25 de mayo de 2019

...flotando en los charcos de la pista de basket



Que pudiera tejerme una bufanda con tus ondas cerebrales
un suéter con tu ritmo cardíaco
o hacer espaguetis con tu larga melena color porque sí.
Cosas como esa o que fueras un dolmen en mitad de aquel aparcamiento en Little Boston.
El señor Harrigan aún pregunta por ti: “¿Y cómo está Ketty?”
Muerta señor Harrigan. Pero nunca se lo digo.
O tal vez ya lo sabe y sólo lo hace
para seguir vendiéndome esa magnífica hamburguesa y, bueno
joder
nadie sabe de qué esta hecha esa mierda.





17 de mayo de 2019

Mientras tanto en Reikiavik...



Contigo la noria ya no es
un sitio desde donde tirarse. Contigo las gallinas, los submarinos nucleares.
Contigo la cebolla y el pan y las perdices; la cabeza del tigre, el pez globo.
Óvolo mío. Dulce de leche. Monstruo marino. Animal de flúor. Etc.
Contigo los adverbios y el papel celofán. La Santa Trinidad. La agricultura.
Los delfines contigo y una constelación en las pupilas, de peces.
Contigo que me rascas la espalda, que me bebes las sienes
que me doblas en dos y luego en cuatro y las veces que haga falta hasta que quepo en un bolsillo.
Contigo los jaja y los huy huy y los para para para, que me ahogo.
Los modales exquisitos de una mantis a la mesa o
que seas al alba más puta que la carne de membrillo. Hambre toda todavía.
Contigo la sombra. Contigo el agua.
El vapor de las sábanas; los mirlos blancos; la hierba, la hierba.
Contigo más alto, contigo más fuerte, contigo, mi ejercito, cada fin del mundo.
Contigo el asfalto y los kilómetros. Nadie ha perdido la mano por sacarla por la ventanilla. No quiero saberlo.
Contigo veintisiete veces siete. La sal y la pimienta. Tal vez el ocaso.






12 de mayo de 2019

Not over yet



No, sonidos no, eso es otra cosa: ruiditos. Casi todo lo que queremos tiene un nombre ridículo. Y además es domingo.
El flu flu flu de la cafetera. Ya voy. El pssssssss del azúcar disolviéndose en el agua; el clinck clink clinck de la cuchara; el mmmm qué rico joder mmmm joder y el primer café de la mañana. “Yo quierooooooo”. Eso. Al otro lado de las escaleras. En algún lugar entre las sábanas. Al rato el brrrrrrrrrrr de una batidora o el plusch plusch de la lavadora y su programa corto o el pi pi pi del microondas como un solo de trompeta anunciando el fin de un minuto treinta a ochocientos por lo menos grados o yo qué sé ya. Lo tengo de tono de llamada. No, no es broma. Y yo qué sé. A veces los adultos hacemos tonterías. Menos mal.
Si prestas atención puedes oírle el corazón. Ahí debajo. Debajo de toda esa...lo que sea. Que levante la mano quien no tenga un Ella. Haciendo pum pum cataplum chin pum me cago en to lo que se menea o algo así, que es lo que dice cuando le salen esas ramas y esas raíces largas que se adentran hasta el fondo de la tierra y esa corteza que la cubre y esos nidos que la anidan de pájaros extraños y esas hiedras y esas...que la manga de una camisa tiene un agujero con forma de plancha, vamos. Su camisa favorita. Tenía flores. Y ahora sólo tiene cenizas y cuervos y el cielo muy negro.
Cosas que cualquier niño sabría. Que la cisterna hace Pushhhhhhhhh o qué y luego clonck y después pssssssssssss y más después, nada. El más absoluto silencio. Como si se hubiera muerto. Que la olla a presión es como un tren llegando a la estación psss-psss, pssss-pssss, fiuuuuuuu, fiuuuuuuuu, viajeros al...Que al señor de la tele no lo escucha nadie. Pero está ahí. Que los abejorros hacen Bbbbbbbbbbbb y son muy gordos y muy grandes o como submarinos voladores y si te pican es porque eres tonto y ya estás tardando. Son cosas sencillas de entender. Si escuchas “Te quiero” y de pronto te está mirando como si no te hubiera visto nunca, con es cara rara de cojones, ya sabes, esas que que ponen en las películas-esas películas-, pues es que te quiere y todo eso. Aunque puedes preguntarle por qué. Si es que lo sabe.








11 de mayo de 2019

USB



Un día nevará sobre tus hombros, tal vez.
Escucharás al pájaro invisible. Lo buscarás entre las ramas. Al pájaro invisible, tal vez.
Un día las grietas y la escarcha. Los dedos torpes. Los dónde puse ...mis gafas.
El magro de la carne; la pastilla de las tres; el agradable recuerdo de la sal.
Un día las cosas sin un nombre, perdidas, solas, rodando en tu cabeza como una canica de aquí, para allá.
Con un poco de suerte. Si antes no te arrolla un autobús
o te caes
escaleras abajo mientras vas mirando el móvil “Tiene, un mensaje nuevo”.

Y ya no estarás. Nunca más. Un nunca de verdad. Un nunca de verdad.

