23 de febrero de 2019

Circonio



Volví a verla cuando regresé de Bostón. Fue la última vez. Todavía me duele:

“-¿A que es bonita? Papá me ayudó. Me mudaré en dos meses”.

Era los ojos de Papá. ¿Cómo no iba a ayudarla? Seguramente habría pagado la mayor parte del apartamento. Nunca tuve nada contra Walter. Era un buen hombre. Hacía lo que se supone que había que hacer.

“-Aquí pondré una mesa con una lamparita encima para cuando...”

Mientras hablaba le cogí las tetas por detrás. Tenía las tetas como flotadores con cabeza de patito:

“-No vamos a follar. Estoy prometida. ¿Te acuerdas?”.

Y me enseñaba un dedo envuelto en un puto anillo de diamantes. Joder, yo no había visto un diamante en mi vida. En las pelis de James Bond, a lo mejor. Pero ese tío nunca iría a buscarla en un coche robado a toda hostia al quinto coño sólo para decirle que me iba a volver loco si no volvía a casa. Bueno, era una casa. Tenía sillas y cubiertos y papel en el váter. Ni treparía por una tubería cinco pisos para decirle por la ventana que todo iba a ir bien, te lo prometo, he dejado el grupo, he vendido la guitarra...¿qué más quieres?

Quería un perro cuidando el jardín. Y niños. Muchos niños. Y un coche familiar, claro, en vez de una moto vieja que se caía a pedazos. Su madre odiaba verla llegar montada en esa moto:

“-¿Cuando te vas a cansar de hacer la cría?”.

Porque según Arled yo era un antojo. Como esos pastelitos que ves por la vitrina cuando pasas por delante de una pastelería. Pobre Walter. Arled solía gritarle delante de todos. Un día Walter casi me confesó que alguna vez había tenido ganas de...No dije nada. Walter nunca lo hubiera entendido.

Mientras me enseñaba la cocina Selene me soltó que estaba embarazada.

Supongo que lo estaba disfrutando. Yo estaba allí, sin saber cómo ponerme, qué decir, preguntándome para qué coño me había invitado a cenar, si alguna vez me había querido y toda esa mierda, y sobre todo, qué coño había pasado y si era posible que la mujer por la que la había cagado tantas veces se hubiera convertido en, aquello. Se quedó mirándome como a una bolsa de basura y dijo, con todas las letras, quiero que te mueras.

Pero Walter me caía bien. Decía que mi moto tenía, personalidad.






19 de febrero de 2019

Renio


-¿Morena cómo? ¿Como el azabache? ¿Como una noche oscura? ¿Como el infierno? ¿Cómo de morena?

-La palma de la mano no es Istagram ¿sabes chaval?

-Pues en el cartel dice que adivina el futuro.

-¿Y además, qué clase de persona eres? Lo mismo no...

-¿Qué clase de persona? De las que juegan al fútbol con el cigarro en la boca. Un desastre. De los que tiene que tocar fondo, ya me entiende...me gusta no entender la letra de las canciones.

-Mira chaval, yo antes era fontanero. Pero con esto de la crisis...y aquí me tienes. Con un turbante en la cabeza. Echándole cojones. Si quieres te devuelvo el dinero.

-¿Morena y mala? ¿Cómo de mala?




15 de febrero de 2019

Cloro



Como aquella polilla, que se iba a partir la cabeza contra aquel cristal intentando escapar de aquella habitación y alcanzar las copas de los árboles del parque de enfrente o quién sabe. Así eras tú, Stephanie: idiota. Le diste a Dorian los mejores años de tu vida, las mejores sonrisas, todos aquellos besos, los espaguetis y las sopas de pescado, todo en la cama, para ti, Dorian, mis noches sin dormir esperando a que llegaras, tus zapatillas en el mismo sitio, esperándote también. Una estúpida polilla. Mírate Stephanie. No eres nada. Esto es lo que el amor hizo contigo. Y tú lo dejaste. Mira la cicatriz de la rodilla y el diente que te falta. Mira el miedo en tus ojos. Todavía. Los platos rotos por el suelo y el papel de la pared y las manchas. Las manchas de ti, Stephanie. Y toda aquella ropa sucia en su boca. Y ahora estás sentada aquí, querida, a los pies de esta cama de habitación barata en un hotel...¿cómo se llama? Oh, sí: el fin del mundo. Mirándote al espejo del armario como si nunca te hubieras visto antes. Tal vez nunca te habías visto antes...





