándolas un rato. Pero ya no las entiendo. Sé que la f con la e se lee fe pero no sé qué significa. “Libertad”. Recuerdo que la usaba en ocasiones para jactarme de lo cool que era ser un ciudadano del mundo. Hasta que la perdí. Sólo entonces descubrí que era la auténtica libertad. Como perdí a Lucia, a Petra, a Marie Antoine...y aunque no echo de menos a nadie que me abrace; no es lo mismo que chupar la tapadera del yogur.




14 de octubre de 2018

Niobio



“Te amaré para siempre”. Mentira. Y a lo mejor ni siquiera lo sabe. Aunque lo esté diciendo. Con la boca. Bla bla bla...Ni siquiera una estrella dura siempre. Siempre no existe. Sólo es una medida que el ser humano ha inventado para dar forma a algo muy muy far away. Una forma de expresar un cuánto. Para que te pongas to tont@ y se te caigan al suelo las babas. Te amará para siempre pero se comerá el chocolate. Todo. Y te dejará sin manta en invierno. Te amará para siempre pero mirará hacia otro lado cuando vea la pila de platos por fregar. Y a ti te va a dar igual. Porque siempre es mucho, es lo más. No hay nada más chachi piruli que un siempre. Y además, quién te va a querer así. Pues cualquiera. Si te dejas. A lo mejor sólo un cuarto de hora. A lo mejor un ratito más. Otra película. Otro concierto. A lo mejor mañana sigue ahí. Sin promesas. Sin pedirte la luna. El mundo está lleno de personas buenas que no necesitan un sólo motivo para abrazarte. O puedes quedarte con tus para siempres hasta que un día se te acaben, con tus me moriría sin ti hasta que otro día veas a esa persona pasear por la calle con otr@ del brazo. Más viv@ que nunca. Hij@deput@...Y por supuesto puedes quedarte sentado en el sofá viendo fotos de cuando eras feliz con tus para siempres en chanclas en la playa o en aquellas navidades disfrazado de idiota o en la boda de no me acuerdo quién comiendo algo liofilizado sobre un nido de nitrógeno líquido con champiñones salteados en salsa de aguacate de Madagascar y pimentón de La Vera. Puedes llorar lo que te de la gana. Porque nunca más vas a ser feliz. ¿Verdad? No sin un para siempre y una banda sonora que te cagas poniéndole la música a tu vida. Comerás para siempres de lata. Y chocolate. Todo el que quieras.







13 de octubre de 2018

Novelio



...así que me pregunto que si el sentido de la vida es la continuación de la vida como es hasta hoy en día lo que tiene más sentido al margen de la fe, si no debería preguntarme por qué, ese afán de todo lo que apenas respira en no abandonar este mundo como sea. ¿Para qué la vida entonces si uno no sabe para qué? ¿Es un almacén donde los dioses crían como si fueran caracoles su comida? ¿Seremos algún día si es que allá donde vamos existen los días o arriba o abajo, pura energía para hacer funcionar grandes maquinarias interplanetarias? ¿O el juguete de alguien? Joder. ¿Existo? Esto es una mierda. Creo que me voy a tomar otro cubata. Y a follar como un loco con la Maritere. Que lo mismo ni me coge el teléfono. ¿Y si lo coge que le digo? Maritere: el mundo se me acaba, puntos suspensivos. Y ella dirá: todavía estoy esperando a que me digas que me quieres, cabrón. Y tendré que explicarle que yo no quiero a nadie. Aunque tampoco no. No sé. Es raro. O que soy un cabrón. Es igual, déjalo Maritere, si yo te entiendo, es sólo que hoy me acordé de que una vez  cuando era chico maté un jilguero con la escopetilla de plomos de mi tío Alberto, seguro que te acuerdas porque una vez fuimos a verle al campo y hasta comimos naranjas de su huerto que sabían a naranjas y todo eso, y, cayó, Maritere, delante mía como una piedra al río con el pecho sangrando claveles. Y allí se quedó quieto. Con los ojos abiertos.





12 de octubre de 2018

Bismuto



Qué apetitosa estabas aquel día toda así y qué templado
tu oso de peluche. Delicioso.
La llama de las velas. Tus ojos. Tan lejos...

Te traje de vuelta una y mil veces desde entonces a esta orilla.
Tú desde entonces aún te ahogas mar adentro, a veces
mientras cenamos.
Yo le doy cuerda a los relojes.
Tú dejas que el silencio te devore.

Pero aquel día-qué milagro-, tu carne y mi carne.
Hasta que no quedó más nada que lamer del plato.
Desde entonces me dices pon tus manos donde yo pueda verlas.
Yo sueño desde entonces a veces con caimanes.




