30 de septiembre de 2019

Te lo dije



Si por casualidad
alguna vez
puedes parar el tiempo, ten cuidado, volverá
a por todo lo que es suyo.





29 de septiembre de 2019

Go



A veces las piedras sólo están en el camino para que tropieces con ellas.
Pero amo la luz. La luz nunca es la misma.

A lo mejor soy yo ese viento que levanta tu falda.
A lo mejor soy el reloj que se te para. El botón que te falta. Yo qué sé. Un día.
A lo mejor soy esa nube. El brebaje perfecto. La luz urgente.

¿Y un colibrí?





26 de septiembre de 2019

Purpurinas



Esta gente está muy loca: “Que me cagooooo”. Eso es como hola que tal cuando satélite entra por la puerta después del colegio. Escaleras arriba, mochila volando, portazo, y a lo mejor, un “no hay papeeeeeel”. La madre no esta mejor de la cabeza: “Sácame la luna del cajón de la mesita de las bragas, que me estorba”. Sí, bueno, casi siempre le cumplo mis promesas. Esa es mi meta en la vida. Porque me hace feliz. Y yo siempre he querido ser feliz. A veces le escribo poemas: “¿Cinco más cinco?”; pero nunca los termino. Es muy lista. O le preparo una cena romántica: “¿Un salchichón? ¿Y fanta de naranja?”. O le adelanto que esta noche a las doce y cuarto vamos a echar un polvo. Y a las doce y cuarto echamos un polvo. ¿Cómo lo haces?, me pregunta. Me sale solo. Sólo una vez me retrasé siete minutos. El tráfico y eso. Cuatro semáforos en rojo me pasé. Por ahí están las multas. En el éter. Yo qué sé. Como está tan loca esta gente a veces tengo que esconderme: “¿Otra vez fumando?”. Lo niego todo, claro: “¿Fumando yo?”. Y va y me dice, pues huele a tabaco. O a veces tengo que dormir con un ojo abierto. Pendiente de que no me clave un codo en el corazón o algo cuando se da la vuelta en la cama de esa manera. Como si estuviera sola vamos. Como si la cama fuera suya. Otras, la descubro mirándome la nuca cuando le doy la espalda. Es que te quiero, me dice. Para disimular, seguro. No digo yo que no me quiera, pero es que me da un frío...con la gente esta loca no te puedes fiar: “Ha sido sin querer”. Pero si tienes la cuchara en la mano. Y la boca manchada de nata. Y los ojos brillantes. Con la gente esta tan loca te lo puedes esperar todo: “A partir de mañana, nos ponemos a dieta”. ¿Cómo? Un momento, un momento...




25 de septiembre de 2019

LOL



-¿Hay alguien ahí?

No. Y si lo hubiera no podrías verlo porque tienes los ojos vendados. Te duelen las muñecas y los tobillos porque el alguien que no está ahí o tal vez sí te ha atado muy fuerte. Para que no te vayas. Para que no te vayas nunca.

-¿Oiga?

Ni siquiera hay eco.

-Por favor...¿dónde estoy?

En un sótano. Un sótano pequeño y húmedo. Oscuro. Como una tumba.

-Mis padres tienen mucho, bueno, tienen dinero, yo...¿oiga? Por favor tiene que...

¿Soltarte? Ahora eres suya. De nadie más en este mundo. Lleva observándote, mucho tiempo y ahora eres suya. Tienes que acostumbrarte. Ser dócil. Hacer todo lo que él te diga. Lo que sea que te diga.

-Yo no he hecho nada.

Por eso. Porque no has hecho nada. Eres lo más parecido a un ángel.

-Dios mío por favor sácame de aquí.

Está muy ocupado pequeña. Tiene cosas más importantes que hacer. En cambio el alguien al otro lado de la puerta cuidará de ti como si fueras de porcelana. Deberías sentirte afortunada. Que alguien te quiera así, de esa manera, sólo para él. No importa lo alto que grites. Dios no va a venir.






22 de septiembre de 2019

¿Este va a Pensilvania, no?



