29 de diciembre de 2018

Flúor


A la Andrea se le salen los ojos de la cara.
La Andrea es la hija de la señora que limpia los bloques de pisos de mi barrio.
Si la Andrea me dice que lo mate yo lo mato.
Y luego pregunto.
Fuimos a la ermita de la virgen del Valle y
encendimos una vela y le juré
que era su perro y
por la tarde nos hicimos un tatoo con la cara de
Nina Hagen.

Yo me cago en el viento que roza su pelo.
Llamo por teléfono a esos tíos
que cantan canciones con su nombre:
¿No será la misma, eh?

Hasta le escribí un poema:
"Eres el Sol que me calienta la cara".
Y casi me parte la polla aquel día
del polvo que me echó.
La Andrea me pone loco.
Mu loco.


Yo es que a la Andrea, la quiero.







28 de diciembre de 2018

Livermonio




...pero si hago eso que tanto te gustaría y que a mí no me gusta nada quiero que sepas que es la parte de mí que se siente culpable la que lo está haciendo. No es la parte que te quiere, ni la que se sacrifica para que la ecuación del amor funcione, no creo que, la parte de mí que haga lo que a ti te gustaría que hiciera ni siquiera sea parte de mí. Seré otro. Uno que no conozco. Si eso te da igual, tal vez deberías amar a ese otro que no soy yo y dejar que yo siga mi camino. Porque no se puede borrar a las personas, ni sólo un trozo, no es sano, no se puede querer un treinta y cuatro coma dos por ciento o un setenta y querer que lo demás desaparezca como si nunca hubiera existido. Es horrible. Así que pienso que si para conservarme entero con todos mis defectos y mis insignificantes sueños y mis errores y mi pasado y mi lo que sea que sea mío, si para eso tengo que elegir entre tú y yo, me elijo a mí. Porque al final, por mucho que intentes evitarlo, uno es lo que su corazón siente, y negarlo, no parece que sea vivir la única vida que tienes.






27 de diciembre de 2018

Californio



Qué bonito es el amor. Con sus ya no te quiero, sus me voy a la cama.
Con sus pues vete, sus a tomar por culo, qué bonito
la pizza fría a las tres de la mañana y las onomatopeyas grrrr...¡Guau guau! Rummmm-rummm.
Las tripas. Los suspiros. Los mocos.
Qué bonito.
Tic tac tic tac.
El desayuno de mañana. Veras qué cara. Seguro que no habla en una semana.
Los pájaros cantando en la ventana, qué bonito, riéndose de mí.
Cabrones.
Si no fuera porque anda como un pato.
Porque huele a lo que huele y sabe rico y es tan
blandita...
Porque me enciende y me apaga me enciende y me apaga me enciende y me apaga.
Por eso. Que no sé lo que es; pero por eso. Porque no sé lo que es.
Porque hace trampas al parchís cuando no miro.
Porque pasa de vaca a colibrí en cero coma seis segundos.
Si no fuera por eso que no sé lo que es pero es por eso
ni se me pasaría por la cabeza acercarme a la cama
como una puta rata y...
Y después de y a lo mejor. Con una cucharita. Y nata, mucha nata.




25 de diciembre de 2018

Manganeso



Cosas que me gustan un montón*:
-*mucho; que te cagas; mogollón-
comerme un coño.
Pasear por la playa. Solo. Da igual. Que no. Porque no. Sí, ya sé que te he comido el coño.
Mis auriculares. Son muy gordos. Creo que son, atómicos o
algo y
por eso me hago invisible.

Cosas que me tocan los huevos:
pasear por la playa. Solo.
Los gritos. Todos los gritos.
Que sólo me quede una bala en la recámara.

Cosas que me dan exactamente igual:
-¿Puedo llamar a un abogado? ¿Tengo derecho a una llamada, no?-
todo lo que no empiece por yo.

Creo que soy una mala persona. Aunque una vez salvé un puto gato
que se había atascado en la trituradora de basura.
Nunca le he pedido a nadie un cigarrillo.
Y todavía me gusta Tina Turner...




24 de diciembre de 2018

Cobre



...por tener una de esas caritas sonrientes
redondas, regordotas,
en mi móvil.
Un buenos días, capullo.
Una foto de tu puta cara
Una canción de mierda.

Detrás de la fábrica conservera había
chicos con VIH
esperando una oportunidad.

Ya nadie hace cosas importantes.

Tal vez muera precisamente hoy. O no. Por eso es tan emocionante.

Mientras, amo todos los sonidos de la casa.
El bffff del microondas; el chiusssfffff de la cisterna; la vecina de arriba arrastrando los muebles...

Ojalá fuera Bob Esponja.

O Forrest Gump.

Y siempre he querido aprender a tocar el saxofón.





20 de diciembre de 2018

Dubnio




Todo me queda grande:
los jerséis, el amor, los vasos de agua.

Pero no fue hasta el homo que la belleza tuvo un nombre.
Como todo lo que podía destruirse.
Las cajas de música, el nivel del mar, el corazón de una mecanógrafa...