6 de febrero de 2019

Berilio


Como tenía las pestañas del largo de pestañas de jirafa mucho antes
de que fuera a besarte
ya te hacía con algo cosquillas en las gafas.
Después su bicho como un depredador invertebrado buscaba a lo hondo tu bicho,  lo invocaba, con un canto de espuma de sal
hasta que el hambre de morderle los pellejos te encontraba.
Como ir al circo, así  era :
"Sobre una pata. Hazte el muerto. Ladra. Ve por el palito ".
Porque eran besos de triciclo.
De meter la cabeza en el león.
Besos Te y besos A y besos mo.
Y en mitad de la pista, un vaso de agua al que había que lanzarse
como se hinca en el mar un alcatraz.


5 de febrero de 2019

Calcio



La piel de las naranjajas o tú di de do dú y aquel follaje
sobre los muebles de oficina
o incluso a veces, alguien se hacía luz o gritaba mi color favorito es libertad.

¿De qué hablarán los pájaros?

...y lo sé porque sufro esta cáscara.
Cada segundo es una bala y sin embargo
el norte no me haya.

Esta vinagre que me roe la boca.
Esta espiral al cuello como una bufanda.

Y otra vez me comí un gato. Vivo. Y yo qué sé: ¿a gato?





30 de enero de 2019

Roentgenio


Una vez me lo monté con un travesti.
Yo estaba muy borracho y él era muy guapo.
Le decía, ¿por qué
no descruzas las piernas?  y contestaba
"¿Para qué, cariño?".

O vi morir a Rafael. Se llamaba Rafael y buscando en los cubos de basura
las cucarachas le habían anidado en la herida del tobillo.
Lo aparcaron en la cuatro cero siete.
"No tengo a nadie", decía, y me pedía un cigarro.

Tuve una cáscara de nuez que navegaba
con las velas infladas de viento
por los charcos pintados con la luz de los semáforos.

Alguna vez dije te amo, pero no recuerdo a quién. Y le debo la vida a tanta gente...

Y ahora estoy aquí, contigo, viejo como el mundo y
diciendo tonterías como

"-Te e.
-Io a t +.
-Icono corazón.
-Icono corazón+ símbolo infinito.
-Torpedo uno.
-Tengo hambre.
-Co-m-m. Empieza por aquí."


Al fin y al cabo, cada uno se destroza la vida como puede. 











25 de enero de 2019

Prometio



Todos mis leucocitos estarán a tus órdenes como un ejercito de soldados
de plástico, pero
si me haces daño
te partiré las piernas con un hacha.
Cargaré sobre tus hombros la responsabilidad
de soportar mi peso atómico. Como una cruz. Como un saco de patatas. Oh, tú, mi Atlas, y toda esa mierda, ya sabes.

Es que no quiero un bolero contigo.

Quiero que me aplastes la cabeza con un yunque marca ACME.
Que me cortes las uñas de los pies.
Que me...¿yo?: te partiré el corazón.
Pero dejaré que te limpies el culo con todos mis poemas.
Claro, claro que tendremos hijos, pero nos los comeremos.
Y un jardín con marihuana y un árbol del ahorcado.
Meteremos todas las promesas en una batidora y con eso
haremos una salsa para los macarrones y todas las monedas que lancemos al aire nos caerán de canto.


Las oportunidades caerán del cielo como lluvia. Sólo tendremos que atraparlas.

Invitaremos a pizza a los chicos del depósito de cadáveres.
Tendremos una vaca. No sé. Pero una vaca es siempre útil.
Y que digas mi nombre. Que me digas mi nombre al oído. Bajito. Más bajito. Así. Como si significara algo.






17 de enero de 2019

Lantano



Es domingo, estoy todavía en la cama y acaba de sonar el timbre.
Sigo durmiendo.
Otra vez. Joder. Coño.
Ding y dong.
No puede ser...
Me levanto, me pongo bien las tetas y me hago una cola de caballo en el pelo mientras busco la otra zapatilla. Pregunto quién es. No contestan. Miro por el agujerito. Nada. Sólo la pared. La pared de siempre. Me meto otra vez en la cama. Es domingo.
Ding.
Dong.
Me cago en me cago en me cago. Doy un salto muy felino que hasta yo flipo porque mola un montón y en cuatro pasos ya estoy otra vez delante de la puerta, que abro sin mirar ni hostias porque estoy deseando decirle a sea quien sea que pero a ti qué te pasa ¿Em? Pero no me da tiempo.