10 de octubre de 2018

Bario



Y una vez me enamoré de una puta, claro, que por entonces, yo no era aún horrible y majestuoso como ahora si no me mata un cáncer, quiero decir, que yo también fui un niño, o todavía lo era-un niño grande casi-el día que Concha me dijo que me iba ha hacer una cosa que nadie me había hecho nunca porque yo era tannnnnnnn tierno y, aunque no se lo dije, sí que me lo habían hecho. Porque ya me afeitaba y otras cosas.
Me hacía unos batidos enormes de fruta y zanahorias y otras porquerías que me llevaba a la cama metida en un pijama de ranitas follando sobre nenúfares blancos. Decía, buenos días mi pequeño amor, y me daba un besito en los párpados y después decía, decía, bebe, bebe y, se me quedaba mirando como si yo fuera la cosa más bonita del mundo. Un día la Madame entró en la habitación y a los pies de la cama se le puso en jarras: ¿Tú, qué?
¿Tú, qué? era yo, claro, y la semana que llevaba metido en la cama de Concha.

Te quiero, le dije. Tres o cuatro mil veces. Cásate conmigo. Por ejemplo. Huyamos al norte. Más al norte. Saltemos, le dije, por esta ventana. Algo, no sé, que no sea que te vayas. No te vayas Concha.

Yo era el chico que había construido catedrales en su espalda.

Me mandó una carta. A las dos semanas: “Estoy viendo la misma luna que tú”.




7 de octubre de 2018

Holmio



Creo que el sonido que hace una moneda al caer a una fuente nunca se acaba, que de algún modo, los decibelios dejan paso a otra medida mucho más pequeña y esta a su vez a otra y así hasta más allá de lo que llamamos infinito o siempre o eterno, creo que, si dices te amo, aunque sea muy bajito, alguien, en algún sitio, alguna vez, y aunque tal vez sólo crea que es el susurro del viento entre las hojas de los árboles, lo escuchará.
Creo que todo lo que soy sea lo que sea o lo que seas tú o un aguacate o una barca pintada de azul, será algún día otra cosa y luego otra y sucesivamente un carrusel de materias diferentes con diferentes colores y texturas, que la muerte, no es sino un puente hacia otro estado tal vez gaseoso, una nube, el vapor en el espejo cuando te duchas, la niebla en el estanque, tal vez más adelante mis gusanos acaben en el pico de los pájaros y acaso en tu ventana, quién sabe, si en tu plato, con forma de lenteja, de granito de arroz, de letra de la sopa donde buscas mi nombre.




5 de octubre de 2018

Einstenio



Día 127 sin mí:

Apenas siento tristeza o compasión. Mucho menos amor. Ahora miro una flor y veo una flor. Ni siquiera me importa por qué está ahí. Hay cosas a mi alrededor, eso es seguro.

Dejo todo el tiempo que el segundo plano del cerebro decida qué paso va a ser el siguiente, y por supuesto he dejado también de pensar que soy dueño de mis actos hace bastante, lo que simplifica enormemente levantarse de la cama y vivir. Como cuando tengo hambre y duermo cuando tengo sueño. Aún hay comida enlatada en los supermercados. Planchar es sólo un recuerdo. Como los ojos de alguien a quien alguna vez hubiera amado. Cada día, tiro a la basura un libro. Cada día, un concepto desaparece de mi cabeza, alguna ley absurda, algún dios, una bandera...

No me esfuerzo lo más mínimo en caerle bien a nadie; aunque como me ha parecido justo-no es el término exacto-, hoy, le he cedido mi asiento de autobús a una anciana. Me ha sonreído. Ha sido grato. Aunque a la media hora ha llamado Señorita preguntando que qué tal y que cómo me iba y esa serie de cosas que se preguntan antes de preguntar lo que de verdad quieres saber. No, no te echo de menos.
También ha sido grato.

Por supuesto ya no felicito a nadie por su cumpleaños. Me alegro que esté vivo y tal; pero no voy a regalarle una mierda. En cuanto a la navidad, me gustan las luces. Lo demás podría salir ardiendo. No me importaría. La importancia de las cosas consiste en que a ti te interese por algún motivo en mayor o menor grado. Si fuera de otro modo, todo el mundo estaría salvando ballenas por ejemplo, y llegaría un momento en el que habría ballenas creciendo en los árboles o usando el inodoro. ¿Qué coño hace una ballena tanto rato en el baño?






4 de octubre de 2018

Rodio



...porque fea ya eres.
Y redonda.
Y te huelen a muerto los pies.

Pero no te preocupes; yo te voy a querer hasta que estés podrida.
Porque tú me abrazas cuando tengo el mono.
Y me traes pan con chorizo en un papel de plata.
Y cuando me quiero morir, me amarras a la pata de la cama
hasta que lo lloro todo y lo meo todo y lo vomito todo.

Soy tu basura, amor, ya lo sé.