Toco el esófago en una banda de gorriones
encima de esa funeraria con un cartel que dice
tenemos que hablar, junto al kiosko donde los niños compran pura sangres.
Puedes llamarme Jimmy con dos emes o depende de cuánto
dinero lleves encima.
Nací sin párpados. ¿Qué esperabas? ¿Tu último tren?





21 de septiembre de 2019

Casi un kilo



Hasta compré un libro de autoayuda. Todo el mundo necesita ayuda alguna vez. Lo de ir al psiquiatra no me estaba funcionando. Tenía un reloj muy chulo. El psiquiatra. Ahora lo tengo yo. Hay cosas de las que no me siento orgulloso. Así que me dije, bueno, no vas a perder nada si lees una cosa de esas. Perdí cuatrocientas cincuenta pesetas y la poca fe que me quedaba en nada. Se titulaba algo así como tú puedes o diecisiete millones de maneras de alcanzar la felicidad. Pues no entendí ni una. Culpa mía, culpa mía. Yo ya sabía que había que levantarse después de caerse, joder, pregúntale al Mario, que todas las veces que me levanté me volvió a tumbar de una hostia como un pan. Que hay que vencer los miedos: Abril del 87. Carlos y yo con una recortada en el pescuezo. Los rusos con la vena de las sienes como cajas de huevas. Pensé en mi madre. En cuántas cosas no le había dicho. Me cagaba. Me cagaba encima. Pero no le dije a los rusos dónde estaba el dinero. O el día ese que María no sé qué se fue. Para siempre. Parecía una muñequita de cuerda con sus dos maletas a cuestas y su pelo debajo de un pañuelo, aquel día, no se me va a olvidar, estaba más guapa que nunca. Es lo único que me queda de ella. Yo no sé soltar lastre como si fuera un barco. Además, si me pusiera a olvidar cosas, me quedaría sin vida creo. Seguía leyendo y lo único que leía es tienes que hacer tienes que hacer. Cosas que nunca he hecho. Porque no me gustan. ¿Y entonces para qué coño compras un libro de autoayuda? me preguntaba, y la verdad, ni puta idea. Cuando uno está desesperado, hasta reza.
Dejé el libro en un banco del parque y me fui de aquel sitio mientras me fumaba un porro gordo. “A alguien le valdrá”, pensé, hay gente para todo.

De aquello ya hace tiempo. Y sigo vivo. Aunque aún necesito que me salven. Por eso te quiero, ya te lo he dicho, otras veces.





16 de septiembre de 2019

Encuentra las siete diferencias



Yo quiero ir a los confines del Espacio y tú al Ikea.
Que has visto un edredón que the winter is coming.

Yo quiero huevos fritos con patatas y tú una de esas cosas
que parece una escultura sobre un nido de brócoli-espera, espera-
li-o-fi-li-za-do-
cubierto de una salsa de niebla de Himalaya y firmado por Cezanne.

Tú eres el Mar y yo la playa.
Con su orillita, su sombrilla y su hamaca
su balón de Nivea. Su chiringuito y sus gambas.
Tú eres el Mar. Todo el mundo sabe que es el Mar. Hasta quien no lo ha visto nunca.

Si está nublado he sido yo.
Si se acaba el chocolate he sido yo.
Si se atasca el lavabo he sido yo. Aunque sea calvo.
Si un tren llega con media hora de retraso a
Vladivostok la culpa es mía.
Si amaneces sin bragas, he sido yo.
Tú nunca haces nada. No vas al frigorífico a las tres de la mañana. A comer chocolate.
No te quedas con los dos lados de la cama. Ni olvidas el paraguas. Ni nada.

Tú-tú-tú-tú y yo-yo-yo-yo. Como ametralladoras.
Tú-yo-tú-tú y tú-tú-yo-yo. Como en una licuadora.

Yo creo en los extraterrestres y tú en que la factura de la luz
es como un crimen de Agatha Cristie.
Yo digo mira, un haz de luz y tú dices que soy tonto.
Yo digo ¿no es maravilloso?
Y me miras por encima de las gafas. Como si fuera peligroso.