Nunca tuve sus manos ahora que recuerdo
cómo se ocupaban siempre de otra cosa.

Llegará, inevitablemente, la era de las máquinas
y me entregaré a la hermética
de un modelo X-126 de fabricación japonesa
con senos de una perfecta simetría
y una lengua rosa
pálido.





19 de diciembre de 2018

Copernicio



Si yo te pufff y tú me ¡oh!
¡oh!
¡oh!
y yo te -puntos suspensivos- y tú
y tú vas por ahí tirándote del pelo y diciendo que estás loca por mí
si
todo esto, supongamos, es igual
a Pi elevado a fa mayor
y toda esa mierda, ya sabes, de ir montada en la barra de mi bici o
pasarnos el chicle de la boca a la boca...¿no somos yonkis?
Porque no quiero morir de sobredosis ¿sabes?
Quiero ser todo el tiempo yo. Contigo.

O sin ti. Aunque sea más triste.




16 de diciembre de 2018

Polonio




Me sentaba delante de aquella mesa que en realidad no era una mesa sino un tablón de madera parte de un ropero viejo pero que parecía una mesa y ordenaba como si fuera a hacerle una puesta a punto a mi corazón el tarro de los lápices de colores que en realidad no era un tarro sino una lata de tomate triturado; la goma de borrar que estaba muy rica y sabía a nata; alineaba el bloc de dibujo perpendicular a no me acuerdo qué; ponía a Police en una mierda de radiocasette marca yo qué sé pero en chino y me ponía a dibujar Unicornios o naves espaciales o tormentas con barquito y a lo lejos faro mientras le daba una calada de vez en cuando a una hierba que me pasaba el moro del piso de abajo. Yo y todos aquellos garabatos. Hoy he buscado de nuevo en internet “trastorno de...” Y estoy tan lejos. Tan lejos que no quiero volver.






14 de diciembre de 2018

Silicio



¿Sirve de algo que me digas que me vas a querer siempre?
No. te sirve a ti, que ya no estás. Que sólo eres una nota pegada al frigorífico.

Tampoco sirve ir a los mismos sitios. Ya no estamos allí.

Fue bonito amor, no te preocupes.

Ni guardar cosas. Sólo ocupan sitio.
Por eso hay que vaciar el corazón.
Para que quepa todo lo que está por venir.

Para vivir, hay que estar herido.
Cuando alguien me pregunta por esta cicatriz, siempre respondo lo mismo:
“Es mía”
me la hice con la espina de...

Una sirena.







13 de diciembre de 2018

Americio



Hoy he salvado una vida. Creo.

Resulta que normalmente todos los días al salir del trabajo voy un rato a casa siempre por el mismo camino hasta que siempre por el mismo camino regreso al turno de tarde. Pero hoy no. Hoy tenía que salvar una vida. Creo. Y tras una serie de sucesos extraordinarios: como que no me ha dado tiempo de ir a casa porque me estaban dando por el culo en el trabajo; como que en cuanto pude lo dejé todo como estaba a chuparla un rato y salí a caminar; como que vagué sin rumbo cagándome en mi puta calavera por calles en las que nunca antes había estado; como que me eché mano al bolsillo y no tenía tabaco y buscando un estanco, pasó.

El puto viejo iba montarse en el taxi cargado hasta las trancas y haciendo malabares con dos cajas de gambas de por lo menos tres kilos cada una. Y sin ver un carajo. Ni la puerta del taxi, vaya. Y yo que pasaba por allí voy y le digo, pero hombre abuelo que se va a usted a matar, si no puede ni andar, ¿dónde coño va con dos cajas de gambas? Y le abro la puerta y lo cojo del brazo y lo ayudo a entrar al taxi mientras me cuenta que qué pena llegar a esa edad. Y al siguiente segundo, el puto viejo se me vuelca encima como un árbol talado, como un saco de papas, con las dos cajas de gambas que no las soltaba ni muerto, todo el viejo al suelo con tanto tino que me arrastra al asfalto con él y con sus huesos de viejo y sus putos seis kilos de gambas me cae de canto y me hace polvo la rodilla. Justo se quedó con la nuca a tres centímetros del filo del bordillo de adoquines de la acera. No me moví, dejé que me siguiera triturando la rodilla hasta que a nuestro alrededor se arremolinó un montón de gente que no conocía de una mierda y alguien me lo quitó de encima y, antes de que me diera cuenta, ya estaba montado en el taxi camino de donde quiera que fuera con sus gambas.
Quiero imaginar que llegado a su destino con su cabeza medio ida de puto viejo le contaría a alguien que de pronto justo antes de que se desnucara contra el bordillo apareció un ángel. Que aunque no recordara mi cara, lo seguiría contando hasta el día que arrugara el labio para siempre, que pudo ser hoy. Quiero pensar que con quien sea que fuese disfrutó pelando gambas y haciendo esas cosas que hacen los viejos mientras pueden, todavía. Pero lo cierto es que no me dio ni las gracias. No importa. Hoy, he salvado una vida creo, y después he vuelto al trabajo a terminar el día.