-¿Cristina tal y tal?

-¿Cómo?

-Tienes que venir conmigo.

Y antes de que pueda siquiera pensar, joder, Cristina, vaya sueño más chungo estás teniendo, o mandarlo a la mierda o preguntar si es tonto, que son las ocho de la mañana, que es domingo, que ayer me acosté tarde porque estuve con Vicky, si, joder, esa Vicky, qué quieres que te diga, me gusta, me gusta que se me caen las bragas, y me hace cosas que nunca me ha hecho nadie, antes de que pueda darle con la puerta en la cara y enredarme otra vez a la manta y soñar con los besos pequeños de Vicky, toda la fila de edificios de enfrente explota de repente y a través de la ventana, como si la ventana fuera una tele y fueran las cinco de la tarde y estuviera viendo una de esas pelis malas que dan los domingos a las cinco de la tarde, veo cómo se derrumban uno tras otro envueltos en llamas con la gente dentro y pienso en Vicky y miro al tipo con los ojos abiertos como platos soperos y las lágrimas a punto de caramelo y el tipo me coge de la mano y me saca de casa en pijama y descalza y todavía con lagañas y corremos por todo el pasillo y bajamos los peldaños de dos en dos hasta la calle y en la calle seguimos corriendo hasta el punto de extracción, no sé, lo ha dicho él, yo ni siquiera sé qué coño es un punto de extracción, yo estaba dormida, porque es domingo, joder, y ahora estoy subiendo a un helicóptero y toda la ciudad se viene abajo mientras tomamos altura y me acuerdo de que no le he puesto comida al pez e intento averiguar de algún modo por qué estoy aquí y a dónde vamos ¿dónde vamos?, y como nadie me dice una mierda intento escaparme pero está muy alto y a mí las alturas me dan mareo y entonces me doy cuenta de que de verdad está muy alto y me da un mareo y antes de que casi vaya a desmayarme el tipo me dice que ya hemos llegado, que no tenga miedo, que todo está controlado y yo pienso, cabrón, pero qué coño dices, si eso es un cohete, una nave espacial, como se llame, con, todas esas lucecitas y esa gente con trajes raros para aquí y para allá, y tengo frío joder y estoy en pijama y...y mientras intento no vomitar veo la ciudad hacerse cada vez más y más pequeña hasta que puedo ver la tierra toda redonda y azul resquebrajarse como una nuez debajo de un zapato y abrirse así por la mitad y reventar en mil millones de millones de pedazos que a los pocos minutos parecen confeti en mitad del espacio y...Joder, ni siquiera he desayunado.





15 de enero de 2019

Bromo


Hay quien divide sus días en solos de trompeta
sus horas en minutos, sus minutos en relojes de arena, cada segundo en un suspiro.

Y después está Alicia
que no se ha puesto un calcetín igual a otro
en su puta vida
y en el pelo, en vez de horquillas, lleva las simientes de la ultima hojarasca.

Alicia se levanta a medianoche
-yo la he visto-
a abrir todas las jaulas de este mundo.
Otras no puedo entrar al váter
porque ha metido en la bañera un cocodrilo.
O
-dios mío-
se me encima de un salto a la cara
y me muerde la nariz hasta que lloro lágrimas cuadradas.







