12 de diciembre de 2019

Me bemol



El amor es un tonto. Cuando más alto estás,
te deja caer.
Y se ríe. Ja ja ja ja. Así, como si tuviera
mucha gracia.

Pero está tan rico...a mí me sabe a nueces.
A arándanos, a leche, a galletas de coco y gel de baño y
cacahuetes y
filo de mueble y a pilas de la radio.

Al principio está bien vivir sin cerebro, hacer
cosas que nunca hubieras
imaginado, como
ponerle su nombre a una estrella por cincuenta pavos
sonreír
todo el tiempo
como si tu tarifa plana fuera gratis, comer pez globo
yo qué sé
comprar una alfombrilla para
la puerta.

Y entonces el amor
va y te gasta una broma:
“Tenemos que hablar”.

¿Hablar de qué? ¿Me vas a dejar? Me vas a dejar. Lo sabía. Nunca me sale nada bien.

“¿Te cuerdas del jersey...? Pues ahora es un gato”.

Ufffffff.

Otras veces el amor está triste.
Pasan los días y no pasa
ningún día nada.

También se enfada.
Y no te habla.
Y si te habla peor.
No hay quien lo aguante.
Por eso me voy a por tabaco.
Pero siempre vuelvo.

Como las hojas secas en otoño.






5 de diciembre de 2019

El número Pi es una silla del Ikea



...no del color trigo las hebras de su pelo si no
como quien ve un amanecer
desde la estación espacial internacional o las tres de la tarde en el Mojave.
Los ojos de Babel
los ojos si te quedas mirando 10.000 años, de cerca son un bosque de secuoyas
atravesado solo por el rayo primero de este Sol
apenas
los ojos sin fondo de Babel.
La boca en su sitio, claudia y redonda como el ojo de un pez.
A punto siempre de, como la miel donde una mosca va a morir.

O sólo ese olor a donde ha estado.

Todo lo demás; farolas; electrodomésticos; pergaminos y cirros y animales exóticos
la yema de los huevos
las entradas de cine; las postales de sitios con volcanes; la leche con cacao, la cámara de los comunes
todo
me importa dos carajos.