11 de diciembre de 2018

Talio


¿El a qué?
Mi hoja de servicios tiene más manchas que el sudario de Cristo.
Más que la camisa de Torrente.
Más manchas, que hoja.

Así que nunca más voy a querer a nadie.
Ya está. Lo he dicho. A la mierda los refranes.

A no ser que yo le diga, no, no bailo.
Y me saque a bailar.
-que no bailo, joder-.
Y se me pegue al cuerpo hasta que oh, dios mío
-¿qué coño es esto?-,
me atraviese el pecho con sus...así: ras ras, de dos puñaladas
-¿qué parte no entiendes de no quiero bailar?-.
Que se le escuche el corazón haciendo
pum
pum
pum. Catachiquitiquitiquipumpumpum.
Sí, bueno, si tuviera, no sé, ojitos de te voy a comer y una cuchara en la mano.
O una recortada.
O un tanque.
O un submarino nuclear.

Aunque sólo pum-pum también me vale.







10 de diciembre de 2018

Rutenio



Señalé con un movimiento de barbilla la foto sobre el mueble de caoba del recibidor y le pregunté a X quién era aquel tío con corbata y bigote: “El que paga todo esto”, me dijo mirándome raro desde arriba hasta abajo y, con una entonación singular, que era un señor.
Habíamos ido a cenar aquella noche a casa de Mimí. Mimí no era de aquí. Había llegado como tantos otros en busca de una oportunidad cualquiera y vivía con su hermano en la casa que pagaba el señor de la foto. A cambio de algo, supongo, como todas las cosas de este mundo. Mimí era muy bonita. Así que yo no soy un señor, pensé, vaya vaya, mientras X terminaba de ponerse el abrigo, y me alegré de que estuviera nevando.
A los pocos meses Mimí y yo coincidimos en la misma sección de la fábrica y me contó que había conocido a un mozo de almacén del puerto, un chico guapo y amable que había llegado a la ciudad hacía poco desde otro punto del planeta más bonito pero menos agraciado. Y que estaban saliendo. Y que era muy feliz. Y que estaba embarazada. No hablamos para nada del señor. Seguro que seguiría sobre el mueble del recibidor. Le di un beso en la mejilla a Mimí y continué mi camino por el pasillo cuatro hasta la máquina expendedora de café.
Tampoco hablamos de X.





7 de diciembre de 2018

Sodio



En cambio una esfera es tan hermosa...
Y lo incierto tan dulce.
Seguramente inevitable.

A lo lejos los taxis y el bar de la esquina bostezando este martes.
La Rosa de los Vientos dibujada en los cristales del último autobús.
La tele del vecino anunciando piscinas hinchables, y el resto
sólo esta carne.
Fría.
De hoja de charco. De mosca quieta en la cortina.






5 de diciembre de 2018

Hidrógeno


Cuando llevas veintisiete días sin comer te comes lo que sea.
Una rata.
Tu pie.

Cuando te han roto todos los huesos del cuerpo una y otra vez crees en lo que sea.
En dios.
En Atlantes.
En el régimen.

A no ser que seas todo aquello que dijiste que eres.


Tú sabrás

.

3 de diciembre de 2018

Uranio



Me digo, olvídate, tío. Lo de tío es porque tengo confianza conmigo. Aunque a veces me porto mal. Me acuesto con los mismos calcetines que he usado todo el día. Porque si me los cambio me entra frío. Y entonces, me acuerdo. Olvídate, me digo. Mándala a tomar por culo. “Vete a tomar por culo”. Pero no se va. Abro la nevera y veo el yogur de coco y lo que hacíamos con el yogur de coco y me acuerdo. No sé por qué coño compro todavía yogur de coco. He salido con chicas, y eso. Pero ninguna me daba puñetazos cuando las mordía. Alguna me llamó cabrón. Y eso que ni les salió sangre. Olvídate. Olvídate, tío. Y cierro los ojos y me acuerdo de su puta mad... y de los muertos de su pad.. Y del día en que la conocí. Allí, tan ancha como una avenida y yo sin munición en la boca: “Ho-la”. Tenía que llover, estaba claro, para que se metiera debajo del paraguas y ya que estaba, joderme la vida.




2 de diciembre de 2018

Cobalto



Dirás, “no, no lo eres”
pero sí: soy un árbol.
¿Y quién le pediría algo a un árbol?
Un árbol da sombra porque quiere.
Da frutos porque es un árbol. Tiene hojas, y toda esa mierda.
Y si le hablas-que ocurre-no esperas nunca una respuesta.
Está ahí. Puedes recostar tu espalda en su tronco. Y ser feliz sólo por eso.
Pero tarde o temprano dirás “a ti lo que te pasa es que...”
Y no. Lo que me pasa es que soy un árbol.

Te enredarás como los auriculares dentro del bolso
si no miras dónde pisas.