14 de enero de 2019

Flerovio



Entonces, si todas las nociones que tengo sobre cómo convivir con los demás se basan en conceptos que el ser humano ha ido inventando a lo largo del tiempo, en conceptos que han sido además manipulados por el mismo ser humano que los creó en su propio beneficio, conceptos tales como la ley, o el decoro, o toda esa serie de protocolos donde sonreímos como si fueran a sacarnos una foto o nos inclinamos ante un rey o nos quitamos el sombrero ante una dama, conceptos concebidos bajo la premisa de hacer que aquello que llamamos mundo civilizado, funcione, entonces, ¿qué pasaría? ¿Qué pasaría si uno no está de acuerdo? Antes del ser humano los lirios y las truchas, las estrellas del cielo o las tormentas o las grandes montañas nevadas no sabían del significado de una sola palabra. Ni qué era una palabra. Sólo eran montañas, peces, el viento era el viento, supongo. Y funcionaba. ¿Cuál patria es la mía que no sea el mundo entero? ¿Qué único amor? ¿Así? ¿Para una sola persona? ¿Por qué tiene que gustarme un Van Gogh? ¿Wagner? El bien común es algo horrible. Cohíbe toda forma de pensar que se salga del cuadrito donde te dicen que firmes si quieres abrir un grifo y tener agua caliente. Entonces, si un día ves un bug mientras esperas que el semáforo se ponga en verde y descubres que el señor que hay a tu lado es de cartón piedra y que todo lo que ves es una maquinaria perfectamente engrasada que hace tic tac con la precisión de una puñalada trapera, entonces, si tu tercer ojo ya nunca se cierra y vas por ahí todo el tiempo viéndole las tripas a todo este escenario, los huesos, el hardware, ¿entonces, no es de verdad el llanto de los niños? ¿El hambre de seis días? ¿Lo que sentí por...? El corazón me latía tan deprisa cuando estaba cerca que si estaba lejos se me paraba...¿Qué es importante? Justo aquí es cuando toda esa pirámide de conceptos empieza a tambalearse.





11 de enero de 2019

Nihonio


Me gustaría besar a chica Tanque.
Me diría, hola, eres muy...

Bajito.

Y yo le diría hola y ella mirando hacia abajo me diría bueno y ahora qué y yo le diría ahora qué de qué.

Y entonces la besaría.

Ya podemos hacer cualquier cosa, le diría.

Y antes también me diría ella y yo le diría
claro, chica Tanque
pero antes
no llegabas a rascarte la espalda.

Si que llegaba.

No llegabas.

Y entonces tendría que besarla, otra vez.

¿ Para que me calle? Me diría ella.

Y yo
no diría nada.

Y ella me diría ¿por qué no dices nada?
Me diria, ¿Eh?
Me diría, dime.
Di-me-al-go.

Separando las sílabas como si fueran puñaladas.


Y cuando estuviera a punto de hervir...






Actinio



Doña susurros y señor Qué van al mar cogidos del dedo meñique.
Hay un caballo muerto a la deriva, a lo lejos, flotando en el océano.
Lleva días así. Mecido por el viento.
En la orilla un grupo de jóvenes zanahorias juega a la pelota con la cabeza de Jeremy Irons. Todo es perfecto y hace sol y la casa, por supuesto
arderá durante siglos mientras ellos
esquivan mierda de perro por la acera del paseo marítimo
hacia el minuto siguiente de sus vidas.





8 de enero de 2019

Argón



El flujo sanguíneo de las ranas. El suave murmullo de las pinacotecas.

0577949577844590956774. Aunque no estoy seguro.

Te amo. Te amo. Te amo.

El rey del pop era negro.
El rey de Wakanda era negro.
Jesucristo era negro.

El negro es un color.

Si de verdad puedes
es cuando te dicen que no puedes cuando puedes más que nunca.

No se cuelga así
sin avisar
la toalla de la luna menguante.

El corazón de una ballena; la rueda del último automóvil que fabricó la Studebaker
la furia de un Armagedón; un coro de bisagras cantando tu canción
-Oh Sally
Oh Sally-;
los muebles de caoba; la habitación 312; la estúpida sonrisa de los caballos de tío vivo.

eT aom. Moa te. Aom T.

¿Sabes qué había al final del arcoíris?




6 de enero de 2019

Plomo



...y entonces me acordé, así, de pronto
-mientras dibujaba tu nombre con pis en la nieve-
de que siempre le dabas 127 vueltas al azúcar del café...

Claro que me acuerdo.

De cómo mirabas al techo preguntándole a Dios
¿dónde? algo como yo iba a encontrar alguien como ella
tú que todo lo ves guión arqueo de ceja postura de jarrón boca pequeña punto ¿eh?, dime, dime.

En ningún sitio. Un puto milagro. Ya te digo.

Mientras tanto en Omaha una chica en desintoxicación tejía calcetines de lino.