¿No ves el elefante dentro del sombrero?
Ya sé que un elefante no cabe dentro de un sombrero.
Es magia.
Ya sé que la magia no existe. Pero me da tanta tristeza pensar
que todo es un truco...




14 de septiembre de 2019

Uvas y queso



-¡Qué bien, mañana es el día especial de Super-Chachi-Guay! Ya estoy deseando que llegue mañana. ¿Tú lo celebras, no? Cuidado, que viene Rodríguez...

-Como todos los días.

-Venga ya. No es un día como todos los días, joder. Es el día de...

“Menos cháchara, señores, que vamos muy atrasados, coño ya. Marcial, a ver si dejamos las cositas de casa para casa”.
Rodríguez no es mala persona. En el fondo. Muy en el fondo.

-Sí sí sí, ya ya ya. Mañana es el día especial de S-C-G. Hoy no. Ni hace una semana. El día S-C-G es mañana.

-Hoy es jueves, cabrón. ¿Qué tiene de especial un jueves?

-¿Qué hiciste ayer, Marcial?

-Lo de todos los días, joder. Venir al trabajo a verle la puta cara a Rodríguez.

-¿Sabes qué hice yo ayer? Pregúntame.

-Vete a tomar por culo. Eres muy raro. Siempre lo he dicho. Hablar contigo es como hablar con un cactus. Vale, coño, vale...¿Qué hiciste ayer?

-Primero abrí un ojo. Así, poquito a poquito. Vi el techo. Está recién pintado de blanco y por eso está tan blanco. Luego, poquito a poquito abrí el otro. Me alegré de tener dos ojos. Y de que el techo estuviera tan blanco.

-¿De qué coño me hablas? Yo es que no te entiendo, Paco.

-Respiré. Qué rico. Pensé, bueno Paco, otro día más que estás vivo. Puse los pies en el suelo. Pensé, qué bien que haya suelo. Y que tenga piernas. Me encantan mis piernas, sobre todo para ir a sitios. Así que fui a la cocina y preparé café. A Marta le gusta sin azúcar. A veces me olvido y le pongo azúcar, y entonces me pregunta que qué pasa, que si ya se me ha olvidado que le gusta sin azúcar o que si ya no la quiero como antes o que qué qué. Marta recién despierta no es muy...pero se le pasa en cuanto le hago otro café y le digo que claro que no la quiero como antes, que la quiero más, que lo que pasa es que estaba pensando en otra cosa y, me pregunta que en qué cosa y le digo que hay una pareja de vencejos anidando en la ventana y dice, ah, ya, porque sabe que a mí con cualquier tontería se me va la cabeza a otro sitio.

-Yo lo que no sé es como Marta te aguanta. Cuidado, Rodriguez...

“¿Cómo vamos, Paco? El informe ese va a estar para esta tarde. ¿A que sí Paco?”

-Luego me puse unos calcetines muy calentitos que Marta me ha comprado para el invierno. De rayas. Cada una de un color. Me senté a los pies de la cama y me quedé mirando a Marta como miro las nubes o el vapor del grifo de la ducha. A los cinco segundos Marta siempre pregunta que qué miro. Y yo no le contesto ¿sabes? La beso en la mejilla. El caso es que no vuelve a preguntar.

“Señores, no lo veo, es que no lo veo. Mañana es fiesta. Y esto tiene que estar terminado para mañana. O alguno se queda sin fiesta”.

-¿Tú has ido al médico, Paco? Para lo tuyo digo.

-Terminé de vestirme, me lave la cara con un agua muy limpia y antes de irme le puse a Señor Carter comida en su cacharro. Viene enseguida moviendo el rabo y haciendo esas cosas de perros que te ponen perdido de babas. Justo cuando iba a cerrar la puerta de la calle volví al cuarto de baño y rebañe unos cuantos de pelos del lavabo. De Marta, claro, yo ya...Porque sé que los pájaros los usan para hacer sus nidos. Después le di al botón del ascensor y bajé a la calle y vi una señora cruzando un semáforo y un papel de periódico pegado al cristal de un coche rojo y un montón de niños que iban de excursión con la profe y una nube con forma de tetera y...

