17 de enero de 2019

Lantano



Es domingo, estoy todavía en la cama y acaba de sonar el timbre.
Sigo durmiendo.
Otra vez. Joder. Coño.
Ding y dong.
No puede ser...
Me levanto, me pongo bien las tetas y me hago una cola de caballo en el pelo mientras busco la otra zapatilla. Pregunto quién es. No contestan. Miro por el agujerito. Nada. Sólo la pared. La pared de siempre. Me meto otra vez en la cama. Es domingo.
Ding.
Dong.
Me cago en me cago en me cago. Doy un salto muy felino que hasta yo flipo porque mola un montón y en cuatro pasos ya estoy otra vez delante de la puerta, que abro sin mirar ni hostias porque estoy deseando decirle a sea quien sea que pero a ti qué te pasa ¿Em? Pero no me da tiempo.

-¿Cristina tal y tal?

-¿Cómo?

-Tienes que venir conmigo.

Y antes de que pueda siquiera pensar, joder, Cristina, vaya sueño más chungo estás teniendo, o mandarlo a la mierda o preguntar si es tonto, que son las ocho de la mañana, que es domingo, que ayer me acosté tarde porque estuve con Vicky, si, joder, esa Vicky, qué quieres que te diga, me gusta, me gusta que se me caen las bragas, y me hace cosas que nunca me ha hecho nadie, antes de que pueda darle con la puerta en la cara y enredarme otra vez a la manta y soñar con los besos pequeños de Vicky, toda la fila de edificios de enfrente explota de repente y a través de la ventana, como si la ventana fuera una tele y fueran las cinco de la tarde y estuviera viendo una de esas pelis malas que dan los domingos a las cinco de la tarde, veo cómo se derrumban uno tras otro envueltos en llamas con la gente dentro y pienso en Vicky y miro al tipo con los ojos abiertos como platos soperos y las lágrimas a punto de caramelo y el tipo me coge de la mano y me saca de casa en pijama y descalza y todavía con lagañas y corremos por todo el pasillo y bajamos los peldaños de dos en dos hasta la calle y en la calle seguimos corriendo hasta el punto de extracción, no sé, lo ha dicho él, yo ni siquiera sé qué coño es un punto de extracción, yo estaba dormida, porque es domingo, joder, y ahora estoy subiendo a un helicóptero y toda la ciudad se viene abajo mientras tomamos altura y me acuerdo de que no le he puesto comida al pez e intento averiguar de algún modo por qué estoy aquí y a dónde vamos ¿dónde vamos?, y como nadie me dice una mierda intento escaparme pero está muy alto y a mí las alturas me dan mareo y entonces me doy cuenta de que de verdad está muy alto y me da un mareo y antes de que casi vaya a desmayarme el tipo me dice que ya hemos llegado, que no tenga miedo, que todo está controlado y yo pienso, cabrón, pero qué coño dices, si eso es un cohete, una nave espacial, como se llame, con, todas esas lucecitas y esa gente con trajes raros para aquí y para allá, y tengo frío joder y estoy en pijama y...y mientras intento no vomitar veo la ciudad hacerse cada vez más y más pequeña hasta que puedo ver la tierra toda redonda y azul resquebrajarse como una nuez debajo de un zapato y abrirse así por la mitad y reventar en mil millones de millones de pedazos que a los pocos minutos parecen confeti en mitad del espacio y...Joder, ni siquiera he desayunado.





No hay comentarios:

Publicar un comentario