5 de octubre de 2018

Einstenio



Día 127 sin mí:

Apenas siento tristeza o compasión. Mucho menos amor. Ahora miro una flor y veo una flor. Ni siquiera me importa por qué está ahí. Hay cosas a mi alrededor, eso es seguro.

Dejo todo el tiempo que el segundo plano del cerebro decida qué paso va a ser el siguiente, y por supuesto he dejado también de pensar que soy dueño de mis actos hace bastante, lo que simplifica enormemente levantarse de la cama y vivir. Como cuando tengo hambre y duermo cuando tengo sueño. Aún hay comida enlatada en los supermercados. Planchar es sólo un recuerdo. Como los ojos de alguien a quien alguna vez hubiera amado. Cada día, tiro a la basura un libro. Cada día, un concepto desaparece de mi cabeza, alguna ley absurda, algún dios, una bandera...

No me esfuerzo lo más mínimo en caerle bien a nadie; aunque como me ha parecido justo-no es el término exacto-, hoy, le he cedido mi asiento de autobús a una anciana. Me ha sonreído. Ha sido grato. Aunque a la media hora ha llamado Señorita preguntando que qué tal y que cómo me iba y esa serie de cosas que se preguntan antes de preguntar lo que de verdad quieres saber. No, no te echo de menos.
También ha sido grato.

Por supuesto ya no felicito a nadie por su cumpleaños. Me alegro que esté vivo y tal; pero no voy a regalarle una mierda. En cuanto a la navidad, me gustan las luces. Lo demás podría salir ardiendo. No me importaría. La importancia de las cosas consiste en que a ti te interese por algún motivo en mayor o menor grado. Si fuera de otro modo, todo el mundo estaría salvando ballenas por ejemplo, y llegaría un momento en el que habría ballenas creciendo en los árboles o usando el inodoro. ¿Qué coño hace una ballena tanto rato en el baño?






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