Por eso me gusta tocarte las tetas. Cuando pase un globo flotando por el cielo me acordaré de ti.
O te hago espinacas con garbanzos. Porque pones esa cara.
O esa otra de que has encontrado una colilla en el lavabo.
O cualquier cara que pueda recordar si ya no estás.
Por eso las cosquillas y las flores que corto de las verjas cuando voy a por el pan.

Porque aunque para ti la tierra te sea leve, yo, me quedo aquí.

O tal vez sea al revés, y tengas que acordarte de, tal vez, mi pelo entre tus manos.






7 de mayo de 2019

Kambó



-¡Ya estamos aquí mamáaaaaaaa! ¿Qué hay de comerrrrrr?

-Oh sí: “Buenas tardes mamá, te queremos. ¿Te ayudamos a poner la mesa? ¿Quieres un besito? ¿O mil cuatrocientos veintisiete?”. Suelas de bota y lagartijas. De jardín. Le he puesto un poco de vaho de ventana. Porque sé que os gusta. Aunque no os lo merecéis. Y a ver: ¿dónde están las notas?

-Este ha suspendido en...

-Chivato. Esta noche me voy a mear en tu cama.

-A callar. Los dos. A ver las notas. Mmmmm...¿un seis en tristeza?

-Es que ayer llovió.

-¿Y tú, qué?

-¿Yo, qué?

-Has suspendido hojas de té. Otra vez. ¿Qué pasa? ¿No te dijo la abuela cómo se cortaba en dos un caballo de un sólo tajo? ¿Entonces?

-Es que la profe la ha tomado conmigo.

-Ya.

-Pues yo tengo hambre.

-Cuando venga tu padre de untar de mantequillas las nubes del cuadro...Verás...Acuérdate de la última vez. Pasaste tres siglos metido en una caja de cerillas.

-Seeeee...me perdí toda la revolución francesa...qué asco.

-Mamá...

-¿Quéeeee? Ya lo sé, tienes hambre.

-No, mira...Viene el viento.

-Corred a esconderos debajo de la cama.

-¿Puedo llevarme a Bucky?

-Nada de rinocerontes, que hacen pelusa. Y no salid hasta que la ola número cien derrumbe el faro. ¿Dónde estará vuestro padre? Y ni se ha llevado un suéter ni un paraguas ni un nada. Así, ¡hala!, me voy corriendo que llego tarde a la oficina. El último fin del mundo lo sorprendió en pijama. Es que tiene unos huevos...Lo llamo. Vale. Tal tal tal....¿Manolo? ¿Por dónde andas? Ahhhh...¿Y te puedes traer pan?...pues si el mar ha subido treinta metros tiras por la calle de al lado, joder, que tampoco te cuesta.

-Has dicho una palabrota.

-¿Ves? Mira lo que has conseguido. Vaya un ejemplo para los gemelos. Para una cosa que te pido...¿cómo? No no no, La isla de Java no era otro capricho mío, perdona...bueno mira, déjalo, cojo el submarino del garaje y...¿que no qué, que tu ya, que que qué? No te escucho...huy, se corta.
A tomar por culo.

-Has dicho dos palabrotas.

-¿Tú eres el que ha aprobado matemáticas, no?






3 de mayo de 2019

Europio



La casa había sido construida de tal forma que no hubiera nunca nada más grande en la boca de la gente de Aruña que el nombre de Don Julián de Iribar Calzadas por los años de los años, y sólo en las ocho columnas que sostenían el friso de los soportales de la magnífica fachada estilo aquí vive un señor casi marqués se habían comido de la tierra con los dientes las palas de los picapedreros de la cantera vieja, por lo menos, una parte del planeta mientras el dueño de aquella enorme construcción forjaba su fortuna en las Américas vendiendo a destajo sales y pimientas y caballos portugueses o el alma a veces si hacía falta y alguien pagaba suficiente. La veta se secó. Y Don Julián murió de una mala digestión después del baño de las diez un trece de septiembre a los cincuenta y cinco mal cumplidos en una suite de seis habitaciones con cocina y cuatro baños en la planta diecisiete de un hotel del Yucatán, podrido de dinero y de un número impar de matrimonios que habían acabado en la basura uno tras otro sin que ninguno le hubiera dado en fruto un heredero a la altura de su soberbio apellido. Pero la casa sigue en pie. Justo a la salida del pueblo. Aunque ya nadie recuerda qué hace allí. Vacía. Criando malas hierbas y polvo y lagartijas por los bordes del jardín con madreselvas y palmeras datileras donde van a parir las gatas del pueblo camadas de hasta siete cachorros, entre grises y blancos.






1 de mayo de 2019

Boro



Un nudo con lazo en tu meñique con la cuerda de un violín de pestañas de avestruz previamente
horneado a 180º y al otro lado yo
con un alhelí blanco entre los dientes y la lista en una mano de los gases nobles.
Flotando como un globo. Un globo rojo.
Te llamaré archipiélago o santo cordero o
cabeza de gallo y tú dirás
¿y qué coño significa eso? y yo
todo anexo
diré que el amor no es una figura geométrica.
Que también es un gusano de manzana
o un fluido eléctrico o
la sinfónica de Boston tocando en el jardín
una de Jhon Willians.

¿Y ahora qué no entiendes?