-Lo pillo Paco, lo pillo. Pero que mañana es el día especial de S-C-G y yo me voy a coger a la Soraya y nos vamos a ir de fiestón a comer gambas y luego a...

-...me monté en el coche y puse la radio y salió un señor diciendo que era miércoles y que iba a hacer Sol. De camino a la oficina paré a comprar una revista que estoy coleccionando, de un barco que se arma a trozos, y cuando llegué, Rodríguez seguía aquí, el hombre, con su cara de yo no sé qué y sus zapatos feos y pensé, que en el fondo, muy en el fondo, me alegraba de verle de nuevo. Me senté en mi escritorio y le di los buenos días a Manolita.

-Claro, porque esa plantita con tres hojas que tienes ahí se llama Manolita. Normal.

-Manolita nunca me contesta, porque es una planta, claro. Me puse con lo del préstamo de la señora tal y la verdad, la cosa pinta muy apretada, así que me levanté y busqué en el fondo, muy en el fondo de Rodríguez y le propuse, bueno, que si hacíamos esto y lo otro a la mujer a lo mejor no le quitaban el piso y...

-Y te dijo que una mierda, claro.

-...y me dijo que, a lo mejor, si yo corría con los riesgos, y que usted sabrá Paco; pero que no se entere ni Dios, que tengo una reputación. Así que llamé a la señora y nada más contárselo se puso a llorar, así que estuvimos un rato hablando de sus hijos y de un ex que tenía que mejor que no lo hubiese conocido nunca y de que no le daba tiempo a cocinar cuando llegaba a casa o de que a la abuela había que comprarle una cama de esas mecánicas y a ver de dónde. Pero que lloraba de alegría. Que sin techo, a dónde iban a ir. Que no sabía cómo agradecérmelo, me dijo, y yo le dije que si se acordaba de Rodríguez. Sí, ese, el mala cara. Pues que en el fondo...

-En media hora nos vamos, Paco. ¿Tú cómo vas con el informe? Joder, qué ganas de que llegue mañana...





9 de septiembre de 2019

Nunca sabremos que pasó con Ridley



Donde lo turbio
sin más corteza ni más hambre que de amor y de la carne del diablo y de la lengua de los pulpos
entraremos armados con enormes pistolas a uno de esos baños públicos
a vomitar todas las palabras que empiecen por h si tú quieres.
Robaremos un carrito de helados y el resto de los días
nos tiraremos por la borda de los grandes trasatlánticos
o simplemente
nos sentaremos en el porche a ver cómo se instalan las actualizaciones de Windows
mientras arden todas las gasolineras.
A lo oscuro, te pufff y tú dirás
que qué cosas más bonitas te digo al oído y mojarás
al calor de los electrodomésticos, todo el pan en la yema.






1 de septiembre de 2019

Valeria



La negra lo primero que hacía cuando llegaba a casa era meter los pies en el bidet y abrir el agua: “Hoy me he comido cuatro pollas, un tío se me ha desmayado encima y me han puesto una multa. Estoy que no valgo. Cómo cansa ser puta, muchacho”.
Porque siempre me llamaba muchacho. No tenía gato. Y creo que le gustaba ver que seguía vivo, después de lo del Makalondo. Si no me saca de allí me muelen los rusos a palos. Otra vez. La negra decía que iba a quedarme un día seco de un mal porrazo. Que si no me daba pena. Y que nadie tenía tanta suerte, que fue lo primero que me dijo camino de una casa que tenía alquilada justo al lado del parque zoológico. Era verdad, de noche, se escuchaban a lo lejos los leones.
Así que a veces pasaba allí la borrachera, en un sofá de flores grandes que no daba para estirar los pies, mientras la negra se quitaba las pestañas y una peluca que le había traído de Francia una paisana: “Hoy un señor me ha llamado bonita. Hasta tenía bigote y todo. Y yo le he dicho, abuelo, que tengo mis años, no sea bobo. ¿Y sabes qué me ha contestado? Que eran mis ojos. Que había algo en mis ojos. ¿Qué será? Que sólo por mirarme así un rato ya valía los 100 francos. Ni me ha tocado. Ya no hay hombres así. Antes sí. Pero ya no.”